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El discurso educativo en la transición democrática en Paraguay
Batia SiebzehnerInstituto Truman, Universidad Hebrea de Jerusalén
La transformación política que atravesó el Paraguay en la última década fue
acompañada por una búsqueda de transformación cultural. La convergencia entre
lo político y lo cultural parece estar conectada con la manera de definir no
sólo el carácter ideológico del nuevo programa, sino también con la definición
de los criterios específicos de acceso a la esfera pública y con los modos de
interacción entre individuos, grupos e instituciones. [1]
En todo proceso de transformación, la esfera educativa tiende a manifestar
claramente las tendencias de cambio. A la educación se asigna un importante rol
en la reestructuración de las ideas y las prácticas del orden social. Las
agencias educacionales actúan como transmisoras de nuevas nociones mientras
readecúan paulatinamente los arreglos existentes. La readecuación al cambio
implica la transformación de los discursos, los contenidos y las metodologías
educativas. [2]
Dentro de este proceso, las instituciones educacionales desarrollan la
capacidad de actuar como mediadoras entre conflictos estructurales existentes y
emergentes. El presente trabajo intenta analizar algunos de los cambios
elaborados en el discurso educativo del Paraguay durante el proceso de
transición del régimen dictatorial al democrático y así iluminar la dinámica
establecida entre componentes culturales y políticos en este proceso.
Bajo el régimen dictatorial del general Stroessner (1935-1989), el sistema
educativo paraguayo estaba orientado por estrategias que asumían una fuerte
base de homogeneidad entre los diferentes grupos de la población. Tales
estrategias reforzaban la idea de nacionalidad en términos de unidad e
identidad cultural común. Los mensajes trasmitidos mediante el sistema, así
como la estructura misma, reflejaban la idea de inclusión elaborada por el
Ejecutivo. La práctica discursiva elaborada durante el proceso de transición al
régimen democrático visualiza la creación de una nueva identidad cultural
basada en la "igualdad de diferencias". El concepto de homogeneidad,
implementado por el régimen anterior, fue reemplazado por el concepto de
pluralidad lingüística y étnica. Este discurso, elaborado por los agentes
activos en el proceso de transición, fue orientado a construir un concepto de
nacionalidad que enfatiza más los componentes culturales que los componentes
políticos de la identidad colectiva. Dentro del mismo discurso se asume que la
legitimidad e inclusión de las diferencias culturales en un marco común
refuerzan la solidaridad colectiva. Esto posibilitaría ampliar la base de la
mobilización social, la integración y participación de grupos marginales de la
población en el nuevo orden político. En este proceso fueron movilizados los
sentimientos nacionales, basados en las características primordiales que
diferencian al Paraguay de las restantes naciones hispanoamericanas.
Una de las divisas cruciales movilizadas en la construcción de nuevos lazos
de solidaridad social y de modos de participación política fue el concepto de
bilingüismo. Específicamente, la coexistencia del español y el guaraní como
lenguas poseedoras del mismo valor pragmático y simbólico dentro del sistema
educativo fue considerado un mecanismo crucial en la ampliación de la base, la
cohesión, el apoyo y la cooperación nacional. El concepto de bilingüismo se
transformó así en un componente básico de la nueva práctica discursiva dirigida
a modelar la identidad colectiva bajo el nuevo régimen político. El intento de
cambiar el "paradigma hegemónico" de la identidad cultural por el "paradigma
bilingüe" parece haber contribuido a remodelar simbólicamente el modo de
participación en la esfera pública. [3]
Este cambio correlacionado con la transformación de la práctica educativa
parece, sin embargo, haber afectado sólo marginalmente la construcción del
conocimiento. La práctica educativa emergente indica una continuidad en los
significados, atribuidos tanto al conocimiento como a las modalidades de su
elaboración.
La educación como práctica de inclusión
Desde 1954 hasta 1989, el Estado paraguayo era sinónimo con el entonces
presidente Alfredo Stroessner y con el aparato del Partido Colorado. [4]
En los años anteriores al ascenso de Stroessner a la presidencia, el país se
había caracterizado por un estado político casi caótico, causado por las luchas
por el poder. A Stroessner se le atribuyó el haber logrado la amalgamación de
la nación paraguaya, al mismo tiempo que consolidaba su propia posición
política.
El discurso y la práctica educativa del Paraguay bajo el régimen de
Stroessner reflejaban un concepto de nacionalidad que trascendía
particularidades y diferencias. Este concepto asumía que la solidaridad
nacional debía ser creada a través del énfasis puesto en los elementos comunes
de los grupos sociales y en el pasado histórico en el cual se formó la nación.
Los héroes que sacrificaron sus vidas en las distintas guerras patrias (Triple
Alianza, 1864-70; Chaco,1932-35) constituían en los programas de estudio
símbolos de movilizacion de los elementos de solidaridad y comunidad. De esta
manera se le atribuía a la educación la responsabilidad de "mantener y promover
los ideales básicos que dieron surgimiento a la nación", mediante los maestros
que debían ser preparados para "evaluar y promover el sentido de nacionalidad,
alentar el conocimiento, el respeto y el amor por la Patria y su historia,
tradiciones y costumbres". [5]
El Decreto 38454, dictado por el Poder Ejecutivo en 1983, definía como una de
las metas principales de la educación paraguaya el poder lograr "...que el
hombre cultive un sano patriotismo, basado en el respeto y venericidad de los
valores históricos, fortalezca la conciencia nacionalista, enriquezca los
sentimientos que identifican al ser paraguayo, para mantener y defender la
autonomía, la seguridad y la soberanía de la nación". A través de la
interpretación del pasado en términos de cohesión y unidad, se asumía también
la idea de homogeneidad cultural.
La expansión del sistema educativo bajo el régimen dictatorial se
caracterizó por la inclusión paulatina de grupos rurales y urbanos, un proceso
impulsado por el gobierno mismo y en respuesta a tendencias genéricas de
modernización y cambio. [6]
La tendencia de centralización, tanto a nivel pragmático como simbólico,
contribuyó a institucionalizar la marginalización de diferentes grupos dentro
del sistema educativo, a pesar de su relativa expansión. Esto se pone de
manifiesto, por ejemplo, en la manera diferencial de desarrollo de la enseñanza
primaria y la media. A pesar de la relativa expansión de todo el sistema, la
población rural, que constituía el 60 % del total, participaba en la educación
media sólo en un 6,4 %. [7]
El escaso desarrollo de mecanismos de absorción diferencial dentro del
sistema educativo parece haber sido compensado, durante el régimen autoritario,
por el realce de las bases simbólicas que reforzaban la identidad entre la
fuerza política, el Estado y la sociedad. Esta tendencia le atribuía al Poder
Ejecutivo la capacidad de institucionalizar cambios sociales y políticos,
minimizando las posibles controversias en la definición de las metas y valores
colectivos. Uno de los elementos claves en la movilización de los sentimientos
de solidaridad era el énfasis en el mantenimiento de la paz y el orden, en pro
del bienestar común y en contraposición a períodos anteriores, caracterizados
por luchas internas y conflictos. Esto implicaba reforzar al Presidente como el
eje central, tanto en la consolidación de los lazos entre la estructura de
poder y los ciudadanos como en la trasformación de los individuos en un todo
colectivo (whole). [8]
Tal concepto se puso de manifiesto en la Constitución paraguaya de 1967, con su
reforma en 1977, que se caracteriza "por una pronunciada hegemonía del Poder
Ejecutivo sobre el Legislativo y el Judicial, quebranta el principio
republicano de equilibrio e interpendencia de los poderes de Estado, alejando
así a esta Constitución delo que se entiende por constitucionalismo liberal". [9]
La identificación del Ejecutivo con el orden políticoy cultural justificaba
su intervención directa en los contenidos y prácticas educacionales. Así, en el
Plan de Educación Primaria (1969-1980) se estipulaba que "El Gobierno Nacional,
a través del Ministerio de Educación y Culto, viene realizando un sostenido
esfuerzo para ofrecer más y mejores oportunidades educativas. Consciente de esa
responsabilidad ... ha realizado una evaluación de los logros obtenidos hasta
la fecha ... a los efectos de ... proponer nuevas soluciones a través de un
Plan realista de acción, enmarcado en el contexto de la política nacional del
Gobierno". [10]
Esta tendencia estaba basada en una idea de ciudadanía extendida a toda la
población y basada en lo general, opuesto a lo particular, es decir, abocada a
reforzar lo que los ciudadanos tienen en común y no en lo que difieren.
Consecuentemente, las regulaciones y símbolos se aplicaban de manera similar a
todos, enfatizando lo que los ciudadanos tienen en común dentro del marco de la
nación-estado. Entre los principales objetivos del Plan se consideraba
necesario "revisar y ajustar progresivamente el Plan y Programas de estudio
conforme a los objetivos de la enseñanza primaria y su adecuación a las
necesidades nacionales y regionales". [11]
La política educativa seguía así los pasos de la política de desarrollo
general, evitando "...que la educación pueda jugar un papel autónomo en cuanto
a inducir cambios o, al crear un mayor desarrollo del orden cultural en
relación con el económico y político...". [12]
La concentración de Poder en el Estado y la permanencia de un mismo régimen de
gobierno por varias décadas realzaba el papel rector del Ejecutivo en la
definición y desarrollo del estilo educativo. [13]
De ahí que la lealtad al colectivo fuese fácilmente identificada con la lealtad
al Presidente. [14]
Así se reforzaba no sólo su permanencia en el poder, sino también la visión de
una sociedad homogénea e inclusiva. [15]
Hacia la transición y el cambio: el idioma como fuente de solidaridad colectiva
El cambio producido por el golpe de estado que derrocó al general Stroessner
en 1989 representa lo que Stepan analizó como un caso de liberación política
iniciado por un segmento dentro del régimen mismo, en este caso una sección del
ejército. [16]
De ahí que durante el período de transición, hasta la primera elección
democrática en 1992, no se desarrollaron estrategias educacionales específicas.
Muchos de los "ideales" educacionales expresados en las propuestas formuladas
durante la transición y bajo el primer régimen electo reflejan las tendencias
elaboradas por miembros de la sociedad civil que activamente participaron en el
proceso de transición.
De una manera genérica, se puede decir que las propuestas de cambio
educacional elaboradas en Paraguay se asimilan en ciertos aspectos a las de los
demás países latinoamericanos. Como en esos países, el discurso educativo se
caracterizó por la adopción de modelos y paradigmas procedentes de Europa y de
los Estados Unidos. La relevancia de estos modelos (tales como incorporación
política, recursos humanos, reproducción, desarrollo) tuvieron corto alcance y
fueron rápidamente reemplazados, sin haber resuelto los problemas para los
cuales habían sido importados. [17]
Todas las propuestas hacen referencia al avance de la democracia; a la
necesidad de mejorar el sistema educativo en base a la igualdad de
oportunidades; al refuerzo de los lazos entre el desarrollo económico y social
y la educación; al fortalecimiento de la identidad nacional; a la expansión de
la educación preescolar como medio de adelanto de la sociedad en su conjunto; a
la enseñanza y el desarrollo de la ciencia y la tecnología y demás. Ellas se
refieren, al igual que en otros países, tanto a la necesidad de mejorar el
proceso de capacitación de maestros como a la de disminuir la repetición y
deserción escolar, como condiciones básicas para el cambio. [18]
Sin embargo, el discurso educativo en Paraguay desarrolló características
singulares que reflejan el extenso carácter bilingüe del país. En su aspecto
más comprensivo, este discurso fue impulsado por la tendencia a disminuir la
marginalización en el dominio público de la población monolingüe guaraní
(idioma local). [19]
Estos grupos, que constituyen más del 40 % de la población, habitan mayormente
en las áreas rurales (60 %) y en las zonas marginales de las ciudades.
Paraguay es el estado bilingüe más estable de América Latina. El uso del
guaraní y el español como lenguas generales lo diferencia de otros países,
tales como Guatemala o Bolivia, donde la lengua de la población indígena es
considerada uno de los mayores componentes mediante los cuales ellos luchan
para proteger su propia identidad cultural. En este intento de disminuir el
espacio superpuesto (overlap) entre el español y las lenguas aborígenes,
el idioma mantiene también diferentes marcos de valores y concepciones de
mundo, dentro del espacio de la misma nación-estado. [20]
En Paraguay, donde el lenguaje indígena vive junto al español como un vehículo
efectivo de comunicación nacional y popular, el discurso de la post-dictadura
asume valores compartidos dentro del colectivo nacional. El discurso estaba
orientado a realzar la base cultural común que unifica al 50 % de la población
bilingüe. [21]
Esta orientación refleja la continuidad de una tradición histórica en la que el
español y el guaraní crearon una cierta reciprocidad, sin necesariamente haber
creado una síntesis. [22]
La inclusión de componentes idiomáticos diferenciales --español y guaraní--
en las nuevas propuestas educacionales agudizó, a su vez, tensiones entre
tendencias culturales particularistas y universalistas. Estas tensiones
contribuyeron a modelar ideales educacionales alternativos, muchos de los
cuales se manifestaban en la construcción del concepto de identidad nacional. [23]
El guaraní, al igual que el carácter pluricultural del Paraguay, se transformó
en un mecanismo mediador entre las identidades particulares y los objetivos
colectivos. [24]
En otras palabras: el idioma aparece como factor esencial en la construcción
simbólica del colectivo, ya que "...la lengua y la cultura guaraní es el
componente principal de la nacionalidad, que brinda la posibilidad de ser un
país independiente dentro del continente americano". [25]
Los objetivos y aspiraciones del Plan Educacional expresaban el concepto de
multiculturalismo, establecido en el artículo 140 de la Constitución promulgada
en 1992 por el gobierno electo de Juan Carlos Wasmosy, que declaraba que
"Paraguay es un pais bilingüe y pluricultural. Sus lenguas oficiales son el
español y el guaraní. La ley establecerá las modalidades para el uso de cada
una de ellas. Los lenguajes indígenas, al igual que los de otras minorías, son
parte del patrimonio cultural de la Nación". En la práctica, esto requería
desarrollar mediante la educación la capacidad de "expresarse y comunicarse
fluidamente en guaraní y castellano", así como "leer y escribir con
comprensión" ambos idiomas. [26]
La reforma educacional propuesta por el Congreso Nacional de Educación en
1992 anticipaba que la responsabilidad histórica del individuo paraguayo
requiere, además de la formación de la conciencia personal y del espíritu
crítico, la de "...la responsabilidad y el sentido de pertenecer a una sociedad
pluriétnica y pluricultural". [27]
La implementación de esos conceptos en la esfera educativa asume la
internalización de valores que desarrollarán la capacidad de establecer "un
espacio de encuentro entre los hombres", en el cual se pudiesen elaborar "...el
disenso y el reconocimiento del otro, como otro en el encuentro...". [28]
En este contexto se le atribuye al Estado un rol decisivo en la promoción de la
planificación lingüística, ya que "el status lingüístico está dado por
la decisión gubernamental o de otros poderes similares... El gran desarrollo
del corpus lingüístico del guaraní precisa ser respaldado por las decisiones y
políticas del Estado de manera que evite los conflictos entre los dos tipos de
planificacón". [29]
Así, la ley 1264 promulgada por el Poder Legislativo en 1998 reitera como uno
de los fines del sistema educativo nacional "la formación en el dominio de las
dos lenguas nacionales". [30]
La práctica educativa entre la formación colectiva y el conocimiento individual
La construcción del guaraní como un mecansimo de mediación entre el
individuo y la colectividad se manifestaba no sólo a nivel de reformulación de
la identidad nacional, sino también a nivel de la participación en la esfera
pública. La mayoría de las expresiones culturales del Paraguay reflejaba una
mayor apreciación del guaraní por individuos que por instituciones. [31]
Los grupos que se unieron al Estado en la reconstitución de la esfera pública
proponían la reelaboración de las reglas de participación de lo privado en lo
público, lo que implicaba una redefinición de los programas culturales formales
e informales.
Se puede decir, como generalidad, que para el 89% de la población que habla
guaraní, el español es el lenguaje de la esfera pública, mientras que el
guaraní es el lenguaje de la esfera privada. Todos los medios de comunicación,
a excepción de algunos espacios en la radio tales como propagandas, saludos
personales y algunos programas musicales con cantos folclóricos, son
transmitidos en español. No existe ni televisión ni diarios escritos en su
totalidad en guaraní, y sólo algunas columnas periodísticas son publicadas en
guaraní por algunos semanarios. De ahí que en el programa de "Oficialización de
la lengua guaraní", elaborado durante el período de transición, se consideraba
la necesidad de regular "...el uso del guaraní en los medios de comunicación, y
se reconoce el derecho a ser informado en guaraní. Se deberán adoptar medidas
de promoción y protección de la lengua nativa en la radiodifusión, prensa,
medios de reproducción de imagen y sonido". [32]
Todos los documentos públicos, incluyendo la Constitución, los procedimientos
legales, los contratos y los signos de las calles, están escritos en español.
Las oficinas públicas y la legislatura conducen sus asuntos en este idioma. Por
lo tanto, el mismo Programa de oficialización planteaba la necesidad de adecuar
el ordenamiento público y la actuación de los poderes políticos al uso de la
lengua guaraní. [33]
La mayoría de las relaciones personales, los cantos y los entretenimientos,
se expresan en guaraní, tanto por los grupos monolingües como por los bilingües.
Esto contribuyó a confinar esta lengua a la esfera privada y a realzar su
simbolismo como "el corazón de la nación" o "el verdadero alma del pueblo". El
orgullo por el idioma nativo "se manifiesta frecuentemente en elogios
ditirámbicos sobre la excelencia de la lengua en sí, sus onomatopeyas, sus
cualidades poéticas, su precisión gramatical: criterios que responden sobre
todo a la precisión de los sentimientos". [34]
El guaraní, además de distinguir al Paraguay de los países vecinos, se
constituyó en el símbolo más estable de continuidad cultural e histórica. [35]
En lo pragmático, la introducción del guaraní en el sistema educativo parece
enfrentarse con un tipo de problemática que concierne directamente tanto el
método como el contenido de la enseñanza. El desarrollo del guaraní se
caracteriza por la producción oral, más que por la escrita. Además, no existe
un consenso amplio sobre cuál es el guaraní correcto, ya que en contraposición
a lo aceptado como lengua, que es sistema y norma, "...el guaraní paraguayo no
encuentra por ahora una estructura y unos modelos a los que pueden referirse
con seguridad y a gusto". Como lengua oral, el guaraní parece haber desembocado
en un estado de lengua perfectamente adecuada para la comunicación oral por su
adaptación al contexto socio-cultural, flexibilidad, riqueza expresiva y
creatividad. [36]
Como lengua escrita, hay poca coincidencia entre el habla coloquial y las
diferentes gramáticas y diccionarios, que no consiguen sistematizar un guaraní.
Además, al lado del guaraní paraguayo ha surgido una tercera lengua, el
jopara, que mezcla el español con el guaraní y que tiende a confundir y
amalgamar sistemas, sin una codificación clara. [37]
Los documentos escritos que parecen reflejar más claramente el desarrollo de
la lengua guaraní fueron conservados en los proverbios o refranes, cuya
recopilación está aún en proceso de elaboración. Las composiciones destinadas a
la música y al canto y el teatro aparecen también como fuente escrita de
recuperación de la verdadera oralidad del pueblo, que es, de acuerdo a Roa
Bastos, "el único lenguaje que no se puede saquear, robar, repetir, plagiar,
copiar". [38]
Dentro de este contexto se encuentran las dificultades en la sistematización de
la enseñanza del guaraní de una manera equivalente al castellano y a pesar de
la promulgación de la ley que estableció el guaraní y el castellano como
idiomas oficiales.
Los distintos grupos que promueven la implementación de un programa bilingüe
le atribuyen a la enseñanza del guaraní un rol crucial en la eliminación del
analfabetismo, la deserción y el ausentismo, que casi paralizan el sistema
educativo, especialmente en las zonas rurales. Una de las premisas básicas de
estas propuestas es que el enseñar al niño guaraní en su lengua materna
facilitaría el aprendizaje del castellano y, a través de éste, no sólo el
acceso a la esfera pública sino también los medios para adquirir una
preparación técnica y académica capaces de ayudar a competir en el mercado
internacional. [39]
Las teorías y prácticas de aprendizaje claramente reconocen la importancia
de la lengua madre en el proceso de adquisición de nuevos cuerpos de
conocimiento. Las diferencias cognitivas, resultantes de diferencias
lingüísticas, envuelven modos de interpretar, experimentar y expresar nuestro
entendimiento de nosotros mismos y del mundo en general. En su análisis de la
dinámica de la sociolingüística, Berenstein consideró las formas de
comunicación basadas en las diferencias de clase. [40]
Dentro de esta perspectiva, desarrolló un marco analítico extenso que ilumina
cómo, en el proceso de socialización, los niños modelan su identidad cultural
mediante la adquisición del lenguaje. Sus trabajos sobre los códigos de
comunicación, el lenguaje y la escolaridad indican la importancia que tiene el
lenguaje en la relación entre cultura e identidad. Otras perspectivas enfocan
su análisis en el proceso de socialización en la escuela, a la que se atribuye
la responsabilidad de la reproducción de la cultura de ciertos grupos
identificados por un lenguaje dominante. [41]
Los programas elaborados por los grupos que impulsan la institucionalización
del bilingüismo en Paraguay son elaborados en base a argumentos que realzan la
extensión del guaraní como un medio de acercamiento a una "cultura del
conocimiento" basada en el pensamiento abstracto. Tales argumentos están
elaborados desde una perspectiva que ve la idea del desarrollo humano como
resultante del crecimiento del pensamiento lógico. Los efectos de la educación
son evaluados como resultado del desarrollo del pensamiento crítico y
disciplinado, lógicamente organizado. En otras palabras, se asume que la
superimposición de una cultura oral sobre una cultura escrita consolidada, es
decir el español, contribuirá al desarrollo del pensamiento científico. Además
de las implicaciones con respecto al uso de la lengua misma, este proyecto
parece asumir una transición casi "técnica" de una cultura oral a una escrita.
Tanto la literatura como la investigación científica le atribuyen a la cultura
escrita nuevas formas de empresa cultural y de organización social. La cultura
escrita descontextualiza el lenguaje a través de la separación del mensaje del
autor y permite, además, nuevas formas de análisis verbal, tales como el
silogismo y el análisis numérico, como la tabla de multiplicación. A ella se le
atribuye el haber contribuido a reemplazar el mito por la historia y la magia
por la ciencia, al igual que el desarrollo de sistemas legales y comerciales
con reglas universales. En la transición de la cultura oral a la cultura
escrita, históricamente desarrollada en varias etapas, se desarrolló también la
idea deindividualismo en el mundo de las ideas. [42]
Aunque las etapas de transición de una cultura oral a una escrita no
aparecen como condicones imprescindibles, pareciera que la transición tampoco
implica la simple trasferencia de una palabra a una forma escrita o la simple
adopción técnica de palabras que automáticamente crean la estructura mental que
acompaña la alfabetización (literacy). Para posibilitar el desarrollo de
la intelectualización (formación de conceptos científicos, generalización,
abstracción y demás), el lenguaje debe operar como un sistema simbólico más que
como una divisa ligada al contexto inmediato. [43]
El énfasis en el uso del guaraní como sistema simbólico fue puesto, como ya
vimos, en su contribución a la reformulación de la identidad colectiva. Esta
tendencia, sin embargo, no fue acompañada por la reformulación de métodos
alternativos que faciliten el acercamiento al conocimiento mismo. De ahí que el
énfasis holístico en la importancia constitutiva del guaraní pueda contribuir
al reconocimiento de la cultura local como un componente fundamental del
individuo y de la identidad colectiva del Paraguay. Sin embargo, queda aún por
preguntar en qué medida ese reconocimiento simbólico provee los medios
necesarios, no sólo para expandir la participación en la esfera pública, sino
también para contribuir a la formación de nuevos conceptos capaces de
reconstruir el conocimiento y la acción. En otras palabras, cabe analizar si
los modelos alternativos de solidaridad social construyen un tipo de
conocimiento que, concomitantemente con la desconstrucción de la estructura
jerárquica y centralista, facilitan la construcción de un nuevo paradigma de
identidad que también desarrolla la individualidad y la autonomía. Desde esta
perspectiva sería posible elaborar una visión de la transformación de los
procesos económicos y políticos por los que atraviesa y atravesará el Paraguay.
Notas
La investigación en la que se basa este artículo fue apoyada por el Instituto Harry S. Truman para la Promoción de la Paz, Universidad Hebrea de Jerusalén.
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"Práctica discursiva" es un concepto elaborado por Foucault en referencia a los patrones de interacción en la arena educativa. Son incorporados en los procesos técnicos, las instituciones, los patrones generales de comportamiento, las formas de transmisión y difusión y las formas pedagógicas que los imponen y mantienen. Ver Cleo Cherryholmes, 1987, "Un proyecto social para el currículo: perspectivas postestructurales", Revista de educación, 282: 31-60.

Sobre el concepto de paradigma en la formación de las identidades colectivas, ver Carlos H. Waisman, 1998, "The dynamics of national identity frames: the case of Argentina in the twentieth century", pp. 148-167, en Luis Roniger and Mario Sznajder (eds.), Constructing Collective Identities and Shaping Public Spheres. Latin American Paths.Brighton: Sussex Academic Press.

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En 1994, el 33 % de los alumnos repetían el primer grado y sólo un 20 % se graduaba de la escuela primaria sin repetir ningún grado.

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Cabe señalar que el proceso histórico del Paraguay y el significado de las dos lenguas en la cristalización de su cultura ha suscitado diversas actitudes. Sin embargo, "el único estudio sistemático sobre esas actitudes fue realizado sobre la base de observaciones de los años 1960 a 1965, por Joan Rubin, (1968; 1974) y sigue siendo muy válido en sus conclusiones fundamentales. Germán de Granada (1988) retomó el tema de una forma crítica, basado en experiencias personales de los años 1977-1980", p. 175 en Bartomeu Melia, 1992, La lengua guaraní del Paraguay. Historia, sociedad y literatura. Madrid: Editorial Mapfre.

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Seminario, 1995; Franco, 1997 ; Corvalan, 1991.

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