LEONARDO SENKMAN Universidad Hebrea de Jerusalén
La reapertura de la inmigración europea de posguerra por el primer gobierno
peronista en 1946 puso fin a su interrupción drástica desde 1930, arrojando un
saldo neto de 463.456 personas ingresadas vía ultramar (2a. y 3a. clase) entre
1947 y 1951, las cifras más elevadas de los últimos treinta años. Esta
inmigración masiva muestra toda su magnitud - a pesar de que no logró el
objetivo declarado de incorporar 4 millones de extranjeros - cuando se la
compara con el saldo de apenas 33.655 pasajeros correspondiente a los
ingresados por todas las vías durante el quinquenio 1942-46{note id=1}.
Los estudios sociales sobre este proceso inmigratorio han privilegiado
especialmente los factores de atracción que ofrecía la próspera coyuntura
económica argentina de la inmediata posguerra, el análisis de las estructuras
demográfica y ocupacional de la oferta de mano de obra técnica y rural
europea para los proyectos de industrialización y de modernización agraria, así
como también se consideraron las vicisitudes de los convenios de inmigración
firmados con Italia y España y su incidencia en las relaciones bilaterales
internacionales de esos países con Argentina{note id=2}. Algunos trabajos históricos
recientes se centraron en demistificar las razones del ingreso de nazis y
colaboracionistas del Eje a la Argentina de posguerra, en tanto otras
investigaciones, por contraste, se ocuparon de las restricciones impuestas a la
inmigración judía{note id=3}.
El presente artículo se propone estudiar la política inmigratoria del primer
peronismo en el contexto de las preocupaciones no sólo demográficas y
económicas, sino tomando en cuenta básicamente ciertas ideas étnicas
presentes en el discurso inmigratorio tendiente a fundamentar el perfil
poblacional de la Nueva Argentina. En tal sentido, se efectuará una breve
incursión en el pensamiento étnico de algunos intelectuales y funcionarios
públicos, para luego analizar el grado de correlación que pudo haber existido
entre la política inmigratoria del peronismo y su selección étnica.
1. El pensamiento étnico del primer peronismo
La preocupación étnica durante el primer peronismo no es nueva en la
tradición poblacional e inmigratoria argentina, compartida tanto por la
generación de positivistas liberales como por los nacionalistas conservadores
durante los años 30{note id=4}. Sin embargo, fue en los años inmediatamente siguientes a
la Revolución de junio de 1943 que la preocupación por dotar a la población
del país de una homogeneidad nacional, amalgamada e integrada cultural y
étnicamente, trascendió la publicística y el ensayo para transformarse en uno
de los temas de la agenda de las políticas públicas del primer peronismo.
El entonces Coronel Perón no fue ajeno, durante 1944, al diseño de la nueva
política poblacional de la Revolución Nacional, en función de proyectos de
desarrollo económico industrialistas y rurales emanados desde el Consejo
Nacional de Posguerra. El primer Plan Quinquenal del presidente Perón
heredó de la Revolución de 1943 tanto una nueva valoración técnico
profesional del inmigrante deseable que se buscara reclutar en la Europa de la
posguerra, como una misma preferencia de índole étnico-religioso-ideológica
que favoreciera especialmente a inmigrantes latinos de fe católica para los
planes de industrialización del país. A partir de 1943, la nueva política
inmigratoria compartirá la misma interdicción que la conocida durante los
gobiernos conservadores-liberales de los presidentes Ortiz y Castillo: el rechazo
de la oferta de mano de obra de los refugiados europeos por motivos raciales e
ideológico-políticos. En tal sentido, la nueva política promovida por los
militares nacionalistas culminará con la creación del Consejo de Inmigración,
en septiembre de 1943, que instrumentará con celo la serie de restricciones
legales decretadas por los gobiernos constitucionales anteriores.
En los considerandos del decreto de creación del citado Consejo, se
establecía "que quien abandona el país de origen o de residencia anterior
inmediata, voluntariamente o constreñido por razones políticas, raciales,
sociales o de otra índole, sea o no él sin patria, no es ciertamente el `inmigrante'
a que se refieren nuestras leyes"{note id=5}. La única gran diferencia estriba en que,
mientras la previa interdicción del gobierno de Castillo se había establecido
para fiscalizar el ingreso de presuntos transmigrantes - eufemismo que
designaba a los refugiados europeos de los años anteriores y durante la guerra
mundial, "obligados a cruzar varios países distintos de aquél para el cual se
expatrian"{note id=6} -, las nuevas prevenciones étnico-religioso-ideológicas de la Ley
de Bases acerca de Inmigración y Colonización de octubre, 1946, discriminarán
a la enorme masa de refugiados y desplazados no latinos de la guerra, en
beneficio casi exclusivo de centenares de miles de inmigrantes italianos y
españoles{note id=7}.
La etnización de la política inmigratoria corre pareja con la preocupación de
la Revolución de 1943 por dar cohesión étnica a la población del país, que
registraba un agudo descenso en su crecimiento vegetativo, atribuido a un alto
índice de baja natalidad, por lo que se temía que, si se abrían las puertas a la
inmigración masiva de la posguerra, ello constituiría una grave amenaza para
la "raza argentina" nuclear. Desde el primer Congreso Argentino de
Población, realizado por iniciativa del Museo Social Argentino en 1940, se
advertía que el verdadero problema a encarar estaba vinculado a la
preservación del núcleo étnico nacional de la Argentina. Medidas prácticas de
lo que se denominó "defensa social" para neutralizar la desnutrición y la
vivienda antihigiénica popular en el Interior rural, así como "medidas de
eugenesia de nuestra población urbana", fueron propuestas al gobierno
nacional, "antes de que el aluvión inmigratorio de la posguerra complique aún
más la vida orgánica del país y arrase definitivamente con los restos de masa
nativa del interior que se debate en la más pavorosa incertidumbre", según la
advertencia de Manuel A. Zuloaga, uno de los autores preocupados por temas
étnicos{note id=8}.
Precisamente Zuloaga fue invitado a copresidir y exponer ante la Comisión
de Asuntos Raciales del Congreso. En la ponencia Hacia una Nueva
Argentina, explayó su convicción de que "la tradición racial y orgánica de
nuestro país pueda ser susceptible de modificarse con el progreso y la evolución
de nuestro pueblo, acrisolado en las corrientes inmigratorias (p. 245).
Interesado en desarrollar un concepto aborigen de argentinidad, Zuloaga
sostenía los fundamentos nacionales "del medio geográfico y social de origen
nativo", exhortando preservar "las virtudes heredadas y el acervo patrimonial"
de los argentinos para "que no se desnaturalicen dentro de una babilonia
cosmopolita mal administrada" (p. 245). Las dos primeras recomendaciones de
la Comisión, por lo tanto, reforzaron este repliegue interior de las élites
dirigentes: el interés por mejorar la condición de vida de la población
autóctona, en lo educacional y económico, y la selección inmigratoria de índole
étnica. Esto último se fundamentaba por el hecho de que dada "la formación
de nuestro pueblo en las corrientes inmigratorias de origen latino, conviene
seguir favoreciéndolas preferentemente" (p. 246).
No es casualidad que Zuloaga haya publicado en junio de 1943 su libro
Nuestra Raza y los problemas de posguerra en Argentina{note id=9}, en el que condensa
la preocupación en torno a la etnización de la población, a la luz de los
acontecimientos europeos. El capítulo XIV, "La Inmigración de la Posguerra,
ensaya un pronóstico pesimista del impacto de la reapertura inmigratoria
después de la guerra y el peligro "de la desintegración de la familia argentina".
Su preferencia por colonizadores agrícolas en lugar de técnicos calificados
"que desplazará al nativo de cualquier profesión", fortalecería el arraigo y la
estabilidad de "la familia argentina". Su propuesta de control de policía de
inmigración lo condujo a demandar el establecimiento de un Registro' de
Extranjeros, cuya cédula de extranjero fuera requisito para controlar la
inmigración clandestina, los elementos indeseables infiltrados y la asimilación
al medio geográfico y social del país (p. 316).
A pesar que no se expresaba abiertamente, las medidas de profilaxis que
Zuloaga proponía para defender a la población de la inmigración enferma -
física y psíquicamente - tenían una base de prejuicio étnico. En efecto, su
temor por las taras de los sobrevivientes de la guerra mundial se atribuía no
sólo a una inquietud por su salud mental sino que lo guiaban ocultos prejuicios
étnicos: la insistencia de Zuloaga en que el gobierno debería fomentar "la
inmigración más conveniente" escondía la recomendación especial de que sólo
los inmigrantes latinos fuesen aceptados a ingresar a la Nueva Argentina.
Pero quizá la recomendación que hizo Zuloaga al gobierno para colaborar
con el esfuerzo de reasentar desplazados de la posguerra sirva mejor para
disipar cualquier duda acerca de los prejuicios étnicos de la política
inmigratoria, antes y después de finalizada la guerra. En efecto, la exigencia de
latinidad y su demanda de discriminar a los refugiados adultos resultan muy
elocuentes:
"La República Argentina está en condiciones de contribuir a la
solución de los problemas etnográficos de la posguerra,
incorporando a nuestro suelo patrio, en hogares argentinos o de
extranjeros residentes, un millón de niños desamparados y en buen
estado físico, de origen latino europeo, fácilmente asimilables al
medio social; educarlos en nuestras escuelas y sentar las bases de
una nueva generación inmigratoria más propicia a nuestro destino,
que la que pueda llegar en estado adulto o de vejez... Así se
cumplirán las tradicionales costumbres de asilo y hospitalidad de
nuestro hogar patrio..." (p. 320, subrayado mío, L.S.)
He aquí, condensada, la concepción poblacional de la política inmigratoria:
étnicamente latina, eugenésicamente joven, y nacionalmente asimilable al
"destino" de la Nueva Argentina. No es de extrañar, entonces, que el gesto de
hospitalidad de ofrecer asilo cristiano a 1000 niños judíos huérfanos bajo el
gobierno de Castillo en noviembre de 1942 nunca logró ser implementado, ni
durante los años de la Revolución de 1943, y tampoco bajo el primer gobierno
peronista{note id=10}.
El primer peronismo intentó diseñar un discurso nacional en torno a la
Nueva Argentina tomando en cuenta el factor étnico de su población, pero
nunca llegó a adoptar la consistencia de una doctrina ni la coherencia de un
pensamiento racial. En realidad tampoco fue coherente ni consistente el
anterior pensamiento étnico que acompañó la formulación de la nacionalidad
argentina a partir de la Organización Nacional. Si el proyecto de construcción
de una nacionalidad para los proyectistas liberales del Estado-Nación
argentino, desde Sarmiento, Alberdi hasta Mitre, estuvo atravesado por una
preferencia étnica nord-europea y racialmente blanca, su preocupación
fundamental pasaba por el tránsito e integración de una república de
habitantes a una nación de ciudadanos{note id=11}. También el pensamiento racial
positivista argentino, desde Jose María Ramos Mejía, Octavio Bunge y José
Ingenieros, se caracterizó menos por un discurso coherente acerca de la
formación étnica argentina y por definir con precisión lo que entendían por
Raza, y se destacó_ más por reflexionar sobre la necesidad del "crisol de razas"
para una sociedad aluvial que debía nacionalizarse después de haberse ido
constituyendo a través de la inmigración masiva europea{note id=12}.
A diferencia de éstos, los ensayistas de la reacción católica antipositivista, a
partir del Centenario, que hurgaron en las raíces hispano-coloniales del ser
nacional, han de identificar la formación racial argentina con los fundamentos
étnico-religiosos del Solar de la Raza, la España fundacional de
Hispanoamérica, según la caracterización de Manuel Gálvez, mucho más
espiritualista y deudora de la idea hispánica de Misión Civilizadora y
evangelizadora que del concepto biológico racial{note id=13}. Por su parte, el
nacionalismo integrista antibritánico, de índole movilizadora y populista,
durante los años 30 se diferenciará del nacionalismo católico restaurador
hispanista, de inspiración falangista, por sus conceptos plebeyos y
corporatistas de justicia social y de productividad económica, pero relevando
también la matriz étnica hispanocolonial del nacionalismo aristocratizante por
otra fundamentación del ser nacional argentino de raíz étnica criolla, filiada en
la formación nacional del pueblo en armas de caudillos y montoneras durante
el ciclo de las guerras civiles posterior a la Independencia{note id=14}. Algunas de estas
ideas sociales y étnicas del nacionalismo integrista de los años 30 y principios
del 40 influirán en el peronismo.
Con el ascenso del peronismo al poder, las preocupaciones étnicas en materia
de población e inmigración pasaron a formar parte de la agenda de cuestiones
públicas que implementó el nuevo gobierno, las cuales merecieron una
conceptualización antropológica desconocida en otras épocas. Pero acaso la
novedad más importante en materia étnica haya sido que, por primera vez
desde la función pública, un gobierno decidiera institucionalizar los estudios
étnicos de la población, como hizo el Presidente Perón mediante la creación
del Instituto Etnico Nacional el 25 de julio 1946, bajo la jurisdicción del
Ministerio del Interior. Meses antes, el gobierno del presidente Farrell había
creado, en marzo de 1946, una Oficina Etnográfica que funcionó
provisoriamente bajo la dependencia de la Dirección General de Migraciones,
dirigida por Santiago Peralta.
Este conocido antropólogo antisemita, filiado en el nacionalismo profascista,
autor de libros discriminatorios como la Acción del Pueblo Judío en la
Argentina (1943), logró ser designado responsable con amplias facultades de la
Dirección General de Migraciones (DGM) desde diciembre 1945 hasta julio
1947, cuando fue alejado por Perón a raíz de la repercusión internacional por
denuncias de prácticas discriminatorias en su función pública. No obstante,
retuvo por seis meses adicionales la dirección del Instituto Etnico Nacional,
hasta su jubilación en enero 1948{note id=15}. Desde el inicio de su desempeño al frente
de la DGM, Peralta se propuso aplicar criterios antropológicos,
supuestamente científicos, para la práctica inmigratoria, así como abogó hasta
conseguir la creación de un Instituto Etnico adscripto a la DGM. De ahí que
revista importancia conocer las ideas raciales que expresara, en su calidad de
funcionario público, en un folleto impreso por la Dirección de Migraciones, en
1946, con el título: Conceptos sobre Inmigración. (Instrucciones de difusión al
Personal), en el cual, si bien se abstiene de repetir sus diatribas antijudías del
libro de 1943, resultan inocultables sus preferencias y prejuicios étnicos{note id=16}.
Dos presupuestos básicos inspiran los Conceptos sobre Inmigración de
Peralta: uno de seguridad social - la necesidad de defender a la población
argentina ante el riesgo del ingreso de avalanchas inmigratorias luego de la
guerra mundial - y otro de carácter profiláctico racial - establecer cuáles
tipos humanos son más convenientes para el mestizaje con la población
argentina.
La defensa ante las grandes masas inmigratorias no dirigidas, así como el
miedo a los contingentes que expelía la Europa pos-bélica, tenía como
antecedentes las restricciones de la década del 30, especialmente a partir de
1938, y los decretos emitidos durante los años de la guerra{note id=17}. En cambio,
resulta novedoso constatar en documentos oficiales de la Dirección de
Migración la explicitación de una profilaxis racial. Peralta sostenía que la
clasificación de la inmigración según la nacionalidad de origen debía ser
relevada en la política inmigratoria argentina por otra que tomara en cuenta
"las leyes que rigen los pueblos, basándonos puramente en el concepto hombre
y pueblo, es decir de sangre". Al citar como ejemplo de categoría nacional a
Yugoslavia, que ocultaba "un damero de pueblos con nacionalidades,
religiones, razas, culturas todas diferentes", Peralta ilustraba la necesidad de
establecer las características étnicas de cada pueblo a emigrar para graduar su
distribución, trasplante y absorción en sus aspectos somáticos y culturales. Por
ello consideraba como "obra de buen gobierno ... establecer una oficina central
étnica, que debe funcionar en esta Dirección, la que recibiría la información de
pueblo y determinaría la clase de hombre y por sus orígenes fijaría las
cantidades de recepción para cada zona" (p. 6). El objetivo era "perpetuar el
pueblo nativo, defendiendo su cultura en todas sus~fases: idioma, arte, ciencias,
ética moral y religiosa, instituciones, justicia, historia, tradiciones... heredada
de su estirpe, orgullo nacional". Según Peralta, existían dos clases de
inmigraciones: una buena, de tipo rural, que venía a explotar la tierra y otra
mala, urbana, que explotaba al hombre. Esta última estaba tipificada por
inmigrantes con ocupaciones comerciales, industriales, profesionales que,
según el director de la DGM, Argentina no necesitaba, a diferencia de la
inmigración rural que garantizaba un auténtico mestizaje de agricultores con la
población aborigen por afinidad de características de raza (p. 8).
Peralta consideraba un deber profiláctico y de defensa social el fomentar la
inmigración blanca "sin acervo cultural trasmitible por herencia... aunque sean
de mentalidad y cultura baja e inferior al nativo". Se debía evitar, por el
contrario, "la yuxtaposición de pueblos en cualquiera de sus formas, el
desplazamiento del nativo, producido por la inmigración; el arraigamiento de
pueblos racialmente inferiores" (p. 10). La norma era: "saber sin ninguna
vacilación, si la inmigración asimila al país, o el país a la inmigración". Y la
conclusión de este esquema racial y ambiental era que, mientras los pueblos
nórdicos no prosperan en climas cálidos, en cambio los pueblos mediterráneos
prosperan puestos en condiciones de ambiente favorables (p. 11). Sin embargo,
Peralta se mostraba reacio a la inmigración masiva y no seleccionada de
italianos y españoles, a quienes acusaba de ser los responsables del bajo arraigo
durante la era aluvial, lo que le valió críticas públicas{note id=18}.
La acción discriminadora de Peralta en su función pública, especialmente
antijudía, ha sido objeto de varios trabajos, pero, en cambio, poco se ha
reparado en el hecho de que sus ideas antropológicas fueron directrices e
influyeron aún luego de su alejamiento del cargo de director de la DGM y del
Instituto Etnico Nacional. De la documentación de este último, resulta
elocuente que la colección de los Anales del Instituto Etnico Nacional empezó
a publicarse en 1948, bajo la supervisión del nuevo director, Prof. Salvador
Canals Frau, hasta 1951. En toda la colección no se publicó ningún trabajo de
Santiago Peralta; sin embargo, sus huellas son fácilmente detectables.
Uno de los primeros trabajos publicados por el Instituto Etnico Nacional,
firmado por Salvador Canals Frau - quien se desempeñaba como Subdirector
durante la gestión del Dr. Peralta -, intentaba mostrar cierta correlación entre
el índice de permanencia en el país de algunas corrientes inmigratorias según su
nacionalidad y su mayor o menor cohesión étnica. Paradójicamente, entre
1857 y 1947, los pueblos latinos como los italianos y los españoles muestran un
bajo índice de permanencia - 51% y 55%, respectivamente -, a pesar de que
ambos representan el 77,58% de la inmigración total a Argentina. Mientras
tanto, otros pueblos étnicamente más cohesionados, como los ucranianos,
registraron - de 1921 a 1940 -,un índice de permanencia del 95%, en tanto los
lituanos, entre 1921 y 1946, tuvieron un índice del 85%{note id=19}.
Los Anales del Instituto Etnico Nacional (1948-1951) proveen un rico
material de análisis, inexplicablemente no estudiado, sobre las preocupaciones
étnicas del gobierno peronista, tanto en materia de población como de
inmigración. El primer tomo de los Anales fue publicado en 1948 por el nuevo
director del Instituto, el antropólogo Prof. Salvador Canals Frau, quien
intentó despejar las dudas sobre presuntas sospechas de discriminación racial
que podían atribuírsele al Instituto. En las palabras inaugurales del primer
volumen, Canals Frau explicó la necesidad de que el país conociera
científicamente su población, aclarando que tal conocimiento "está muy lejos
de aquel seudocientificismo biológico que tan en boga estuvo en ciertos
regímenes políticos europeos y felizmente desaparecidos. Para decirlo sin
reticencias, el Instituto Etnico Nacional nada tiene que ver con discriminación
valorativa de índole racial, religiosa o política; su acción va dirigida no a
desunir sino a unir la comunidad argentina"{note id=20}.
En su artículo, "Algunos rasgos antropológicos de la población argentina",
publicado en el vol. II de los Anales{note id=21}, Salvador Canals Frau sostiene que
persistía en la población argentina moderna el "tronco fundamental"
etnológico desde la época de la Unidad Nacional, que no había sido alterado ni
siquiera por la llegada de la gran inmigración. En vista de la coincidencia
fundamental de los caracteres físicos, culturales y lingÜisticos, la tesis de
Canals Frau afirma que la población moderna de Argentina "no es otra cosa
que una continuación, algo modificada, es cierto, de la que tenía el país en lbs
tiempos anteriores". La supuesta inmunidad de esta población por pérdidas en
su perfil étnico, Canals Frau la explica por el hecho de que la continuidad de la
evolución étnica no habría sufrido rupturas a pesar de la inmigración,
atribuyendo ese fenómeno a la persistencia del elemento hispano: "Recuérdese
que el elemento hispano ha sido de todo tiempo el núcleo, el centro de
concreción, alrededor del cual se ha ido aglutinando la población de todo el
país" (p.19).
El componente hispánico de la etnicidad de los argentinos, según esta
interpretación, habría acompañado la primera fase evolutiva hasta mediados
del siglo XIX, en el cual el elemento hispano (peninsular y criollo) se habría
cruzado con el indiánido y el négrido, prevaleciendo siempre el primero (p. 19).
Durante la segunda fase, cuando sobreviene la inmigración aluvial europea, la
"idiosincrasia nacional" no fue cambiada, prevaleciendo también étnicamente
el elemento de origen hispano: "la única diferencia está en que ahora los
numeradores indio, mestizo, negro y mulato han pasado a segundo plano, y se
encuentran en el primero otros grupos pertenecientes a la misma raza blanca y,
en su mayoría, al mismo tipo racial mediterráneo, al cual pertenecen los
españoles y portugueses, los italianos del sur, los franceses meridionales" (p.
19). Semejante confianza en la prevalencia del elemento hispano condujo al
director del Instituto Etnico Nacional a atribuirle facultades de correctivo de
las disparidades de los otros componentes étnicos: "el elemento hispano va
eliminando paulatinamente a los demás elementos, absorbiéndolos,
disolviéndolos en sí mismo, mezclándose con ellos. Lo cual, dicho sea de paso,
no deja de ser un procedimiento mucho más humano que el de la eliminación
violenta, o el arrinconamiento, que otros pueblos europeos han practicado con
numerosos elementos indígenas" (p. 20).
En esta vena de optimismo hispánico, ni siquiera la masiva inmigración de
1.470.000 italianos habría logrado alterar la situación del "tronco
fundamental" étnico de la población argentina, puesto que a los 1.145.000
españoles - "los más afines al viejo núcleo de la población argentina" -
Canals Frau añadía - "por su afinidad étnica y racial" - el saldo de los
portugueses sumado al de los numerosos hispanoamericanos, inmigrantes
legales o extralegales, pretendiendo demostrar "que el conjunto de todos esos
grupos ibéricos muy bien puede representar una equivalencia real y equilibrada
de la inmigración italiana" (p.20).
Una vez más, es posible constatar que la hispanidad ideológica del primer
peronismo, compartida por numerosos intelectuales y miembros del gobierno
hasta bien avanzado 1949, correspondía con una preferencia inmigratoria
étnica ibérica en funcionarios subalternos como Canals Frau, quien a su vez
estaba muy vinculado a asociaciones de la colectividad española{note id=22}.
Una explícita preocupación antropométrica que Canals Frau heredó de
Santiago Peralta fue su proyecto de medir las variaciones somáticas, como la
talla media y el índice cefálico, en los hijos de europeos nacidos en el país, "a
medida que se van incorporando al etnos argentino" (pp. 26-7), a pesar de
reconocer los limites de los factores ambientales en la modificación de los
caracteres físicos, morfológicos y fisiológicos. A diferencia de Peralta, Canals
Frau vela únicamente por los rasgos característicos del tipo racial
mediterráneo: regular estatura, conformación más bien gracil, de cabeza y cara
moderadamente alargada, y de cabellos, ojos y cutis más o menos morenos (p.
21).
El Instituto Etnico Nacional emprendió algunas líneas de investigación de
campo que revelan la índole y extensión de sus preocupaciones étnicas. Una
línea predominante fue relevar áreas indígenas de la provincia de Buenos Aires,
Santiago del Estero, Mendoza, Salta; otra, sobre demografía económica, se
propuso estudiar el éxodo rural-urbano provincial en San Luis, San Juan,
Catamarca y La Rioja. También se analizó la importancia de la inmigración
golondrina para la economía del país y la recuperación del nativo como mano
de obra para los programas agrarios y de industrialización del gobierno, en
tanto algunas investigaciones de antropología psicológica indagaron la
capacidad intelectual de argentinos e hijos de extranjeros, y otras se
preocuparon de la selección psicológica para el adiestramiento de soldados de
un regimiento militar, etc.{note id=23}.
Resulta interesante comprobar que la primera investigación sobre
colectividades extranjeras llevada a cabo por el Instituto tuvo lugar en el
Territorio Nacional de Misiones. Bajo la dirección del ingeniero agrónomo
Arturo H. García Aller y del Prof. Luis M. Bergna, se intentó estudiar los
perfiles demográficos y antropológicos de las colectividades de origen
inmigratorio de las colonias Eldorado, Apóstoles, Azara, Leandro N. Alem y
Oberá, además de los grupos de inmigrantes golondrinas de Paraguay y Brasil.
Fueron relevados étnicamente para someter a estudios demográficos a las
colonias de origen germano en Eldorado, y a la colonia de inmigrantes de
origen eslavo, compuesta por polacos y ucranianos llegados a Apóstoles de
Galitzia y Volhinia a principios de siglo, examinando el grado de integración
social, asimilación cultural y variaciones antropométricas de los hijos nativos.
Sus conclusiones no fueron publicadas; en cambio, en los Anales de 1951 se
dieron a conocer resultados antropométricos sobre "La estatura de los
españoles e italianos naturalizados en la Argentina" (vol. IV, pp. 39-52) y
rasgos socio-demográficos sobre "La inmigración norteafricana en la
Argentina" (vol. IV, pp. 35-38), además de un perfil socio-económico sobre
"Los Galeses en el poblamiento de la Patagonia Central" (vol. IV, pp. 11-26){note id=24}.
No pueden inferirse conclusiones generales, pero del examen de estos grupos
inmigratorios y el adelanto de algunos rasgos antropológicos para el
relevamiento en Misiones, no cabe duda que los grupos inmigratorios con
mayor capacidad asimilativa al "etnos nacional", según el Instituto Etnico
Nacional, eran los latinos, si bien se reconocía el aporte al progreso económico
de eslavos, germanos y galeses.
No obstante su notoriedad por los cargos de racismo de que la prensa
opositora le acusaba, Santiago Peralta no puede ser considerado el expositor
doctrinario del pensamiento étnico ni de los problemas de población durante
los orígenes del primer peronismo. Sin embargo, y pese a que estuvo alejado de
la función pública, tal vez el representante más lúcido de esta
conceptualización étnica haya sido José Imbelloni, autor de un ensayo
fundamental: La Formación Racial Argentina: se reanuda la inmigración,
publicado en 1947{note id=25}.
Entre los más destacados investigadores del Instituto de Antropología de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires
(UNBA), Imbelloni introdujo la antropología morfológica en Argentina y
publicó algunos importantes trabajos en Alemania durante los años 30. A
pesar de que la motivación teórica de su ensayo fue refutar la tesis del
antropólogo alemán de la Universidad de Kiel, Dr. Rauenbusch, que sostenía
la inexistencia de una raza vital argentina{note id=26} y, por ende, la ausencia de afinidad
creada durante la historia del país por la comunidad de lengua y cultura, el
interés racial de Imbelloni estuvo explícitamente sesgado por la preocupación
pragmática de la reapertura de la inmigración europea de posguerra y su
impacto étnico en la Nueva Argentina (p. 308). En efecto, todo el aparato
erudito de su artículo va dirigido a construir una "caracteriología argentina...
siguiendo el afán del presente gobierno de que se estudien con seriedad la
naturaleza y las posibilidades del pueblo" (p. 263).
De la misma manera, Imbelloni rechaza el marco teórico de Gustave Le Bon,
empleado tanto por los ensayistas positivistas como por Rauenbusch, que
establecía tres condiciones necesarias para la fusión de las razas a fin de formar
una nueva raza más homogénea: la igualdad numérica de los pueblos que se
mezclan; una no diferenciación pronunciada de sus caracteres; y que estén
sometidos durante largo tiempo a idénticas influencias del medio (pp. 256-58).
En su lugar, Imbelloni prefiere los últimos paradigmas de la escuela alemana
de antropología (Egon Freiherr von Eickstedt; J. Brake, L.F. Clauss; R.
Eickenauer; O. Menghin; E. Voegelin) y también de la anglosajona (W.
MacDougall; T.B. Garth; C.B. Davenport; E. Stonequist) y ensayará estudiar
el problema racial argentino con una finalidad pragmática: "esto es, dilucidar
las posibilidades y las realizaciones de la fusión del pueblo argentino, como
condición indispensable para que pudiesen desarrollarse en su máximo grado
de sinergia y congruencia las fuerzas destinadas a forjar la futura grandeza
nacional en el terreno de la riqueza, del poder y de la ciencia" (p. 289).
Por lo tanto, Imbelloni estudiará antropológicamente la historia argentina
como una serie de "interesantes fenómenos raciales", en diferentes períodos
históricos. En la primera época, desde la era colonial hasta la mitad del siglo
XIX, se habría realizado un gran experimento de unificación, con resultados
positivos desde el punto de vista étnico (la aparición del gaucho), pero adversos
con respecto a las leyes económicas del siglo XIX. La fusión racial durante la
segunda época, presidida por el impacto masivo de la gran inmigración aluvial
hasta 1930-, habría pasado por una fase de "monstruosa mezcla", proveniente
de la fusión de la sociedad criolla de la primera época con la enorme masa de
inmigrantes que procedían de 44 naciones distintas, fusión en la cual las
diversidades nacionales confundían al observador superficial que no atinaba a
auscultar la nueva formación étnica de la sociedad argentina (p. 296). En tal
muchedumbre, compuesta por millones de familias atentas a sus quehaceres
económicos, "predominaba el tipo antropológico del homo mediterraneus, la
lengua del Lacio y las tradiciones romano-hispanas". La formación racial
argentina, pues, habría arribado a la tercera época, en vísperas de la
renovación de la inmigración masiva, con un perfil étnico mayoritariamente
latino, cuya base fue la antigua raza ibero-ligur, predominando caracteres
culturales diferenciadores de origen italiano y español. Imbelloni se formula
una pregunta concreta para evaluar la nueva política inmigratoria argentina al
comienzo del reciente proceso abierto, habida cuenta que no se podía hablar de
la constitución de una población compacta y uniforme en 1947: "¿qué clase de
inmigrantes deben preferirse, si hemos de secundar el proceso de fusión y
apurarlo?" (p.292). Su respuesta es clara y contundente:
"La inmigración venidera, si está dirigida a afianzar y apurar el
proceso de fusión que desde más de un siglo vienen soñando los
patriotas, no podrá apartarse del camino señalado por la formación
nacional, esto es, deberá conservar una gran mayoría de italianos y
españoles, que son los principales representantes del Homo
mediterraneus" (p. 301).
Es así que la selectividad étnica latina en materia inmigratoria buscó ser
fundamentada en términos antropológicos y poblacionales de la nación, con la
finalidad de preservar lo que Imbelloni denominaba "principal núcleo activo
de nuestro pueblo, mantenido en un solo haz por cohesiones intensas de
sangre, tradición y propósitos" (p. 308).
Imbelloni coincidía con Peralta y Canals Frau en la preferencia ocupacional
de los inmigrantes a seleccionar: 1) éstos debían ocuparse en el servicio
doméstico y reemplazar a los nativos provinciales; 2) se debía seleccionar
obreros especializados para las grandes y pequeñas industrias; y 3) agricultores
con experiencia para ser colonizados con sus.pequeños grupos familiares (pp.
302-3). Sin embargo, este catedrático se burlaba de funcionarios
gubernamentales sin preparación disciplinaria seria "que con el pretexto de
sostener el plan de gobierno pululan por doquiera con carácter oficioso y no
raramente técnico". Sus pullas iban dirigidas a tres funcionarios: un
climatólogo, para quien las peculiaridades raciales dependían de las
peculiaridades de las respectivas regiones; un geólogo, que le reclamaba
colaboración para presentar al gobierno un mapa geológico para la
distribución de los inmigrantes; y, finalmente, Imbelloni aludía críticamente
aunque sin nombrar a Peralta, el diseñador de un plan de inmigración, "basado
en nubes de humo teórico, pseudoantropológico, y perentorias afirmaciones
sobre razas flojas y razas fuertes ... y una clasificación racial binaria" (p. 293,
cita 66).
¿En qué medida tales ideas étnicas lograron influir en el discurso y la práctica
poblacional e inmigratoria del primer peronismo? Por lo pronto, el criterio
selectivo y étnico inmigratorio fue proclamado taxativamente en el Plan de
Gobierno 1946-51 (tomo I, p. 275): "El hecho de que nuestro país sea un
magnífico crisol en el que se pueden fundir todas las nacionalidades de origen,
no puede eximirnos del hecho indubitado de preferir como más apta para esa
fusión integradora a los que por su procedencia, usos y costumbres e idiomas
se hallan más cercanos a nuestras características y personalidad nacionales".
Pero es en el análisis de la política inmigratoria del primer peronismo, tanto
sus preferencias por la atracción de determinados grupos inmigratorios
europeos y sus prevenciones y rechazos hacia otros, donde será posible evaluar
la adopción y adaptación de estas ideas étnicas, sin perder de vista el proyecto
nacional del peronismo de construir una Nueva Argentina. Al mismo tiempo,
un análisis semejante no podrá dejar de estudiar las modalidades particulares
de respuesta por parte de algunas colectividades inmigratorias ya arraigadas,
pero que se vieron afectadas por la adopción de una política inmigratoria con
indudables preferencias étnicas.
2. La selección inmigratoria y los planes de desarrollo del peronismo
La reapertura de la inmigración europea fue planificada con la finalidad de
incorporar mano de obra calcada para los proyectos desarrollistas del
Primer Plan Quinquenal, en las ciudades y en el campo, teniendo muy en
cuenta los excedentes de mano de obra que no encontraban trabajo en las
economías arruinadas de posguerra en algunos países europeos. El boom
durante los primeros años, con una tasa de incremento anual del PBI per
capita que llegó al récord del 6,4% entre 1945-48, transformó a la Argentina
peronista en un codiciado puerto de inmigración. Sin embargo, no todos los
candidatos a inmigrar fueron aceptados por la nueva política inmigratoria
argentina, que estableció un riguroso sistema de selección étnico-nacional,
enmarcado mediante la vigencia de convenios inmigratorios bilaterales.
La abrumadora mayoría de los inmigrantes seleccionados por el gobierno
fueron italianos y españoles. Entre 1946 y 1966, ingresaron 356.000 italianos
(con un máximo de 98.262 inmigrantes durante el año 1949), conforme a los
convenios ítalo-argentinos firmados en febrero 1947, en enero 1948 y junio
1952. A pesar de las dificultades de implementación del convenio con España
de 1948, lograron ingresar 231.360 inmigrantes entre 1946-1959, creciendo
anualmente de los primeros 2.366 inmigrantes en 1946 a 38.758 en 1950, la
mayoría de los cuales ingresaron a través del sistema de cartas de llamada de
parientes locales{note id=27}. Los convenios bilaterales expresaron la voluntad
intervencionista y reguladora del Estado Peronista en materia de recepción,
encauzamiento, radicación y establecimiento de los inmigrantes, según la
nueva Ley de Bases.
El Primer Plan Quinquenal presentado por el Poder Ejecutivo en 1946
consagraba por primera vez la premisa de la inmigración seleccionada,
asimilable, económicamente útil y distribuida racionalmente de acuerdo a
intereses regionales. La demanda de mano de obra económicamente útil y
especializada para proyectos industriales y planes de colonización rural en
zonas despobladas comprometió la asistencia estatal en una categoría
preferencial: la inmigración beneficiada. Los italianos y españoles, amén de sus
afinidades culturales y étnicas, fueron principalmente los inmigrantes europeos
a quienes el gobierno confirió la condición de beneficiados, para que se
integraran al proyecto de construcción de una Nueva Argentina. Así, el nuevo
tratado firmado con Italia en enero 1948 reguló la condición de los inmigrantes
beneficiados disfrutando del pago de pasaje y gastos iniciales de estadía,
asesoramiento sobre las condiciones de trabajo, la vivienda, el derecho a
remesas a sus países de origen, y cursos de capacitación profesional. El
convenio acordaba también a los inmigrantes italianos no beneficiados
facilidades para la reunificación familiar a través de permisos de libre
desembarco especiales. Del mismo modo, el interés por la inmigración
económicamente útil condujo al gobierno a promover la emigración de obreros
españoles especializados, tanto en las disposiciones del Convenio Comercial y
de Pagos (art. 30-31), como en el Convenio especial sobre Migración firmado
con España en octubre 1948{note id=28}.
La medida en que no fueron respetados los beneficios y promesas a que se
comprometieron las autoridades argentinas ante los inmigrantes italianos
puede evaluarse por las protestas en Italia, tanto por parte de las
organizaciones sindicales, la Confederación General del Lavoro, la prensa
socialista y comunista y el propio Ministerio del Lavoro de ese país, como
también en Argentina, por las denuncias de la oposición parlamentaria en la
Cámara de Diputados de la Nación en 1947 y 1948{note id=29}.
La nueva política inmigratoria peronista no sólo puso especial celo en la
llegada de la inmigración económicamente útil, sino también controló su
selección conforme al principio de "mejor asimilación de las corrientes
inmigratorias a la sociedad receptora". Estas ideas ya habían sido elaboradas
preliminarmente por el Consejo Nacional de Posguerra, creado por iniciativa
del Vice Presidente Coronel Juan Perón en agosto-4944 y dependiente de la
Presidencia de la Nación, cuya función fue elaborar un diagnóstico económico-
social para adecuar el país a las nuevas condiciones de la situación
internacional de la posguerra. A partir de la sanción del Plan Quinquenal
1946-51, fue legitimada, por omisión, la indeseabilidad de los candidatos a
inmigrar: todos aquellos europeos que no se ajustasen a criterios de selección
étnica, religiosa e ideológica eran pasibles de ser rechazados. Si en marzo 1946
el gobierno de Farrell autorizó la creación de la Oficina Etnográfica, la cual
desde el 25 de mayo de 1946 se transformaría en el Instituto Etnico Nacional, la
flamante Ley de Bases sancionada en octubre 1946 dejará sentados los
principios de selección étnica, a pesar de su advertencia de no imponer
restricciones "por razones de origen y credo". En efecto, taxativamente, las
preferencias se inclinaban por corrientes inmigratorias que "por su
procedencia, usos, costumbres e idioma... fueran las más fácilmente asimilables
a las características étnicas, culturales y espirituales de la Argentina". Además,
la legislación hacía expreso la vieja demanda asimilacionista del crisol de razas,
compartida indistintamente por nacionalistas y demo-liberales argentinos, a
fin de evitar "la subsistencia de núcleos de población o colectividades que
constituyan por su manera de vivir elementos extraños, ajenos, indiferentes o
perturbadores del proceso de integración" (subrayado mío, L.S.){note id=30}.
Esta triple selectividad económica, étnica e ideológica de los inmigrantes fue
ejecutada desde la Dirección General de Inmigraciones (DI), cuya jurisdicción
pasó del Ministerio de Interior a la Secretaría de Trabajo y Previsión y, a partir
de febrero 1949, a la Secretaría Técnica de la Nación, adoptando el nuevo
nombre de Dirección Nacional de Migraciones. Junto a la DI se agregaron dos
nuevas agencias estatales: a fines de 1946 se crearon la Comisión de Recepción
y Encauzamiento de Inmigrantes (CREI), presidida por el presidente del
Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), y la Delegación
Argentina de Inmigración en Europa (DAIE). Mientras la DAIE realizaba la
selección de los candidatos en Italia y España, y además gestionaba permisos
de ingreso, la CREI tenía la función de colocar a los inmigrantes seleccionados
en el mercado de trabajo argentino. Ambos organismos oficiales dependían
directamente de la Presidencia de la Nación y actuaban independientes de la
jurisdicción de la DI, con amplias prerrogativas. La supervisión directa de
Perón en materia inmigratoria y poblacional fue posible dada la deliberada
concentración bajo la jurisdicción de la Secretaría Técnica de la Nación de los
siguientes organismos: la Dirección Nacional de Migraciones, el Instituto
Etnico Nacional, la CREI, la DAIE y la Dirección de Protección del
Aborigen{note id=31}.
La mayoría de los trabajos sobre la selección étnica del primer peronismo se
concentraron en la escandalosa actuación discriminadora del director de la DI,
Santiago Peralta, alejado de sus funciones en julio 1947, pero casi no se reparó
en la acción selectiva discriminadora de la DAIE y la CREI{note id=32}. En efecto, la
CREI recibió amplias atribuciones en mayo 1947, con la finalidad de autorizar
a "entidades o empresas a actuar gratuitamente bajo la responsabilidad moral
y material de las mismas, en la tramitación de inmigrantes de llamada,
cualquiera fuere el parentesco con personas residentes en el país, el tiempo de
permanencia de las mismas y el lugar en que se inician los trámites"{note id=33}. Esta
nueva "carta de llamada" fue reglamentada no sólo con miras económicas,
para contratar "técnicos especialistas, artesanos, obreros con oficios y colonos
con compromisos de trabajo por parte de los llamantes", sino condicionaba a
que los candidatos "residan en países donde actúen Delegaciones Argentinas".
De este modo, pues, la selección privilegiaba a inmigrantes latinos y católicos
de los dos países donde actuó la DAIE: Italia y España.
No fue casual que la primera misión enviada a Roma y Madrid fuese
encabezada por el ministro plenipotenciario Adolfo Scillingo, acompañado
por un miembro del clero, el presbítero Jose C. Silva, de la orden Salesiana. El
nombramiento de este sacerdote no sólo satisfacía la expectativa de reclutar
colonos para zonas despobladas de la Patagonia, sino garantizaba también que
los candidatos fuesen realmente "católicos, serios y trabajadores", tal como la
misión trasmitió a la embajada española en Buenos Aires{note id=34}. En marzo 1947, un
miembro de la oposición parlamentaria solicitó al Poder Ejecutivo informes
sobre "facultades conferidadas a la DAIE para seleccionar candidatos y
dudosas formas de contratación de operarios" y, además, el diputado Alberto
Candioti inquirió "causas por las cuales se creyó conveniente integrar esa
delegación con un miembro del clero; ... si se hace alguna selección de
inmigrantes por razas, religiones o ideas políticas", exigiendo también que se
aclarasen supuestas "instrucciones y facultades especiales concedidas a un
embajador que viajó a Europa para estudiar el problema de los desplazados"{note id=35}.
Más allá de la demagogia antiperonista de la oposición Radical en la
cuestión de la forma de ejecutar la política selectiva del gobierno peronista, la
denuncia del diputado Candioti hacía público en el Congreso Nacional un
secreto a voce: los inmigrantes indeseables eran tanto los inmigrantes
ideológicamente "peligrosos", como los desplazados y refugiados no latinos de
la guerra. Sin embargo, la DAIE se interesó por seleccionar entre los
desplazados no latinos a grupos étnicos y nacionales muy particulares,
mientras rechazaba como indeseables a otros no latinos no católicos. La mayor
interdicción étnica y religiosa pesaba sobre los desplazados judíos, mientras
que la interdicción ideológica discriminaba a los comunistas, fueran o no
latinos.
3. La selección no latina deseable: refugiados católicos anti-comunistas
Desde 1947 a 1949, la DAIE hizo caso omiso de la no latinidad de varios
miles de refugiados croatas, ucranianos, polacos, húngaros y bálticos
colaboracionistas, amén de alemanes y austríacos nazis. La mayor parte del
primer grupo de refugiados no latinos fueron reasentados en Argentina a
través de la International Refugee Organization (IRO), una agencia de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) que estableció una misión en
Buenos Aires. Pese al hecho de que Argentina no llegó a ser miembro de la
IRO, fue el país de América Latina que recibió el más elevado número de estos
refugiados: 32.172 ingresaron hasta fines de 1949. Clasificados por países de
origen, alrededor de 10.000 provenían de Yugoslavia, 6.000 de Polonia, 5.500
de Rusia y Ucrania, y 3.000 de Hungría. Según el informe del delegado
argentino en la Comisión Nacional propulsada por el Alto Comisionado para
los Refugiados de la ONU, varios miles recibieron permisos de libre
desembarco en base a pedidos colectivos presentados por los respectivos
comités nacionales representados en Argentina, aunque desde 1949 se exigió
que los pedidos fuesen formulados en forma individual para cada caso y que el
peticionante - agencia benéfica, familares o futuro empleador - garantizase
a la DI la vivienda, el empleo y la manutención del refugiado en el país. Miles
de croatas y polacos del ejército del General Anders arribaron en contingentes
asistidos por la Cruz Roja Internacional y la IRO, con nombres ficticios y
munidos de titres de voyage y pasaportes Nansen{note id=36}. Del testimonio de un
funcionario que asistió a los refugiados de aquellos años en la DI surge que
miles de éstos, con un pasado colaboracionista o que huían del régimen
comunista triunfante, se acogieron a las amnistías inmigratorias de 1948 y
1949. En esta forma lograron obtener sus documentos de identidad luego de un
trámite judicial de información sumaria, por el cual se verificaba la verdadera
identidad mediante la rectificación en la DI de sus nombres ficticios
consignados en la lista de pasajeros{note id=37}.
En marcado contraste, la DAIE no se interesaba por los refugiados no
latinos judíos. Un informe preparado en 1950 por el Congreso Judío Mundial
(CJM) acerca de las posibilidades de inmigración judía a Centro y Sud-
América advertía que las políticas selectivas de todos los países
deliberadamente prevenían contra un flujo de refugiados judíos. Esta
discriminación se hacía más evidente en la rigurosa selección efectuada por las
delegaciones de inmigración en Europa de algunos países latinoamericanos.
Argentina no fue una excepción. A pesar del cuidado de las autoridades de la
IRO para que los desplazados (DPs) judíos tuvieran las mismas oportunidades
de reclutamiento que refugiados de otros credos y nacionalidades, el director
de la IRO advertía al CJM que siempre la decisión final en materia de selección
de candidatos dependía absolutamente de los representantes gubernamentales
al frente de esas delegaciones latinoamericanas. En tales circunstancias, agrega
el informe, la IRO se veía imposibilitada tanto de modificar las prácticas
discriminatorias contra DPs judíos como de alterar las regulaciones
inmigratorias generales, las cuales muy excepcionalmente autorizaban el
ingreso de candidatos judíos. Hasta el 30 de junio 1949, de un total de 71.421
DPs y refugiados reclutados por la IRO de campos de desplazados que fueron
reasentados en América Latina, los DPs judíos no superaban las 3.000 almas,
incluidos inmigrantes{note id=38}.
No fue posible hallar la documentación de los DPs que ingresaron a
Argentina a través de las negociaciones de la IRO. Sólo se logró ubicar y
analizar dos listados de DPs concentrados en campos de Austria, en la zona
bajo ocupación francesa, con permisos de libre desembarco concedidos por la
DI entre septiembre 1947 y fines de abril 1948. Estas listas fueron remitidas por
la IRO en Innsbruck al consulado argentino en Génova, con el pedido de que
se visase la documentación de los beneficiados en Génova, en vísperas de su
partida, para evitarles el riesgo de atravesar la zona de ocupación soviética y
obtener la visación del consulado argentino en Viena. Como muestras
parciales, estas listas resultan muy significativas para conocer quiénes eran los
DPs seleccionados según nacionalidad y religión. La primera lista, fechada el
29.4.1948, consigna 57 DPs en posesión de permisos de libre desembarco,
clasificados en 18 yugoslavos (11 católicos, 7 ortodoxos); 6 ucranianos'
(católicos); 6 rusos (ortodoxos); 21 rumanos (católicos); 3 eslovacos
(católicos); 3 húngaros (2 católicos, 1 protestante). La segunda lista, fechada el
28.5.1948, es más amplia y consigna 186 DPs con permisos de libre
desembarco, con preponderancia de 162 ucranianos (salvo 7 ortodoxos, todos
eran católicos); 14 húngaros (10 protestantes, 4 católicos); 10 eslovacos
(católicos){note id=39}.
De un informe confidencial de las tareas de la DAIE en Génova, 1947, es
posible estudiar los criterios de selección y al mismo tiempo conocer los
patrocinantes de algunos de sus "programas especiales" de reclutamiento. En
principio, la selección de la DAIE era triple: selección ideológica, profesional y
física. La sede de Roma de la DAIE efectuaba la selección ideológica de los
aspirantes en base a listas suministradas por las oficinas provinciales y
regionales del Trabajo, y comunicaba los nombres de los elegidos al Ministro
de Trabajo italiano, a efectos de que procediera a la concentración de los
mismos en los puertos de embarque cuatro días antes de la fecha de partida del
vapor. La selección profesional y física se realizaba en los puertos de
embarque. Un duplicado de las listas remitidas se enviaba a la sede de
embarque de la DAIE para constatar si el aspirante figuraba en "la lista de
personas expulsadas del país o indeseables", o si fue "rechazado en otro
embarque por ideología o por profesión". En la ficha individual de cada
aspirante se consignaba el programa al que pertenecía, sus datos personales y
número de la lista de Roma. En cambio, la selección de aspirantes para
Programas Especiales consignaba la profesión técnica o científica, la cual era
controlada directamente por los jefes de cada misión.
En este área, la DAIE prestó otro servicio importante durante 1947-49: la
selección rigurosa de un tipo particular de refugiados técnicos y operarios para
proyectos militares especiales argentinos. Esta selección formaba parte de un
proyecto más ambicioso y celosamente guardado por los países vencedores de
la guerra: el proyecto Pipercfp de cooptación de técnicos y científicos que
trabajaron para Alemania Nazi, pero que después de 1945 fueron codiciados y
contratados para programas de seguridad nacional de las potencias aliadas.
Ahora bien: la DAIE participaba en este tipo tan particular de reclutamiento
de candidatos técnicamente capacitados para misiones militares en
coordinación con los jefes de cada misión. Los Programas Especiales que
atendía la DAIE en 1947 eran los siguientes: 1) Misión Naval; 2) Misión
Guerra; 3) Fabricaciones Militares; 4) Aeronáutica; 5) Incisa di Manso. Cada
uno de ellos tenía su propio jefe de misión y dirigía el reclutamiento de técnicos
para los fines de las tres armas. Del informe confidencial surge la evidencia que
existían tres tipos distintos de -aspirantes: 1) Beneficiados - trabajadores a
quienes alcanzan los "beneficios" del Acuerdo Argentina de Inmigración. Los
parientes de primer grado de los emigrantes gozaban de los mismos beneficios;
2) pasajeros de llamada "Dodero" eran aquéllos que, por decreto ministerial,
"obtienen permiso de libre desembarco otorgado por la Comisión de
Recepción y Encauzamiento, ante la garantía de la compañía marítima
Dodero, que le vendió un pasaje de llamada' ; 3) los que viajan por su cuenta
son aquéllos que envía el consulado para constatar su aptitud física. Por lo
demás, la Comisión Pontificia de Asistencia, filial Génova, prestaba servicios
de caridad cristiana, así como asistencia espiritual a los aspirantes. El primer
embarque reclutado por la DAIE salió de Genova el 4 de junio 1947{note id=40}.
La selección conforme a criterios étnicos de la DAIE era taxativamente
recordada en la Memoria publicada en 1950. Así, de los datos sobre permisos
concedidos y denegados entre 1946 y 1950, el porcentaje denegado a los
italianos es casi nulo frente a las personas sin nacionalidad y asiáticos. En esa
Memoria se explica expresamente la razón de la denegatoria a cerca de 40.000
permisos de ingreso "que habían sido otorgados sin tener en cuenta el acervo
étnico del país" (subrayado mío, L.S.){note id=41}.
Sin embargo, un análisis de las personas beneficiarias y las denegadas según
nacionalidad para el quinquenio 1949-1953 revela que la latinidad no fue el
único criterio étnico aceptado. En efecto, luego de los 280.103 italianos y
152.834 españoles, la nacionalidad europea que sigue es la alemana, con 10.286
inmigrantes beneficiarios, por sobre los 8.668 portugueses y 5.867 franceses. La
proporción de alemanes sería aún mayor en la estadística según nacionalidad si
se le agregasen los 2.875 austríacos. Se destaca, además, la inmigración de
3.255 yugoslavos, 2.733 polacos y 1.678 húngaros.
La nacionalidad alemana ocupó siempre el tercer lugar, luego de los italianos
y españoles, entre los permisionarios del quinquenio. No obstante, llama la
atención el alto número de denegados entre los alemanes para el año 1949 -
1.260 - con respecto a los 3.345 concedidos. Lamentablemente, la inexistencia
de datos complementarios desagregados por cruce de nacionalidad y religión
no permite deducir ninguna hipótesis acerca de la identidad de los alemanes
rechazados{note id=42}. De todos modos, para 1948, el aporte inmigratorio de polacos,
yugoslavos y rusos alcanzó un 15% del total de ingresados vía ultramar. A
pesar de que la composición étnica latina estuvo abrumadoramente
representada durante el quinquenio por un 59,73% de italianos y un 24,35% de
españoles sobre el total de inmigrantes ingresados entre 1947-51, es
significativa la presencia de otros grupos étnicos, germanos y eslavos, lo cual
fue ocultado en el informe del director de la división Extranjería de la DI en la
Memoria de 1953, cuando presumía que sólo los altos índices de
permisionarios españoles e italianos "son por razones étnicas los más
asimilables a nuestro medio"{note id=43}.
Las estadísticas de inmigrantes según religión para el quinquenio 1947'-51
arroja un abrumador 92,19% para los católicos frente a sólo un 7,8% para otras
religiones. Esta discriminación, sin embargo, no refleja cabalmente las
excepciones a la selectividad étnica de inmigrantes no latinos. En cambio, las
estadísticas según religión no dejan lugar a dudas en cuanto a la discriminación
contra inmigrantes y refugiados judíos, durante años en que,
desesperadamente, los sobreviventes del Holocausto intentaron legalmente
ingresar a Argentina. Frente a los 533.226 católicos ingresados entre 1947-
1951, declararon 9.377 ser protestantes, 7.390 ortodoxos, y sólo 1.068
israelitas. Estas estadísticas de la DI suman el total de pasajeros de ultramar
embarcados en 2a. y 3a. clase. Un índice elocuente de la discriminación lo
indica el hecho que, en 1948, 3.319 pasajeros menonitas cristianos embarcados
en Canadá (casi todos polacos) ingresaron frente a sólo 766 israelitas{note id=44}
Esta discriminación se hace más elocuente si examinamos los permisos
concedidos y/ o denegados según religion para el quinquenio 1949-53. Mientras
fueron concedidos 478.662 permisos a pasajeros católicos, 7.319 a protestantes,
4.903 a ortodoxos y 3.449 a evangelistas, sólo se concedieron 2.881 a israelitas.
El resto fueron 592 permisos concedidos a mahometanos, 552 a luteranos, 282
a budistas. Las mayores denegaciones en proporción a los permisos concedidos
fueron sufridas por los mahometanos (479 contra 592), seguidos de los
ortodoxos (3.468 contra 4.903) y los israelitas (1.878 contra 2.881). Tal como
se indica, 1949 fue el año de mayor rechazo en el quinquenio: ortodoxos, 75,3%
(1.691 contra 1.275 concedidos); israelitas, 67,6% (684 contra 463 concedidos);
mahometanos, 60,4% (81 contra 49 concedidos){note id=45}. A diferencia de
mahometanos y ortodoxos, los israelitas fueron, entre los pasajeros de religión
discriminada entre 1947-51, quienes arribaron con categoría de turista en la.
clase, como forma de eludir la interdicción a su ingreso en categoría de
inmigrante. Mientras que 312 mahometanos entraron en 2a. y 3a: clase contra
123 en la., y 7.390 ortodoxos ingresaron en 2a. y 3a. contra 822 en la., 2.784
israelitas entraron en la. clase frente a 1.068 en 2a. y 3a. Durante los años 1947
y 1948, los israelitas entraron cinco veces más en la. que en 2a. y 3a. clase{note id=46}
Recurre el hecho de que en las Memorias se evite consignar la deliberada
selección católica a pesar de las evidencias empíricas y, en cambio, se prefiera
priorizar el criterio étnico de selección en los informes oficiales. Así, en el
prólogo al Informe de la Memoria 1953 sobre el trabajo de la DAIE, se destaca
que el gobierno argentino ha mantenido su política selectiva y, para hacerla
más eficaz, ha planificado durante el año 1953 perfeccionar y ampliar la acción
de la DAIE, "que bajo la orientación y supervisión de la Dirección Nacional de
Migraciones, selecciona al inmigrante en su país de origen, disponiendo de los
elementos informativos inmediatos y de observación directa, necesarios para
embarcar exclusivamente a los que reúnan las condiciones étnicas, ideológicas,
morales, profesionales, intelectuales, económicas y físicas que exigen las
disposiciones vigentes en la materia" (subrayado mío, L.S.){note id=47}.
En realidad, la explicación sobre la abrumadora presencia católica en la
inmigración seleccionada es cautelosa de argumentar en base a criterios de
discriminación religiosa; más bien, se deriva en algunas Memorias del criterio
étnico latino preferido, "como lógica consecuencia de las nacionalidades antes
nombradas (italianos y españoles)", tal como afirma la Memoria del año 1953.
Este mismo criterio étnico es el que preside la explicación, puesto que la casi
totalidad de los 17.251 familiares reunificados durante 1953 fueron italianos y
españoles, una vez que Argentina se adhirió al Comité Intergubernamental
para las Migraciones Europeas (CIME) y decidió cooperar financieramente con
el traslado de esos emigrantes por partes iguales en buques de bandera
argentina y extranjeras{note id=48}. Sin embargo, la exigencia de la religión comprobada
del candidato aparece explícitamente en un cuerpo de reglamentación interno
de la DI de 1950, como requisito para la autorización al ingreso de
inmigrantes, además del oficio comprobado, aspecto físico y su ideología{note id=49}.
El informe de la DI para los años 1950-51 testimonia la selección ideológica
de la DAIE para impedir que candidatos "comunistas" se infiltraran tanto en
los contingentes seleccionados como entre aquellos aspirantes italianos que
recibían llamadas de parientes argentinos. Entre otras propuestas, se valoraba
los controles discriminatorios del Cuerpo de Carabineros italianos que
colaboraba con la DAIE, destacándose la información confidencial de agentes
de inteligencia contratados. Estos últimos tenían el inequívoco designio de
"lograr una armónica acción de elementos netamente anticomunistas que
servirían con lealtad a la Delegación en forma estrictamente personal,{note id=50}. Del
riguroso servicio de inteligencia que contrató la DAIE, informó el embajador
argentino en Roma en mayo 1948, lo que revela el celo puesto en la triple
selección ideológica, étnica y religiosa de los candidatos.
Las instrucciones discriminatorias eran transmitidas por la DI a los
consulados europeos, aun transcurrido un año después del alejamiento del
ultranacionalista Santiago Peralta, antiguo director de la DI. El sistema de
informaciones se obtenía "en forma estrictamente confidencial y reservada", lo
cual permitía al propio embajador "separar de dichas listas a los sospechosos
por sus ideas políticas en favor del comunismo, como así también los que por
su religión resultarían inadaptables a nuestro medio" (subrayado mío, L.S.).
En los consulados argentinos de Génova, Nápoles y Roma, una vez recibidas
las listas aprobadas por la DI, éstas eran reenviadas al embajador para efectuar
la selección discriminatoria. El embajador Rafael Ocampo Giménez relata el
procedimiento selectivo al Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Juan A.
Bramuglia: "(Un) experto que conoce especialmente la región balcánica (el
mayor número de ex colaboracionistas reclutado por la DAIE provino de
Yugoslavia, L.S.), y al que remunero mensualmente por sus servicios, tiene
distribuidos sus agentes en los diversos campos de refugiados y ambientes
frecuentados por los mismos. Las informaciones que se obtienen son
transmitidas al consulado que envía la respectiva lista". Dado que el
diplomático reconocía los riesgos "de error en la información que podía
deslizarse", solicitaba de los consulados de Nápoles y Roma información
adicional, a ser obtenida por sus propios medios, acerca de antecedentes
políticos, "antes de extender visaciones a los prófugos, dejando librado el
criterio del señor Cónsul General a la resolución de cada caso en particular
para evitar el ingreso de elementos indeseables". El embajador, además,
mantenía un intercambio de información con los consulados generales "que
alcanza a las personas de nacionalidad italiana con antecedentes políticos
sospechosos", ejerciendo una función de enlace para retransmitir al otro
consulado general la informacion pertinente{note id=51}.
No es aventurado deducir de este operativo discriminatorio la interdicción
contra los refugiados y DPs judíos que pugnaban por obtener visas desde
Roma o Nápoles. Si durante la gestión antijudía del director de la DI, Santiago
Peralta, el Consulado General en Roma había recibido en mayo 1947 expresas
instrucciones para evitar que se infiltraran "candidatos que no se encuentran
efectivamente radicados en Italia y, en particular de religión israelita", en la
selección de inmigrantes croatas de octubre 1947, el embajador Ocampo
Giménez informaba a su Cancillería, y también al sucesor de Peralta al frente
de la DI, sobre la partida de refugiados judíos procedentes de Yugoslavia y de
DPs judíos de los campamentos de Austria. Similarmente, el director del
Departamento Contencioso Administrativo del MREyC remitirá una nota
reservada al consulado de Londres, en abril 1948, para exigir el control de sus
nacionalidades cambiadas "y evitar la entrada en el país de un porcentaje
elevado de judíos, (porque intentan) disfrazar su religión"{note id=52}.
Mark Aarons y John Loftus han documentado en su reciente libro{note id=53} la
asistencia a criminales de guerra y colaboracionistas católicos anticomunistas
croatas, ucranianos y bálticos para lograr refugio en América del Sur, América
del Norte y Australia, con la ayuda de los EE.UU. y Gran Bretaña, embarcados
en la guerra fría a partir de 1945. Más de 30.000 fugitivos de Yugoslavia con
pasado colaboracionista fueron ayudados a escapar de la justicia del mariscal
Tito a América del Sur, desde Austria a Génova, vía Roma, gracias a una red
de fuga clandestina - Ratfne - profesionalmente montada por sacerdotes
católicos croatas, liderados por el padre Krunoslav Draganovic, secretario del
Instituto Croata de San Girolamo en Roma, con la connivencia oficiosa del
Vaticano.
En lo que al refugio argentino se refiere, Mark Aarons y John Loftus aportan
nuevas hipótesis y varias evidencias para comprender el operativo de fuga
clandestina a Buenos Aires, en noviembre 1947, no sólo del criminal de guerra
Ante Pavelic-Poglavnik, protegido de Hitler y Mussolini en la Croacia
"independiente", sino también de casi todo su gobierno terrorista Ustashi. Los
primeros informes de inteligencia norteamericanos datan de agosto 1943 y
ponen en evidencia la compra, de sesenta pasaportes argentinos por parte del
gobierno títere de Pavelic, para evacuar a algunos de sus jerarcas. Mas estos
investigadores no presentan ninguna prueba sobre la política inmigratoria del
primer peronismo para reclutar miles de fugitivos yugoslavos
colaboracionistas a los programas de la DAIE. En cambio, sabemos mucho
más de la política anticomunista anglo-americana y su decisión de colaborar
con el Vaticano para autorizar la evacuación a Argentina de varios miles de
Greys (o colaboracionistas) ucranianos y yugoslavos a partir del verano 1947{note id=54}.
El informe La Vista del 15 de mayo 1947, producido por un alto oficial de
contra-inteligencia que trabajaba para los servicios norteamericanos en Italia,
no deja lugar a dudas sobre la responsabilidad del Vaticano, en su cruzada
anticomunista, como la mayor de las organizaciones internacionales
involucradas en el tráfico ilegal de fugitivos para América Latina. Por su
intermedio, fugitivos alemanes, austríacos, húngaros, polacos, rusos y
yugoslavos cruzaban la frontera, vía Trevisto y Milán, con la sola finalidad de
obtener documentos con falsa identidad, provistos por la Cruz Roja
Internacional, que les permitían reingresar a las zonas británica, francesa y
americana de ocupación. América Latina era el destino de grandes
contingentes de alemanes nazis, "con el solo propósito de obtener documentos
de identidad ficticia, pasaportes y visas, abandonando casi inmediatamente el
territorio vía Génova y Barcelona". El informe La Vista consigna que, con
ayuda de agentes alemanes que operaban en Barcelona, tanto italianos
fascistas como alemanes nazis emprendían su huída transatlántica. "Argentina
es el país receptor más grande, seguido de México, mientras los otros países
latinoamericanos reciben cada uno cantidades más pequeñas". El informe
atribuía gran importancia a la presión del Vaticano sobre las representaciones
de países latinoamericanos donde la Iglesia tenía peso político, "para que
adopten una actitud favorable al ingreso de antiguos nazis y fascistas, o de
otros grupos políticos en la medida que fuesen anticomunistas". Desde la
perspectiva de la inmigración ilegal a la Argentina de esos grupos, resulta
elocuente una de las conclusiones de La Vista: las organizaciones voluntarias
de sacerdotes y empresarios vinculados con países como Argentina y Colombia
organizaban cadenas migratorias gracias a sus fuertes conexiones con el
Vaticano, por un lado, y con los cónsules y misiones de inmigración
latinoamericanos, por el otro{note id=55}.
4. Las dificultades de la inmigración judía durante el primer peronismo
Las dificultades que encontró la inmigración judía a Argentina en la
inmediata posguerra deben ser comprendidas en el marco global de las
relaciones pragmáticas de Perón con los judíos, el estado de Israel y los
EE.UU. Tal como demostramos en otro trabajo, esas dificultades, desde un
punto de vista inmigratorio y poblacional, fueron similares a las que los
inmigrantes judíos hallaron en otros países latinoamericanos, y difícilmente
pueden ser explicadas a través de inversiones lógicas para deducir que las
preferencias ideológicas de Perón a dar refugio a colaboracionistas y
criminales de guerra fueron la mejor prueba del rechazo a los inmigrantes
judíos. Esta inferencia desconoce tanto los especiales esfuerzos de Perón por
combatir el antisemitismo y mantener excelentes relaciones con la comunidad
judía local e internacional, así como ignora el peso del proyecto global de los
planes socio-económicos y étnicos de la Nueva Argentina{note id=56}. Sin embargo, los
judíos fueron excluidos según criterios explícitos de "deseabilidad" del Primer
Plan Quinquenal, al establecer la premisa de la inmigración seleccionada,
étnicamente asimilable, económicamente útil y distribuida racionalmente para
poblar el país. La construcción de la Nueva Argentina excluyó, entre otros, a
los potenciales inmigrantes judíos de la posguerra, a pesar de que las primeras
olas inmigratorias judías habían demostrado sus capacidades rurales y talentos
urbanos a la Argentina de la era aluvial.
La confirmación de Santiago Peralta al frente de la DI una vez que Perón
asumiera el gobierno, el 4 de junio 1946, dio base a dos conjeturas, ambas
erradas: porque, si las ideas racistas de ese funcionario con hondos prejuicios
antijudíos no representaban la filosofía inmigratoria del presidente argentino,
su autoridad no fue cuestionada, y tampoco el alejamiento de Peralta,
ordenado por Perón en julio 1947, confirmó la esperanza que ocurriría un
cambio drástico a favor de la inmigración judía.
El director de la oficina local del HIAS reseñaba en marzo 1946 a sus
superiores de la oficina de Nueva York las dificultades sufridas por los
inmigrantes judíos a causa de la judeofobia de Santiago Peralta{note id=57}. En la
primera audiencia mantenida en agosto 1946 con el Presidente Perón, la
Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) elevó un
memorándum sobre las restricciones a la inmigración judía, tema que ocupó la
mayor parte del tiempo. Los tres puntos críticos elevados fueron: 1) la no
emisión de permisos de ingreso a favor de parientes de segundo y tercer grado;
2) la suspensión completa de la emisión de permisos de permanencia en favor
de inmigrantes judíos procedentes de países limítrofes; 3) el rechazo del
MREyC a otorgar visas de tránsito a países vecinos. A solicitud del Presidente,
los representantes de la DAIA ofrecieron pruebas de 30 casos de parientes de
primer grado a quienes se les denegaba el permiso de ingreso para su
reunificación familiar. Además, se solicitó la renovación del decreto del
Presidente Castillo, de noviembre 1942, para implementar el ingreso de 1000
niños judíos huérfanos de guerra, que, revalidado por el presidente Ramírez,
había visto su concreción nuevamente frustrada por la ruptura de relaciones
diplomáticas con el Eje{note id=58}. Perón prometió estudiar los pedidos, pero sin
comprometerse a contrariar la política inmigratoria de Peralta. En septiembre,
el representante del American Jewish Committee, de visita en Buenos Aires,
informaba que la inmigración judía a Argentina estaba cerrada, al igual que en
Perú, mientras que en países como Brasil, Paraguay, Bolivia y Chile, las
escasas oportunidades abiertas se condicionaban a reducidos contingentes
calificados para zonas rurales{note id=59}.
La clausura del puerto de Buenos Aires para los inmigrantes judíos fue
levantada en casos excepcionales. A veces, fue menester que el propio
presidente Perón interviniese en dramáticas situaciones cuando, por ejemplo,
47 refugiados a bordo del buque Campana, en febrero 1947, corrían el peligro
de ser reembarcados a Europa porque carecían de permisos de desembarco
después de haber sido rechazados en Rio de Janeiro por tener visas vencidas{note id=60}.
Un episodio similar se repetiría en diciembre 1949, con 45 refugiados obligados
a reembarcarse para Francia por el desconocimiento de las autoridades
uruguayas a visas de turismo concedidas por sus cónsules en París{note id=61}. Empero, a
pesar de estos gestos humanitarios, Perón no logró neutralizar la rutina
burocrática del director de la DI, que rechazaba inmigrantes judíos.
El anuncio del nuevo decreto 14.882, del 29 de mayo 1947, por el cual se
modificaba el régimen de llamadas, promovido por el Banco Central contra la
voluntad de Peralta, no entusiasmó a la oficina local del HIAS, porque
sospechaba que los candidatos judíos iban a ser excluidos. Efectivamente,
además de la calificación profesional, faltaban otras condiciones insalvables de
que carecían los judíos: ser latinos y católicos. Entre mayo y junio 1947, la
Cámara Israelita de Comercio e Industria intentó presentar, en favor de judíos
centro-europeos, una lista de oficios y profesiones manuales requeridos, en
conformidad con el nuevo tipo de llamada con que el CREI autorizaba a
empresas particulares a contratar técnicos y obreros con oficios de Italia y
España. Según el informe del director de la oficina del HIAS en Buenos Aires,
el proyecto no prosperó durante la gestión de Peralta{note id=62}, y tampoco lo haría
durante las gestiones de sus sucesores.
Los representantes de organizaciones judías internacionales percibieron con
claridad la actitud diferencial hacia la inmigración judía de notorios
funcionarios xenófobos como Peralta y de otros miembros del gobierno
interesados en disociar al gobierno peronista de los cargos de judeofobia
difundidos en el exterior. En la entrevista que mantuvo el representante del
HIAS, Dr. Shoskes, en Buenos Aires con el ministro de Relaciones Exteriores
y Culto, el Dr. Juan A. Bramuglia desmintió categóricamente la existencia de
una circular secreta proveniente de su ministerio, en la cual presuntamente se
instruía a los cónsules argentinos no emitir visas a candidatos judíos.
Bramuglia calificó la política inmigratoria de Peralta como si fuera sólo el
producto individual de un "fanático y rabioso antisemita", según su expresión,
prometiendo elevar ante Perón los cargos contra el director de la DI.
Precisamente ésa había sido la intención de Shoskes, según expresara con sus
propias palabras, "promover una campaña, tanto en la prensa argentina e
internacional, como a través de protestas a nivel ministerial hasta llegar al
presidente Perón", con el fin de alejar del gobierno a quien calificó de "el
Steicher N. 2"{note id=63}. La campaña local e internacional contra la gestión
discriminatoria de Peralta apresuró la decisión de Perón de alejarlo del cargo,
en julio 1947, en una coyuntura política interna en la cual también fueron
desplazados otros funcionarios ultranacionalistas, como el jefe de la Policía
Federal, General Filomeno Velazco{note id=64}.
Pero la expectativa de que la remoción de Peralta provocaría el inicio de un
cambio en la política inmigratoria respecto de los judíos se frustró
rápidamente. De los casi 440.000 inmigrantes ingresados durante 1947, las
cifras oficiales de la DI consignan menos de 100 judíos. Durante 1948
permaneció intacto el dispositivo restrictivo antijudío. No obstante, a nivel
declarativo, el nuevo director de la DI, Pablo Diana, prometió, en los primeros
días de agosto 1948, que no iba a permitir ninguna discriminación contra
judíos que desearan ingresar al país y que se ocuparía personalmente de
cualquier denuncia al respecto en forma expeditiva. Asimismo, reconoció a la
Sociedad Protectora de Inmigrantes Israelitas (SOPROTIMIS) la facultad de
gestionar ante la DI los trámites de inmigración. En junio de 1948, la DAIA
solicitó a Perón liberalizar las restricciones inmigratorias, pero sólo obtuvo la
promesa de una próxima amnistía, que beneficiaría a numerosos inmigrantes
judíos ingresados en forma ilegal, al igual que a decenas de miles de
extranjeros. En esa misma audiencia, el presidente Perón ordenó también la
liberación de varios inmigrantes ilegales judíos detenidos hacía tiempo{note id=65}.
A partir de octubre 1948 se hizo aun más rígido el sistema de restricciones, al
afectar indirectamente a ciertos candidatos judíos una circular secreta del
MREyC que prohibía visar a candidatos eslavos que intentaban emigrar a
Argentina. Esa medida, ordenada desde la Oficina de la Presidencia, prohibía a
los cónsules la extensión de visados de ingreso permanente o temporario,
incluido viaje de turismo, a los nativos de Albania, Bulgaria, Checoslovaquia,
Yugoslavia, Hungría, Polonia, Rumania, la U.R.S.S. (incluidas Lituania,
Estonia, Letonia), alegando el peligro que implicaban "desde el punto de vista
ideológico, político y social por los grupos afines ya radicados en el país". De
este modo, la interdicción ideológica de la inmigración de eslavos en plena
Guerra Fría, durante 1948, fue complementaria con la anterior selección de
eslavos colaboracionistas anticomunistas durante 1946 y 1947, en forma
simultánea y no contradictoria con la apertura comercial de Perón hacia los
países detrás de la Cortina de Hierro, en base a trueque de materias primas a
cambio de maquinarias{note id=66}.
A fines de 1948, el presidente de la DAIA advertía que el problema principal
que afrontaba la colectividad ya no era el antisemitismo sino la discriminación
inmigratoria contra candidatos judíos, a pesar de los avances en el proceso de
legalización, desde octubre 1948, a favor de refugiados entrados ilegalmente{note id=67}.
La Organización Israelita Argentina (OIA), una asociación peronista judía
creada por iniciativa gubernamental en febrero 1947{note id=68}, intentará una estrategia
doble: influir sobre Perón para agilizar la amnistía a inmigrantes
indocumentados ilegales, e interceder ante las autoridades en favor de obtener
llamadas de inmigrantes con familiares radicados. A partir de octubre, la OIA
se atribuirá como logro propio ante Perón el proceso de legalización iniciado
con la sanción de la ley de creación del Registro Nacional, cuyo artículo 42
establecía: "El extranjero que hallándose ya en el país sin haber llenado los
recaudos correspondientes para su ingreso, dispondrá a partir de la fecha de
promulgación de la presente Ley, de 90 días para hacerlo". Hasta la sanción del
decreto de amnistía en favor de los ilegales en 1949, el ingreso de inmigrantes
clandestinos dejó de ser un delito y, por tanto, punible con pena de prisión.
A comienzos de noviembre 1948, Perón anunció a los líderes de la OIA haber
ordenado la inmediata excarcelación de todos los refugiados judíos detenidos
por ingreso clandestino, instruyendo a la DI que les proveyese de
documentación, al tiempo que impartió órdenes para extender ese beneficio a
todos los judíos que habían ingresado a Argentina y no hubieran sido
detenidos por la policía. La OIA difundió a la colectividad la importancia de
la medida legal, que, según sus cálculos, habría beneficiado a 30.000 judíos:
"Esa medida alcanza a las decenas de miles de inmigrantes que habían entrado
clandestinamente y que vivían temerosos de su tranquilidad. También a los de
tránsito para el Paraguay y a los detenidos en Formosa, Posadas, Paraná y aun
a los que se hallaban en el Hotel de Inmigrantes. Gracias al General Juan
Perón ellos podrán de ahora en adelante comerciar libremente, educar a sus
hijos, afianzar sus hogares"{note id=69}. También la SOPROTIMIS bendijo esa
amnistía, cuyo impacto, en 1948, comparó por su importancia para el pueblo
judío con la misma creación del Estado de Israel{note id=70}. En vísperas del día de la
Independencia, el Poder Ejecutivo confirió por decreto la amnistía por la que
se beneficiaban todos aquellos ingresados ilegalmente hasta el 1 de octubre
1949, plazo máximo más allá del cual los indocumentados serían pasibles de
deportación. Este plazo, empero, fue prorrogado{note id=71}.
La amnistía benefició a una población estimada en 200.000 indocumentados,
europeos y sudamericanos, que ingresaron en los años previos, durante y
después de la guerra mundial. Sin embargo, la oposición antiperonista
denunció que el decreto tenía como verdaderos beneficiarios a los nazis y
colaboracionistas yugoslavos, ucranianos, croatas y bálticos, así como a los
fascistas italianos ingresados ilegalmente desde antes de 1945{note id=72}. Más allá de la
incógnita con respecto a quién Perón quiso beneficiar especialmente con la
amnistía inmigratoria, es un hecho incontrastable que tanto víctimas como
victimarios de la Segunda Guerra Mundial fueron beneficiados al
transformarse en residentes y/ o ciudadanos documentados argentinos. En tal
sentido, esta aparente situación paradójica fue percibida agudamente por un
periodista británico antiperonista a fines de 1949, al evaluar el complejo
vínculo de Perón con víctimas y victimarios en términos de su necesidad, por
un lado, de desnazificar su imagen ante la opinión pública de EE.UU. y, por el
otro, la necesidad de Perón de reclutar técnicos para sus planes de desarrollo
aeronáutico y militar, aunque hayan colaborado con los nazis{note id=73}.
El discurso oficial autocomplaciente por las legalizaciones en favor de
aquéllos que lograron ingresar clandestinamente hasta 1949 muy pronto hizo
olvidar las dificultades inmigratorias afrontadas por los sobrevivientes del
Holocausto para entrar en Argentina durante la coyuntura crítica
inmediatamente finalizada la Segunda Guerra Mundial. Esta amnesia, sin
embargo, no puede hacer olvidar el hecho que en la Nueva Argentina los
candidatos judíos a inmigrar fueron indeseables por razones étnicas y
religiosas, a pesar de que la reforma de la Constitución de 1949 por primera vez
incorporó explícitamente un artículo en contra de la discriminación racial{note id=74}. Al
mismo tiempo, una evaluación histórica de esas dificultades no autoriza a
calificar de antisemita a la Argentina peronista, tomando en consideración sólo
su política restrictiva. Argentina, desde esta perspectiva inmigratoria, no fue
una excepción en América Latina. En términos comparativos, Argentina podía
hasta exhibir ciertos gestos liberalizadores ausentes en países vecinos.
Hacia mediados de 1947, "el más grande aliado de los EE.UU.", comentaba
sobre Brasil con ironía el representante neoyorkino del HIAS, rehusaba
modificar sus medidas restrictivas al ingreso de judíos; en cambio, Shoskes
recordaba la paradójica situación de que el "profascista Perón" había relevado
de sus funciones al director antisemita de la DI., S. Peralta{note id=75}. Mientras que en
Argentina peronista se legalizaba a los inmigrantes indocumentados, el nuevo
decreto promulgado en octubre 1948 en Rio confería facultades discrecionales
a los cónsules brasileros en la selección inmigratoria, apoyándose en el sistema
de cuota anual según nacionalidad, con el agravante de que el 80% de los
candidatos a inmigrar debían ser agricultores o técnicos rurales. Aun en los
más severos decretos restrictivos argentinos no es posible hallar claúsulas de
exclusión racial. En cambio, en virtud del citado decreto en Brasil, todos los
candidatos eran elegibles para inmigrar a condición "de no pertenecer a una
raza que étnicamente sea incompatible con la población brasilera"{note id=76}. A pesar
de invocaciones a la compatibilidad étnica, el presidente Vargas, a principios
de septiembre 1951, autorizó un convenio con organizaciones de ayuda suizas
(Swiss Aid for Europe), luego de varios años de negociaciones, para que 20.000
familias de refugiados Volksdeutsche (que comprendían cerca de 100.000
almas, muchos de ellos con un inocultable pasado nazi) pudieran colonizarse
en Brazil{note id=77}.
La actuación de Argentina en materia de inmigración tampoco se desmerece
si se la compara con su vecino transandino. Los decretos promulgados por el
Ministro del Interior de Chile, en junio y septiembre 1948, destacaban el factor
étnico en la formulación de la política inmigratoria, la cual iba a ser
implementada por una Comisión Permanente de Inmigración. El último
decreto preveía taxativamente un enunciado por el cual esa Comisión
propondría en la nueva ley de Inmigración cuotas de acuerdo a las necesidades
del país, pero otorgando preferencias a "razas vinculadas por afinidad". El
embajador chileno en Washington, a requerimiento del Congreso Judío
Mundial, se vio obligado a aclarar que su país no discriminaba según razas,
sino buscaba "buenos elementos fácilmente asimilables y beneficiosos para el
desarrollo económico del país", y dejó explícito que la preferencia racial
aludida se refería a "determinadas nacionalidades (españoles e italianos) que
tenían afinidad de lengua, costumbre y sangre". Los candidatos judíos
sufrieron también la discriminación entre los no latinos ingresados: de los
2.000 DPs aceptados por Chile vía la IRU a principios de 1948, apenas 15 eran
judíos{note id=78}.
La mala imagen del peronismo en EE.UU. pretendía denunciar de "filo-nazi"
a la Argentina que recibía a ex colaboracionistas y la acusaba de antisemita al
discriminar el ingreso sólo a inmigrantes latinos. Sin embargo, la opinión
pública y el gobierno de los EE.UU. se cuidaban de aplicar ese estereotipo -
acuñado desde la época del Subsecretario Spruille Braden -- a Brasil, Perú,
Venezuela y algunos países centroamericanos como Honduras y Nicaragua, a
los que el periodista Ray Josephs calificaba de oficiosamente antisemitas;
especialmente en EE.UU. fueron silenciadas las evidencias que el proyecto
Piperclip era respaldado por el Departamento de Estado y la CIA{note id=79}.
En conclusión, las ideas étnicas en la Nueva Argentina de la inmediata
posguerra influyeron en el diseño y la política inmigratoria para acrisolar el
perfil latino capaz de legitimar nacionalmente el tipo de población y de país
deseados. La Argentina peronista fue una oportunidad no desaprovechada
para centenas de miles de italianos y españoles, que buscaron reconstruir sus
hogares y obtener trabajo, y que fueron considerados "inmigrantes deseables",
según criterios étnicos, económicos e ideológicos. En cambio, fueron miles los
inmigrantes potenciales considerados "indeseables" para el proyecto peronista
de construir un nuevo país. Ninguno de los dos Planes Quinquenales deseó que
los sobrevivientes del Holocausto aportaran sus capacidades para la
construcción de la Nueva Argentina. Sólo a través de las amnistías
inmigratorias, víctimas y victimarios de los totalitarismos europeos ingresados
ilegalmente pudieron sumarse al nuevo proyecto nacional.
NOTAS
{fn id=0 title=
Este artículo forma parte de una investigación sobre "Inmigración y Formación de Identidades
Etnicas en Argentina", y cuenta con una beca y auspicio académico del Instituto Harry Truman
de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
}
{fn id=1 title=
Dirección General de Migraciones, Memoria 1951, pp. 15,20.
}
{fn id=2 title=
Los últimos trabajos globales corresponden a María I. Barbero y María C. Cacopardo: "La
inmigración europea a la Argentina en la segunda posguerra: viejos mitos y nuevas
condiciones", Estudios Migratorios Latinoamericanos, Año 6, N. 19, dic. 1991, pp. 291-322.
Para series estadísticas de la inmigración internacional a Argentina a partir de 1945, ver
Alfredo E. Lattes: "Tratando de asir lo inasible: las dimensiones de la inmigración en la
Argentina entre 1945 y el presente", Estudios Migratorios Latinoamericanos, Año 5, N. 15-16,
agosto-diciembre 1990, pp. 295-310. Un valioso aporte para comprender las vicisitudes de la
inmigración española para adecuarse a la selectividad laboral, Mónica Quijada Maurino:
"Política inmigratoria del primer peronismo. Las negociaciones con España", Revista
Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, 47, dic. 1989, pp. 43-64; y su sugerente
ensayo interpretativo: "La Selectividad Etnica en la Política Inmigratoria del Primer
Gobierno Peronista. Una propuesta de Reinterpretación", ponencia presentada a la VI
Conferencia de la Latin American Jewish Studies Association, University of Maryland at
College Park, 6-8 octubre 1991. La inmigración italiana de posguerra no mereció aún
estudios en profundidad como los realizados para la etapa precedente, ver, Aldo Albónico:
"Italia y Argentina 1943-1955: política, emigración e información periodística", E.I.A.L.,
Vol. 3, N. 1, Universidad Tel Aviv, enero junio 1992, pp. 41-58; Iris N. Roncelli: L émigrazion
italiana verso l America Latina nel secondo depoguerra (1945-1960), X, 1, 1987; Mabel
Olivieri: "Un siglo de legislación en materia de inmigración Italiana-Argentina: 1860-1960",
Estudios Migratorios Latinoamericanos, 6-7, 1987, pp. 244-247; María E. López Daneri et al:
"Características de la inmigración en San Juan bajo la influencia del decreto N. 14.882147 y
del Convenio C.I.M.E.", Cátedra Libre de Historia Regional, Universidad Nacional de San
Juan, Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, San Juan, 1991, pp. 61-114.
}
{fn id=3 title=
Ver el pionero trabajo de Haim Avni: Argentina y la Historia de la Inmigración Judia,
Buenos Aires, 1983, cap. 5.; Leonardo Senkman: "Política Internacional e Inmigración
Europea en Argentina de posguerra, 1945-48: el caso de los refugiados", Estudios Migratorios
Latinoamericanos, V. 1, N. 1, pp. 119-132; Leonardo Senkman: "Las relaciones EE.UU.-
Argentina y la cuestión de los refugiados de la post-guerra: 1945-1948", Judaica
Latinoamericana, AMILAT, Jerusalem, 1988, pp. 90-114; Ignacio F.Klich: "Perón, Braden y
el antisemitismo: opinión pública e imagen internacional", Ciclos en la historia, la economía y
la sociedad, II, V. II, N. 2, 1992, pp. 5-38; Ronald Newton: The "Nazi Menace"in Argentina,
1931-1947, Stanford University Press, 1992.
}
{fn id=4 title=
Ver Leonardo Senkman: " Nacionalismo e Inmigración: La Cuestión Etnica en las Elites
Liberales e Intelectuales Argentinas: 1919-1940", en E.I.A.I, Vol. 1, N. I., Universidad Tel
Aviv, Enero-Junio 1990, pp. 83-105.
}
{fn id=5 title=
La Nación, 15 septiembre 1943; con motivo de hacerse cargo de sus funciones de nuevo'
director del Departamento de Inmigración, el Coronel Larronde afirmaba en julio 1943 sus
prevenciones contra los refugiados: "Pongamos barreras infranqueables a los que no
constituyen una inmigración vigorosa y sean portadores de pobreza espiritual e ideologías
malsanas que enferman el ambiente nacional, La Prensa, 13 julio 1943.
}
{fn id=6 title=
Para un análisis de la continuidad de la política imnigratoria antirefugiados anterior y
durante los gobiernos de Ramírez y Farrell, ver Leonardo Senkman: Argentina, la Segunda
Guerra Mundial y los refugiados indeseables, 1933-1945, Buenos Aires, 1991, caps. 3, 4, 9.
Los informes de la Sociedad Protectora del Inmigrante Israelita (SOPROTIMIS) de Buenos
Aires sobre la nueva política inmigratoria del gobierno de Ramírez y Farrell son reveladores;
ver YIVO Archives, New York, HIAS, XIII, 4-18, Nota confidencial de Mellibovsky a
HICEM NY sobre el nuevo Reglamento de Inmigración, 7.1.1944, y nota del 11.2.1944;
además, Informe del 3.10.1944.
}
{fn id=7 title=
1 Plan Quinquenal. Proyecto de Ley de Bases sobre Inmigración, Colonización y Población.
Base III. Consejo Económico Nacional, 1947. A los efectos de instrumentar esta política
inmigratoria, por decreto N. 34.728 del 6 noviembre 1947, el gobierno elevó de jerarquía a la
Dirección de Migraciones, a la categoría de Dirección General, con dependencia directa de la
Secretarla de Trabajo y Previsión: ver República Argentina, Secretaría de Trabajo y
Previsión, Dirección General Migraciones, Memoria 1947, p. 10.
}
{fn id=8 title=
Primer Congreso de la Población (26-31 de octubre 1940), Trabajo, Sesiones y Conclusiones,
Museo Social Argentino, Bs. As., 1941. Las citas corresponden a este volumen.
}
{fn id=9 title=
Manuel A. Zuloaga: Nuestra Raza y Los Problemas de Postguerra en la Argentina, Ed. La
Facultad, Buenos Aires, 1943, prólogo del Gral. José María Sarobe. Esta edición reúne el
primer libro actualizado del autor, Nuestra Raza y la Condición del Extranjero en la
Argentina, de 1931, y el nuevo, que da título al volumen de 1943. La primera parte tiene una
fuerte influencia de sus maestros positivistas, Carlos Octavio Bunge y Juan Antonio García.
La segunda sigue muy de cerca algunos trabajos de población del Museo Social Argentino,
como Problemas Demográficos, de C.B. de Quirós (1942), y las ideas de justicia social y de
protección al trabajador nativo de la Revolución de 1943, como Una Nación en Marcha,
Ministerio de Guerra, 1943. Las citas corresponden a esta edición.
}
{fn id=10 title=
Leonardo Senkman: Argentina,la Segunda Guerra Mundial y los refugiados indeseables,
1933-1945, op. cit., pp. 290-316.
}
{fn id=11 title=
Natalio Botana: La Tradición Republicana: Alberdi, Sarmiento y las ideas políticas de su
tiempo, Buenos Aires, 1984, pp. 474-493; Tulio Halperin Donghi: Una nación para el desierto
argentino, Buenos Aires, 1982.
}
{fn id=12 title=
Ver los análisis del lugar de la Nación en el pensamiento positivista argentino: Oscar Terán:
José Ingenieros: Pensar la Nación, Madrid-Buenos Aires, 1986, pp. 28-58; En busca de la
ideología argentina, Buenos Aires, 1986, pp. 13-84.
}
{fn id=13 title=
Manuel Gálvez: El Solar de la Raza, Madrid, 1913. Ver el discurso hispanófilo de Joaquín V.
González: "España y la República Argentina", Obras Completas, Edición del Congreso de la
Nación, Buenos Aires, 1935, T X. Tulio Halperin Donghi estudió la búsqueda de las raíces
hispánicas del ser nacional de algunos intelectuales argentinos, ver: "España e
Hispanoamérica: miradas a través del Atlántico", en El Fspejo de la Historia, Buenos Aires,
1987, pp. 83-88.
}
{fn id=14 title=
Una síntesis de las ideas de los nacionalistas doctrinarios y filofascistas e integristas, como la
Alianza Libertadora Nacionalista, además del grupo FORJA, que apoyaron el movimiento
revolucionario de junio 1943 y luego a Perón, ver Enrique Zuleta Alvarez: El Nacionalismo
Argentino, Buenos Aires, 1975, t. II, pp. 476-524; ver la crítica al obrerismo del nacionalismo
pro-peronista y su sentido de la justicia social, Cosme Beccar Varela(h) et al: El
Nacionalismo: una incógnita en constante evolución, Buenos Aires, 1970, pp. 50-53; 60-69.
Para una interpretación teórica del nacionalismo movilizador en los orígenes del peronismo,
Alberto Spektorowski: "Argentina 1930-1940: nacionalismo integral, justicia social y clase
obrera", E.I.A.L, V. 2, N. 1, Universidad Tel Aviv, enero junio 1991, pp. 71-79.
}
{fn id=15 title=
El gobierno de Farrell creó la Oficina Etnográfica por decreto N. 9435 el 6 de marzo 1948, la
cual se transformará en el Instituto Etnico Nacional a partir del 25 de mayo 1946 por decreto
N. 4703, ambos bajo la dirección de Santiago Peralta, quien estaba al frente de la Dirección
de Inmigración, Anales del Instituto Etnico Nacional, Vol. 1, Ministerio del Interior, 1948, p.
4. Santiago Peralta había militado en las filas de la UCR antes de adherir al nacionalismo.
Entre 1918 y 1922 fue secretario de la Convención de la Capital e intervino en la conspiración
militar de los Radicales contra Uriburu, por lo cual fue preso y recluido en el presidio de
Usuahia hasta su huida a Chile. Viajó a Alemania, donde perfeccionó sus estudios de
antropología, disciplina en la que se doctoró. Su tesis versaba sobre: La talla militar
argentina, Buenos Aires, 1922. En 1943 publicó Nuestro Pueblo y Acción del Pueblo Judío en
Argentina, versión en clave antropológica antijudía de libelos como Kahal-Oro de Hugo
Wast de 1935. En 1945 tradujo y editó El Corán y en 1946 publicó La acción del Pueblo árabe
en Argentina, cuyo aporte al país lo oponía a los malos hábitos urbanos de los judíos.
}
{fn id=16 title=
Santiago Peralta: Conceptos sobre Inmigración. (Instrucciones de difusión al Personal),
Dirección de Migraciones, Buenos Aires, 1946. Las citas corresponden a esta edición. Para
una síntesis de sus prácticas discriminatorias antijudías, ver Haim Avni: Argentina y la
historia de la inmigración judía, Buenos Aires, 1983. Al ser confirmado en sus funciones,
Peralta declaró para el matutino en idish El Diario Israelita, 29.5.1946, que no se oponía al
ingreso de inmigrantes judíos para las colonias agrícolas y se jactó que "yo el antisemita,
comienzo mi gestión autorizando el ingreso de cinco mil semitas del Africa - sean árabes o
judíos - para poblar el Chaco y Formosa".
}
{fn id=17 title=
Leonardo Senkman: Argentina, la Segunda Guerra Mundial y los refugiados indeseables, op.
cit., cap. 3.
}
{fn id=18 title=
Los juicios críticos de Peralta por la supuesta "cultura inferior de los inmigrantes italianos" y
su impacto negativo en el mestizaje con la "débil raza nativa" fueron enunciados en una
conferencia en el Círculo Militar acerca de "Generalidades sobre Antropología Aplicada"; ver
la respuesta en el semanario pro-peronsma Gobernantes, 30.9.1946, pp. 4, 6. Peralta querelló
a su director, Luis Laurelli Elliot por varios artículos críticos que consideró calumniosos; ver
Gobernantes, 29.7.1946. Ante ataques de la prensa opositora local y extranjera, Peralta
emitió un comunicado público donde negó que hiciera discriminación racial en la DI, pero,
en cambio, abogó por "crear un pueblo homogéneo ... y eligiremos lo mejor dentro de la raza
blanca (art. 25 de la Constitución Nacional) para crear la gran Argentina que todos
anhelamos"; ver la réplica en Gobernantes, 22.7.1946, y la crítica de Laurefi Elliot a las
declaraciones de Peralta en favor del ingreso de 20.000 hombres del ejército polaco
anticomunista del General Anders, cuyas cualidades morales y raciales elogió Peralta,
Gobernantes, 9.7.1946., p. 3.
}
{fn id=19 title=
Salvador Canals Frau: "La Inmigración Europea en la Argentina", Anales del Instituto
Etnico Nacional, Ministerio del Interior, 1948, t. 1, pp. 87-113.
}
{fn id=20 title=
Anales del Instituto Etnico Nacional, op. cit., p. 4.
}
{fn id=21 title=
Salvador Canals Frau: "Algunos rasgos antropológicos de la población argentina" Anales
del Instituto Etnico Nacional, t. II, 1949, pp. 15-27. Las citas corresponden a esta edición.
}
{fn id=22 title=
Salvador Canals Frau: Génesis y esencia de la población argentina, Institución Cultural
Española, Buenos Aires, 1948.
}
{fn id=23 title=
Anales del Instituto Etnico Nacional, cp. cit., pp. 143-47; Angel S. Taboada: "Importancia de
la Inmigración Golondrina para la economía del país", Anales del Instituto Etnico Nacional,
t. II, 1949, pp. 11-14; O.L.Paulotti: "La recuperación del nativo como obra de Gobierno",
ibídem, pp. 70-73; Humberto Miguel Bono: "Investigación sobre la capacidad intelectual en
hijos de nativos e hijos de extranjeros", ibídem, pp. 93-100; Alberto Puig: "Crecimiento
demográfico en la República Argentina, 1927-47", ibídem, pp. 101-108.
}
{fn id=24 title=
Juan Severino López: "La estatura de los españoles e italianos naturalizados en la
Argentina", Anales del Instituto Etnico Nacional, 1951, t. IV, pp. 39-52; César Lezcano: "La
inmigración norteafricana en la Argentina", ibídem, pp. 35-38; Arturo García Aller "Los
galeses en el poblamiento de la Patagonia central", ibídem, pp. 11-26.
}
{fn id=25 title=
José Imbelloni: "La formación racial Argentina. Se reanuda la inmigración", Argentina en
Marcha, Comisión Nacional de Cooperación Intelectual, Buenos Aires, 1947, t. 1, pp. 223-
308. Todas las citas provienen de esta edición.
}
{fn id=26 title=
I. Rauenbusch: FJ problema de la raza en la Argentina, Ministerio de Instrucción Pública,
Buenos Aires, 1927. Esta edición en español fue propuesta por el Ministro de Justicia e
Instrucción Pública, Antonio Sagarna, "por el interés que su conocimiento pueda ofrecer a
los círculos científicos", y con la finalidad de que fuese refutada. Hasta la respuesta de
Imbefoni, ningún intelectual argentino había refutado el trabajo del director del Instituto de
Antropología, Universidad de Kiel.
}
{fn id=27 title=
María I. Barbero y María C. Cacopardo: op. cit., pp. 292-94.
}
{fn id=28 title=
Ver los términos del Acuerdo entre Argentina e Italia sobre migración firmado el 26 de enero
1948, que protocolizó el convenio comercial y financiero entre ambos países del 13 octubre
1947, República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Memoria 1947-48,
Bs.As., 1949, pp. 556, 592-599. Acerca de las negociaciones con España, ver Mónica Quijada
Maurino, op. cit., p. 49 y ss.
}
{fn id=29 title=
Aldo Albónico: op. cit., pp. 51-52; República Argentina, Congreso de la Nación, Cámara de
Diputados, Diario de Sesiones, t. I, 7 mayo 1947, p. 139; t. II, 2 julio 1947, p. 233.
}
{fn id=30 title=
1 Plan Quinquenal, Proyecto de Ley de Bases sobre Inmigración, Colonización y Población,
Consejo Económico Nacional, 1947, Bases III y VI.
}
{fn id=31 title=
Ver la denuncia del diputado opositor Rabanal sobre la concentración de todos esos
organismos bajo una misma jurisdicción administrativa, Congreso de la Nación, Cámara de
Diputados, Diario de Sesiones, 24 septiembre 1954, pp. 1855-56.
}
{fn id=32 title=
H. Avni: op. cit., pp. 490-504; 1. Klich: op. cit., pp. 15-16, 28; María Barbero y María C.
Cacopardo: op. cit., p. 294.
}
{fn id=33 title=
Decreto 14882, 29 mayo 1947, Anales de Legislación Argentina, T. VII, Buenos Aires, 1957.
}
{fn id=34 title=
Mónica Quijada Maurino: op. cit., p. 65.
}
{fn id=35 title=
República Argentina, Congreso de la Nación, Cámara de Diputados, Diario Sesiones, t. I., 7
marco 1947, p. 139.
}
{fn id=36 title=
Víctor Vinelli: "El Problema de los Refugiados" en Inmigración, Dirección Nacional de
Migraciones, pp. 50-52, Buenos Aires, 1963.
}
{fn id=37 title=
El delegado de la DAIE en Génova, José Otero, se desempeñó después de 1948 como Jefe de Radicación en la DI. Entrevista a María Angélica Bobbio de Perreca y Ana Manusov,
funcionarias de la Comisión Católica Argentina de Migraciones, Buenos Aires, 3 septiembre
1992.
}
{fn id=38 title=
Según cifras de la IRO para el 30 de junio 1948, Argentina admitió 26.968 DPs; Brasil, 19.865
DPs; Venezuela, 12.101; Paraguay, 4.981; Perú, 2.127; Chile, 1.878; Uruguay, 780 DPs;
Colombia, 421 DPs; México, 313 DPs; Cuba, 355 DPs; Ecuador, 283 DPs; Guatemala, 20
DPs; República Dominicana, 131 DPs; Costa Rica, 148 DPs; Panamá, 151 DPs; Vinelli: op.
cit., p. 51; Senkman: op. cit., pp. 105-106; Central Zionist Archives (CZA), Jerusalem, ZA
2040: "Present Migration Possibilities of Jews in Central and South American Countries. A
Prefminary Study", World Jewish Congress, New York, 1950.
}
{fn id=39 title=
Archivo Ministerio Relaciones Exteriores y Culto, Buenos Aires (AMREyC) DCA, Exp.
176378/48. De Embajada Argentina en Roma al Ministro Relaciones Exteriores y Culto,
Roma, 9.6.1948; Exp. 177072/48, Nota del Director de la IRO para Zona Francesa de
Ocupación en Austria al Cónsul General Argentino en Génova, Imisbruck, 28.5.1948.
}
{fn id=40 title=
Informe sobre la Delegación Argentina de Inmigración en Europa, 1949. Preámbulo. Texto
mecanografiado. Biblioteca de la Dirección General de Inmigraciones. Agradezco a la Lic.
María Arriada, directora de la Dirección de Política Poblacional de la DI, haberme
permitido la lectura de este Informe inédito.
}
{fn id=41 title=
Dirección General de Inmigración, Memoria Anual 1950, Prólogo, 1.
}
{fn id=42 title=
Delegación Argentina de Inmigración en Europa, Dirección Nacional de Migraciones,
Secretaría Técnica, División de Coordinación y Enlace con la DAIE, Memoria 1953, la.
parte, Roma, 1954, foja 101.
}
{fn id=43 title=
Ibídem, Informe del Director de Extranjería al Secretario General de la DI, 13 enero 1953.
}
{fn id=44 title=
Dirección General de Migraciones, Memoria 1951, Religiones de los pasajeros entrados por
la vía de ultramar, la., 2a. y 3a. clase. Quinquenio 1947-1951, folio 81-82.
}
{fn id=45 title=
Memoria 1953, op. cit., Religión de las personas beneficiarias y de las denegadas-
desestimadas durante el quinquenio 1949-1953, folio 101.
}
{fn id=46 title=
Memoria 1951, op. cit., folio 83.
}
{fn id=47 title=
Memoria 1953, Introducción, folio 1. Esta prioridad del factor étnico vuelve a ser consagrado
en los objetivos previstos por el Segundo Plan Quinquenal, Cap. lObj., Esp. IE2, inc. a)
"Selección del aporte inmigratorio de acuerdo con sus características étnicas, ideológicas,
morales, profesionales, intelectuales, económicas y físicas. República Argentina, Segundo
Plan Quinquenal de la Nación, Argentina Presidencia de la Nación, Subsecretaría de
Informaciones, Bs.As., 1953, p. 47. Este segundo Plan Quinquenal dio preeminencia al
crecimiento vegetativo sobre el inmigratorio, orientando a los nuevos inmigrantes a regiones
infrapobladas.
}
{fn id=48 title=
Vinelli: op. cit., p. 53; Carlos Martí Buffil: Nuevas soluciones al problema inmigratorio,
Madrid, Cultura Hispánica, 1955, p. 256.
}
{fn id=49 title=
Archivo Dirección General de Migraciones (ADI), Reglamento Interno de la Dirección
General de Migraciones, 7 marzo 1950; Mónica Quijada Maurino: op. cit., p. 46.
}
{fn id=50 title=
ADI, Informe de la Dirección Nacional de Migraciones correspondiente al período
1950-1951.
}
{fn id=51 title=
AMREyC, División Política, Italia, Exp. 2/948, Nota confidencial del Embajador Rafael
Ocampo Giménez al Ministro Relaciones Exteriores y Culto, Roma, 15 mayo 1947.
}
{fn id=52 title=
AMREyC,DCA, Exp. 174125/48, Carta del director DCA, E. Campolongo, fechada el
21.4.1948, al Cónsul General en Londres. Agradezco a Ignacio Klich por haberme entregado
copia de este documento en poder de Pedro Catella, que no se encuentra en el AMREyC.
}
{fn id=53 title=
Mark Aarons and John Loftus: Ratlínes: How the Vatican's Nazi Networks Betrayed
Western Intelligence lo the Soviet, London, 1991, pp. 40-47; 48-49; 204-207.
}
{fn id=54 title=
Ibídem, pp. 204-205.
}
{fn id=55 title=
United States Nacional Archives RG59, FW800.0128/ 5-1547. Vincent La Vista to Herbert J.
Cummings, Rome, 15 May 1947, Report "Illegal Emigration Movements in and through
Italy". Agradezco a la directora del Archivo Yad Vashem, Jerusalem (YVA), haberme
facilitado copia del Informe, localizado en YVA P12/ 109.
}
{fn id=56 title=
Se discuten estos aspectos en la introducción de Ignacio Klich y Leonardo Senkman al libro
documental Perón, los Judíos y el Medio Oriente (1943-1955), Planeta, Buenos Aires (en
preparación).
}
{fn id=57 title=
Durante la visita a Buenos Aires del representante del HIAS de New York, Haim Shoskes, al
poco tiempo de la designación del nuevo director de la DI, Santiago Peralta, pareció que se
iba a autorizar permisos de ingreso a parientes de segundo grado. Pero estas expectativas no
se cumplieron, YIVO Archives, New York, HIAS XIII, 4-I8, Informe de Shoskes a HICEM
NY, diciembre 1945. Ibídem, Carta de Marc Turkow a Shoskes, Buenos Aires, 18 marzo
1946. Ver también el informe del presidente de SOPROTIMIS, Archivo Central Historia del
Pueblo Judío, Jerusalem (ACHPJ) HM/2/ 1425b, Acta 7.3.1946, pp. 45-46.
}
{fn id=58 title=
HIAS XIII, Informe de Marc Turkow a HICEM NY, Buenos Aires, 9 nov. 1946. Haim
Shoskes volvió a visitar a Peralta en agosto 1946, en su carácter de agregado a la UNRRA y
solicitó información para conocer la posibilidad de que ingresaran especialistas y artesanos
judíos. La respuesta fue negativa, dado que Peralta condicionó el oficio de los candidatos al
tipo antropológico deseable. Ver ACHOJ HM/2/1425b, Actas SOPROTIMIS, 5.8.1946.,
pp. 65-66.
}
{fn id=59 title=
AJC Archives YIVO NY, Informe de Máximo Yagupsky al AJC.
}
{fn id=60 title=
HIAS, XIII, Nota del director de SOPROTIMIS a Marc Turkow, Santiago, 12 marzo 1947.
Sobre la autorización para el desembarco de los refugiados del ss Campana y el uso político
de ese gesto humanitario, ver H. Avni: op. cit., pp. 502-503.
}
{fn id=61 title=
Jewish Telegraph Agency (JTA), New York, 12 diciembre 1949.
}
{fn id=62 title=
Ver Supra (33); HIAS XIII, Informe de Shoskes a Assofsky HIAS NY, Barranquillas, 5
mayo 1947. En este informe, Shoskes provee evidencias concretas sobre amenazas de
expulsión de Peralta contra un industrial judío, alertándolo a "que empaquetara sus
pertenecencias mientras todavía haya tiempo. Ver testimonios de la judeofobia de Peralta en
Universidad Hebrea de Jerusalén, Instituto Judaísmo Contemporáneo, Division Oral
History, 93 (171).
}
{fn id=63 title=
A pesar del desmentido del canciller Bramuglia de la inexistencia de circulares secretas contra
inmigrantes judíos, ver prueba de lo contrario en AMREyC, Exp. 1741255/48, del director de
la División Contención Administrativa al Consulado en Londres, 21 abril 1948.
}
{fn id=64 title=
Klich: ibídem, 28; HIAS XIII, Informe de M. Turkow a Dijour, Buenos Aires, 15 mayo 1947.
}
{fn id=65 title=
Actas SOPROTIMIS, 6 julio 1948, pp. 54/55.
}
{fn id=66 title=
AMREyC, Departamento Política, Exp. 21/1948, Circular Reservada N. 84 A y Circular
Ampliatoria N. 06-A, 1948; los convenios firmados por Argentina fueron con los siguientes
países: Checoslovaquia (junio 1947); Rumania (octubre 1947); Hungría (julio 1948); Polonia
(diciembre 1948) y Bulgaria (julio 1949), que preludiaron los acuerdos comerciales con la
U.R.S.S. de 1955. Ver Mario Rapoport: Política y Diplomacia en Argentina, Buenos Aires,
1987, pp. 47-48.
}
{fn id=67 title=
Informe de Actividades de la DAIA en el Ejercicio Marzo 1948-Marzo 1949, Archivo DAIA;
JTA, 31 marzo 1949.
}
{fn id=68 title=
Ver sobre los orígenes y la actuación de la Organizacion Israelita Argentina, Leonardo
Senkman: "El Peronismo visto desde la Legación Israelí en Buenos Aires: sus relaciones con
la OIA, 1949-1954", Judaica Latinoamericana II, AMILAT, Jerusalem, 1992, pp. 187-207.
}
{fn id=69 title=
Ver la solicitada de OIA en Di Idishe Zeitung, 6.10.1948; JTA, 5 noviembre 1948; Archivo
YIVO Buenos Aires, Caja OIA, Circular de OIA para promover afiliaciones y donaciones,
fechada noviembre 1948, firmada por su secretario, Pablo Manguel, y su presidente, Sujer
Matrajt.
}
{fn id=70 title=
JTA, 24 julio 1949; la Memoria de SOPROTIMIS correspondiente al año 1948, a pesar que
equiparaba la importancia de la amnistía en favor de los judíos con el otro acontecimiento de
aquel año, la creación del Estado de Israel, concluía pesimista porque "continúa bloqueada
toda aspiración a una inmigración judía a la Argentina", Memoria, pp. 91-92.
}
{fn id=71 title=
El decreto de amnistía sancionado el 8 de julio 1949 se prorrogó otros 19 meses a través de los
decretos N. 24.666 del 4 octubre 1949, N. 12.369 del 17 junio 1950 y N. 25.950 del 6 diciembre
1950, ver Susana M.Sassone: "Migraciones Ilegales y Amnistías en la República Argentina",
Estudios Migratorios Latinoamericanos, 6-7, agosto-diciembre 1987, pp. 249-289.
}
{fn id=72 title=
Congreso de la Nación, Cámara de Diputados, Diario de Sesiones, sesión 11 mayo 1949, pp.
135-137. El diputado Mauricio Yadarola elevó un proyecto resolución para que el Ministro
de Relaciones Exteriores informara, entre otros asuntos, de su conocimiento del arribo de
grandes jerarcas del fascimo italiano (Divo Grandi, Carlos Scorza); previamente había
denuciado que muchos ex colaboracionistas fueron empleados como técnicos en la Fábrica
Militar de Aviones e Instituto Aerotécnico de Córdoba (p. 136). Ver también en Diario
Sesiones del 30 mayo 1951, p. 204, proyecto de resolución del diputado Reynaldo Pastor
sobre gestiones del gobierno yugoslavo para obtener la extradición de súbditos declarados
criminales de guerra.
}
{fn id=73 title=
C.C. Aronsfeld: "The Ambitions of General Peron, four-in-hand with Jews and Nazis", The
Rebrew Standard, 4.11.1949. Las últimas investigaciones han probado la responsabilidad del
gobierno de EE.UU. en la implementación de proyectos vinculados al operativo Paperclip,
que trajo a centenares de científicos comprometidos con los nazis y miles de técnicos
dependientes suyos a trabajar a centros científicos y académicos de los EE.UU.,
comprometiendo a varios países, entre ellos Argentina; ver Linda Hunt: Secret Agenda, The
U.S. Goverment, Nazi Scientist, and Project Paperclip, 1945-1990, New York, 1991, ch. 9,
"The Argentine Connection" y el citado libro de Mark Aarons and John Loftus: op. cit., para
conocer la responsabilidad anglo-americana en la fuga de criminales de guerra y
colaboracionistas también a América Latina durante la Guerra Fría.
}
{fn id=74 title=
Discutimos los alcances de la reforma constitucional en Ignacio Klich y Leonardo Senkman:
op. cit. (introducción).
}
{fn id=75 title=
HIAS XIII, Informe de Shoskes a Assofsky, Buenos Aires, 10.7.1947.
}
{fn id=76 title=
Central Zionist Archives (CZA), Jerusalem, Z6,2040, "Present MiRration Possibilities of
Jews in Central and South American Countries. A Preliminary Study", WJC, NY, 1950.
}
{fn id=77 title=
Neue Zeitung, Frankfurt, March 4,1951; Die Welt, Hamburg, July 21, 1950; Leonardo
Senkman: "Las relaciones EE.UU.-Argentina y la cuestión de los refugiados de la Post-
Guerra. 1945-48. on. cit_. n. 106.
}
{fn id=78 title=
CZA, Z6 2040, "A Preliminary Study", op. cit.
}
{fn id=79 title=
Ray Josephs: "Hitler Wins in Latin America", The National Jewish Monthly, May 1945, pp.
270/71, Linda Hunt: ibídem, Marks Aarons and John Loftus: ibídem.
}
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