Procesos de fundamento desarrollados en Uruguay en el período de la crisis
de los años 30 y la Segunda Guerra Mundial, y su vertebración con los
acaecidos a nivel internacional, configuran la trama de temas, dilemas y
valoraciones que el autor plantea en esta obra. La focalización del estudio en
este país, que se sobrepuso al régimen autoritario y a la quiebra de estructuras
derivada de la Depresión, y que se destacó por las posiciones políticas y
conceptuales democráticas que asumió durante la conflagración mundial,
subraya el interés que despierta el presente análisis. Las coordenadas que lo
sustentan son: el desarrollo económico del Uruguay, la actuación de sus
gobiernos y partidos en materia económica y política, la influencia ejercida por
los Estados hegemónicos en dichas áreas, y la ingerencia que sobre la
estabilidad o el disloque del régimen institucional del país tuvieron los altos y
bajos de su economía.
La exportación agropecuaria y la inversión de capitales extranjeros
constituyeron factores sustanciales de la economía del Uruguay, alterándose
por ello el progreso producido en el país en los años previos a la Depresión, al
entrar su actividad en receso cuando las condiciones de sus compradores e
inversores principales deterioraron. No era dable, afirma Oddone, asegurar
una linea sostenida de desarrollo en base a la exportación de materias primas,
porque el sistema dependía de las variantes de un mercado internacional
imprevisible.
Las relaciones económicas establecidas por Uruguay con Gran Bretaña eran
preferenciales desde los primeros decenios del siglo pasado, y también en los
años 30; las que mantenía con Estados Unidos, en alza desde la Primera
Guerra Mundial, alcanzaron por aquellos años montos de significación. El
autor realiza un minucioso examen al respecto, del cual anotaremos ciertos
aspectos relevantes en el contexto de las proyecciones que en el país tuvieron
dichas vinculaciones.
Gran Bretaña y Estados Unidos fueron compradores importantes de
productos agropecuarios e invirtieron en servicios públicos, frigoríficos y
bancos. Gran Bretaña invirtió, además, en tierras y Estados Unidos en grandes
empresas industriales. Ambos países suministraron empréstitos
gubernamentales. Los conductores de la política económica del Uruguay
auspiciaron estas actividades, por considerarlas factores de dinamización, en
tanto los recursos del mercado local deterioraron como consecuencia de la
retracción de compras y la imposición de barreras proteccionistas que Gran
Bretaña y Estados Unidos adoptaron durante los años de crisis. La baja afectó
principalmente a las ramas agropecuarias - a hacendados como a
trabajadores del campo - y al comercio mayorista importador, mientras que
las medidas de protección a la industria aplicadas por el gobierno no lograron
obviar la desocupación y las huelgas masivas. El decrecimiento del poder
adquisitivo de los sectores asalariados y de clase media causó estancamiento y
quiebras en el comercio minorista. En circunstancias tales de fractura
económica y social, se produjeron también cambios sustanciales en la vida
institucional del país. El Poder Ejecutivo estaba constituido en esa época por
un colegiado, el Consejo Nacional de Administración, con representantes de
los dos grandes partidos: el Colorado, liberal (aunque incluía también sectores
de derecha), y el Blanco, nacionalista y conservador. Las disensiones
partidarias, así como las dificultades que enfrentaba el país, expusieron al
Consejo a críticas de inoperancia. En marzo de 1933 asumió la presidencia, por
vía electoral, el Dr. Gabriel Terra, candidato del partido Colorado, con el
apoyo de la fracción batllista (adeptos de José Batlle, líder de arraigo) del
partido, detentora de influencia decisiva en sus filas y en la gestión
gubernamental previa. Dos años después, el 31 de marzo de 1933, Terra daba
un golpe de Estado e imponía nuevas formas de gobierno: la dictadura. El
Presidente decretó la disolución del Consejo y el cierre de las Cámaras, a la vez
que fueron suspendidas libertades individuales y proscriptas las actividades de
la oposición, en especial las de los sindicatos obreros alineados con el
comunismo. Una nueva Constitución, aprobada en 1934, suplantó la
Constitución de cuño liberal de 1919.
El estudio correlaciona los efectos de las condiciones económicas de la crisis
con la desestabilización institucional, abordando la actitud de los partidos
políticos uruguayos respecto de la dictadura, a la vez que examina los criterios
defendidos por la opinión pública democrática contraria a dichos cambios, e
igualmente aquéllos sostenidos por los sectores políticos y económicos que
apoyaban al gobierno. Asimismo anota coincidencias habidas entre medidas
que el régimen de Terra puso en práctica y su ajuste con el fascismo. Por
último, concluye que "en términos comparativos, las consecuencias de la
Depresión fueron en el Uruguay menos duraderas y devastadoras que en otros
países de América Latina" (Cap. 2, p. S0).
Después de analizar posiciones de nacionalismo económico y de
centralización . estatal promovidas por el régimen battlista (liberales, como
antes indicamos), Oddone sostiene que "en lo esencial, las actuaciones de Terra
no rectifican la orientación dirigista del Consejo de Administración", por él
depuesto (Cap. 3, p. 56). Al examinar la política de comercio exterior del
gobierno de Terra, señala que, en búsqueda de revitalización, diversificó él
mismo el mercado de intercambio comercial: lo mantuvo con Gran Bretaña, lo
amplió en gran medida con Estados Unidos (con la firma de un acuerdo en
1934) y lo encaminó con el Tercer Reich (acuerdo convenido en 1933),
empleando el sistema de trueque y compensaciones de pago manejado por
Alemania, que cubrió montos de importancia. Con respecto a lo último, dice el
autor que "las circunstancias que en el caso uruguayo presiden la penetración/
comercial/ alemana, la vuelven poco menos que ineludible" (Cap. 3, pp.
70-71). En cuanto al fascismo, que gozaba de simpatías en los círculos
gobernantes, no le atribuye el autor peso decisivo en los mismos, aun
señalando la existencia de lazos ideológicos comunes, el aumento en las
campañas antisemitas que el gobierno tolerara, las disposiciones
discriminatorias de inmigración que decretara y su oposición radical al
comunismo, y sin omitir el enfrentamiento a dichas posiciones oficiales
instrumentado por instituciones anti-fascistas que activaron en diversos
sectores e influyeron en la opinión pública del país.
Así, pues, la erosión de las normas democráticas durante el régimen
dictatorial, la promoción de la imagen del régimen nazi asociada al
intercambio comercial y la oposición anti-fascista son evaluadas en la obra
según un enfoque que deslinda las fuerzas económicas y políticas actuantes en
el Uruguay durante la crisis. Oddone encara la dinámica de ambos campos y
llega a conclusiones no comprometidas con alineamientos de acuerdo a
regímenes de gobierno.
El país puso fin al régimen dictatorial por vías del sufragio (muy a la
uruguaya, diríamos): el Presidente, Gral. Alfredo Baldomir (Colorado,
candidato de Terra), electo en noviembre de 1938, y su gobierno, encauzaron la
transición hacia la democratización. La conflagración mundial y el apoyo que
la mayoría partidaria y de opinión pública brindó a la apertura se conjugaron
en el proceso. La política de este gobierno y del que le sucedió, presidido por el
Dr. Juan José Amézaga, fue pro-aliada, estrechamente identificada con el
panamericanismo de guerra, y reintegró las libertades públicas, adoptando
medidas de nivelación entre los sectores económico-sociales de la población.
La Constitución aprobada en 1943 bajo la presidencia de Amézaga, que
suplantó la de 1934, consolidó el régimen institucional democrático.
El proceso fue conflictivo. La oposición, encabezada por el ala del Partido
Nacionalista, cuyo dirigente principal era el Dr. Luis Alberto de Herrera,
enfrentó durante todo el período de la guerra a ambos gobiernos y a los
partidos que los apoyaban, imprimiendo a sus críticas un carácter tenaz y
sostenido. El Partido Herrerista (Blancos) abogaba por una política de
neutralidad en el conflicto mundial y se opuso a la intervención del Uruguay en
el alineamiento de defensa continental, aduciendo que Estados Unidos ejercía
ingerencias políticas y económicas en el país por medio del sistema
panamericano. En el contexto de la lucha que se desarrollaba, estas posiciones
fueron juzgadas como pro-nazis por quienes sostenían que las agresiones del
Eje y su peligrosidad exigían la mancomunidad de acción en su contra.
También en materia de política económica se produjeron disensiones serias
entre el gobierno y la oposición: el herrerismo era libre-empresista y, junto al
sector agropecuario, alegó razones de critica a la protección de la industria
adoptada.
Estos desarrollos y sus proyecciones políticas e ideológicas son planteados en
la historiografía del Uruguay referida a dicha época
[
1] . Al estudiar Oddone la
problemática de los mismos y sus tensiones intrínsecas, perfila carices que el
investigador debe tener en cuenta.
Así, respecto de la neutralidad, anota el autor diferencias de carácter con la
posición neutralista argentina, que ayudan a entender la entidad que la misma
tuvo en Uruguay: "la neutralidad uruguaya - dice - traslucía un oficioso
alineamiento junto a las democracias liberales, postura mayoritaria no sólo en
las esferas de gobierno sino que también expresaba un extendido sentimiento
entre la población" (Cap. 9, p. 203); en Argentina, por el contrario, "encubría
las simpatías progermánicas fascistizantes que alentaban en el gobierno y en
filas del ejército sobre todo" (Cap. 9, p. 202). Considera (Cap. 9, pp. 207-208)
que las proporciones de la infiltración nazi y de la "quinta columna" en el
Uruguay fueron más limitadas que las que los medios políticos y la opinión
general de la época les atribuyeron y señala que "las propias brutalidades del
nazismo y sus métodos de exterminio ... contribuyeron a exacerbar e
irracionalizar los sentimientos hostiles al Eje" (Cap. 9, p. 208). Las fuentes
históricas testimonian emprendimientos de gravedad
[
2] y asimismo sugieren que
las medidas tomadas por el gobierno y la legislatura del país - aquéllas que
Oddone menciona y otras adoptadas durante la guerra -, junto a la actitud de
alerta de la población y la propia marcha del conflicto debilitaron
efectivamente, desde 1942, las posibilidades de dicha infiltración.
El examen que la obra dedica a la economía de guerra en Uruguay indica las
vías por las cuales su relacionamiento con Estados Unidos fue suplantando la
tradicional prioridad británica en el mercado local, configurando el fin de un
ciclo de influencias hegemónicas e inaugurando uno nuevo: Oddone confiere
gravitación decisiva a la asociación económica del Uruguay con Estados
Unidos en el encauzamiento de su política exterior en general y la que propulsó
en los organismos del sistema panamericano en particular. Aun tomando en
consideración que los acuerdos firmados por Uruguay con Estados Unidos
abarcaron áreas vitales para su economía - el autor indica facilidades para la
exportación, empréstitos y asistencia técnica - y que dicha situación podría
encararse como una de "dependencia sin opciones", se plantea una pregunta
que tiene tanta vigencia hoy como en la época misma: qué peso tuvieron las
convicciones políticas en dicho alineamiento político-económico, dado que el
elemento conceptual fue normativo en las actitudes que Uruguay asumió
durante la guerra.
Por último, falta mencionar que un anexo de fuentes documentales incluido
en el trabajo aclara y amplia temas abordados en el mismo.
Se trata, pues, de un examen sólidamente estructurado, que estimula la
dilucidación de dilemas y la continuación de la investigación histórica de temas
que, como los económicos, siguen teniendo una significación especial en el
desarrollo del Uruguay. Su aporte es valioso, también, para el estudio
comparativo de procesos acaecidos en América Latina durante el período de
referencia.