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La Economía Política de las Relaciones México-Japón en el Contexto del TLCAN Imprimir E-Mail
SHIGERU KOCHI Kobe University
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Después de sufrir de una grave crisis económica en la década de los ochenta, una de las principales prioridades de la política exterior mexicana ha sido contribuir al desarrollo económico del país. A fines de la misma década, el gobierno mexicano dio incio a una serie de reformas económicas liberalizando su economía con el fin de fomentar las inversiones y el comercio exterior. Frente a estas reformas económicas, la política exterior mexicana adquirió un carácter de orientación realista y pro-norteamericano, facilitando con esto que México se convirtiera en un miembro del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte). Asimismo, para balancear y complementar su dependencia en la economía estadounidense, México impulsó una política de diversificación hacia el resto de las Américas, Europa y la Cuenca del Pacífico. Una muestra de los resultados del proceso de diversificación de México es su acercamiento a la Unión Europea, con la cual entró en vigor un Tratado de Libre Comercio (TLC) en julio de 2000. A fines del siglo XX México se convirtió en el único país que contó con múltiples acuerdos de libre comercio con América del Norte, Europa, varias naciones de América Latina e Israel. Actualmente México continúa realizando negociaciones con miras a similares acuerdos a nivel bilateral y multilateral.

A comienzos de la nueva política diversificadora, el gobierno mexicano preparó una lista de "países clave" con los cuales buscó fortalecer sus relaciones bilaterales. [1] Esta lista incluyó a los principales países industrializados y, dentro de ellos, a Japón. Este país asiático ha sido ubicado como una de las prioridades dentro de la política de diversificación mexicana, tanto por su potencial económico a nivel mundial como por su ubicación dentro del vasto concepto de la Cuenca del Pacífico, lugar donde México ha buscado fortalecer sus relaciones económicas y políticas.

Los estudios sobre la política exterior mexicana coinciden en afirmar que la presencia de Estados Unidos ha sido una variable influyente en las relaciones México-Japón. Por ejemplo, Riordan Roett plantea que las relaciones Estados Unidos-Japón tienen un efecto tan grande que un acercamiento entre México y Japón podría ser considerado como una amenaza por parte de Estados Unidos. [2] Según esta lógica, Japón tomaría una actitud pasiva frente a México para no dañar sus relaciones con Estados Unidos. Otros analistas, tales como González y Chabat, agregan que a causa de las relaciones económicas con sus vecinos de Asia, "Japón ha mantenido un prudente acercamiento hacia el TLCAN". [3]

Para los analistas que han tratado de enfocar en forma más directa y detallada el tema de las relaciones México-Japón, Estados Unidos también ha sido un factor determinante sobre la relación bilateral, incluso después de iniciarse las negociaciones oficiales del TLCAN. Gabriel Székely, por ejemplo, sostuvo que el TLCAN daría a México "la fortaleza necesaria para negociar más vigorosamente con Japón" siempre y cuando las tensiones entre Estados Unidos y Japón no se agravaran. [4]

Dentro del contexto de los estudios de la política exterior mexicana, las relaciones México-Japón han sido objeto de una investigación empírica que no necesariamente tiene un suficiente fundamento teórico. Esto nos hace difícil interpretar el diferente escenario que se ha desarrollado en el mundo real. De hecho, México y Japón incrementaron sus diálogos políticos a comienzos de los años noventa, incluso cuando fricciones económicas entre Japón y Estados Unidos demuestran un alto grado de agravamiento. Asimismo, desde fines de la década México y Japón estudian la posibilidad de iniciar las negociaciones oficiales para un TLC entre ambos países. ¿Cómo podríamos explicar estos fenómenos?

Este artículo hace una evaluación de la política de México hacia Japón y trata de explicar las causas que originaron cambios en el marco político de la relación bilateral durante los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000). El argumento de este artículo es que a pesar de las mencionadas limitaciones que se presentan con la presencia de Estados Unidos, desde comienzos de los años noventa ocurren cambios en el marco político de las relaciones México-Japón debido a la alta vulnerabilidad percibida por el sector privado japonés frente al TLCAN. Muchas de las empresas japonesas, principalmente las que han expandido sus actividades en la industria maquiladora, pensaron que, en el peor de los casos, el TLCAN podría convertirse en una zona de comercio proteccionista o discriminatoria que obstruyera sus operaciones en la región norteamericana. Bajo esta vulnerabilidad, el gobierno japonés trató de buscar otros canales de contacto alternativos a través de México, con el fin de disminuir su vulnerabilidad frente al TLCAN y a Estados Unidos. Esto ocurre cuando la política exterior mexicana buscaba fortalecer sus relaciones económicas y políticas con Japón.

Este trabajo consta de cinco secciones. En la siguiente sección se presenta un marco analítico sobre el cual nos basaremos para explicar el cambio en el marco político de la relación bilateral. En la tercera sección se hace un breve recuento de la relación México-Japón desde fines de los años ochenta hasta comienzos de los noventa e intentaremos identificar los elementos determinantes en los cambios de su marco político. La cuarta sección examina la reacción de Japón frente al TLCAN, tanto a nivel gubernamental como empresarial, y el acercamiento entre México y Japón a través de un nuevo mecanismo institucional. Asimismo, se analiza brevemente la relación y cooperación económica entre estos dos países después de que el TLCAN entró en vigencia. Finalmente se presentan las conclusiones del artículo poniendo énfasis en las estrategias comerciales de México y Japón, y el significado que tendría un TLC entre ambos países.

Interdependencia y poder de negociación

Este artículo no tiene como objetivo proponer o poner en prueba alguna teoría o paradigma de las ciencias sociales, pero analizaremos la estructura de las relaciones México-Japón a través de un marco analítico basado en una perspectiva teórica de las relaciones internacionales.

El marco analítico de este artículo se basa en el análisis de poder e interdependencia formulado por Joseph S. Nye y Robert O. Keohane. Según estos autores, el poder "puede pensarse como la habilidad de un actor para conseguir que otros hagan algo que de otro modo no harían". [5] La interdependencia se refiere "a las situaciones caracterizadas por efectos recíprocos entre países o actores en diferentes países". En consecuencia, el poder en la independencia posee dos dimensiones: sensibilidad y vulnerabilidad.

La sensibilidad representa la magnitud del costo originado en un país al ocurrir algún cambio en otro país; en otras palabras, es el grado de respuesta dentro de una estructura política. Esto implica que el marco político permanece intacto al ser difícil cambiar las políticas a corto plazo. Por otro lado, la vulnerabilidad representa la disponibilidad relativa y el costo de las alternativas que los actores de un país enfrentan al surgir algún cambio en otro país. Esto significa que al existir un alto grado de vulnerabilidad, el marco político trata de ser modificado luego por el país vulnerable.

Nuestro caso será analizado identificando las dimensiones de sensibilidad y vulnerabilidad. Dada la implicación económico-política que tiene Estados Unidos, éste será tomado en cuenta dentro de un marco trilateral que incluye a México y Japón. Debido al espacio limitado, no enfocaremos directamente las relaciones entre México y Estados Unidos, pero prestaremos atención a las relaciones Japón-Estados Unidos y su impacto en la política exterior mexicana.

La interacción trilateral entre México, Estados Unidos y Japón

La deuda externa y el papel de Japón

En 1988, cuando Carlos Salinas de Gortari tomó posesión de la presidencia de la República, la economía mexicana se encontraba sufriendo los efectos ocasionados por la deuda externa: en los años ochenta prácticamente no hubo crecimiento económico; además de la inflación y la devaluación del peso, las inversiones provenientes del exterior estaban casi paralizadas. A fines de los ochenta el problema de la deuda externa se había extendido a casi toda América Latina. En ese entonces, Estados Unidos estaba en un período de recesión e imposibilitado de sostener por sí solo la estabilidad financiera internacional a nivel regional. Es así que, a pedido de Estados Unidos, Japón y otros países industrializados son llamados a participar del "rescate" de la deuda externa de América Latina.

Según José Ángel Gurría, ex funcionario participante en la renegociación de la deuda externa mexicana, "los Estados Unidos también ayudaron al hacer saber al gobierno de Japón de su interés por el apoyo a México". [6] En mayo de 1989 el gobierno japonés, a través de su Banco de Exportaciones e Importaciones (EXIMBANK), [7] ofreció un apoyo financiero de 5.000 millones de dólares por un espacio de tres años. [8] Poco después, México se convirtió en el primer país que recibe apoyo financiero a través del Plan Brady, renegociando su deuda externa luego de firmar convenios con el FMI, el Banco Mundial y el Club de París.

A fines de los años ochenta se observó un cierto acercamiento entre los gobiernos de México y Japón, pero generalmente limitado dentro del marco de negociaciones de la deuda externa. Es decir, prácticamente no se ve un cambio en el marco de las relaciones México-Japón. Aunque el costo de la deuda externa mexicana fue alto, Japón no fue vulnerable frente a México. Entonces, ¿cómo se explica el acto de "solidaridad" de Japón hacia México? La respuesta está en las relaciones Japón-Estados Unidos de aquella época.

Entrando a los años ochenta se acrecentó una fricción económica debido al excesivo déficit en la balanza comercial Japón-Estados Unidos a favor del lado japonés. Para remediar la situación, Estados Unidos presionó políticamente a Japón consiguiendo, en primer lugar, que éste le abriera las puertas parcialmente a algunos productos agrícolas. Posteriormente, Japón "auto-controló" (redujo) sus exportaciones, especialmente de vehículos motorizados, al mercado estadounidense. A pesar de este tipo de medidas, en 1985 la tercera parte del déficit comercial total de Estados Unidos provenía de su comercio con Japón. En ese mismo año, Estados Unidos dejó de ser país acreedor para convertirse en el mayor país deudor del mundo. Al entrar a la segunda mitad de la década, Estados Unidos siguió haciendo pedidos para la liberalización de otras exportaciones japonesas, tales como productos siderúrgicos y semiconductores, finalmente aceptados condicionalmente por Japón. Asimismo, la agenda bilateral de ambos países discutía también la cotización del yen, la estructura de la economía japonesa y lo cerrado que era el mercado japonés. Sin embargo, el "auto-control" de las exportaciones japonesas hacia Estados Unidos, la apertura parcial de ciertos sectores del mercado japonés y las negociaciones entre ambos países no contribuyeron suficientemente a solucionar la fricción económica consecuente al déficit comercial.

Mientras la economía japonesa estaba en pleno auge, se estima que los bancos japoneses poseían el 10,5% de participación en la deuda externa mexicana cuando el gobierno de México anunció que no podría continuar con el pago del servicio de su deuda en 1982. Dentro de la región de América Latina y el Caribe en total, los bancos japoneses y estadounidenses poseían, respectivamente, una sexta y una tercera parte en participación de la deuda externa. [9] A pesar de esta diferencia original de proporción entre Estados Unidos y Japón, este último dio un gran apoyo financiero a pedido del gobierno estadounidense. Tal como lo apunta un analista, el motivo de la preparación del paquete de ayuda financiera por parte de Japón para América Latina se basó, en gran parte, en sus relaciones con Estados Unidos y no en sus relaciones con los países de América Latina. [10] Dentro de la región, las relaciones económicas con Estados Unidos hicieron que México se convirtiera en el primer país que negociaba su deuda y recibía la ayuda financiera de Japón.

En resumen, a fines de los años ochenta el grado de vulnerabilidad de Japón frente a México fue relativamente bajo, pero, en contraste, fue alto frente a Estados Unidos. En consecuencia, bajo la presión política de Estados Unidos, Japón se vio obligado a cambiar el marco político de sus relaciones económicas con ese país. Por otro lado, el problema de la deuda externa que empezó con México se extendió a la región latinoamericana produciendo un alto grado de vulnerabilidad en Estados Unidos. Para reducir su vulnerabilidad, Estados Unidos buscó fondos financieros a través de otros canales, aparte de los propios.

En búsqueda de un nuevo mecanismo institucional

La década de los ochenta cierra telones con el fin de la Guerra Fría. La política exterior de México tuvo que hacer frente a los cambios ocurridos en la economía mundial que empezaba a globalizarse. Asimismo, la integración regional había cobrado fuerza en el Antiguo Continente, donde ya existía la Comunidad Europea, mientras que en el Continente Americano un TLC entre Estados Unidos y Canadá había comenzado a entrar en vigencia.

Entrando a los años noventa, México decidió tomar parte en los procesos de integración económica. En junio de 1990 Salinas se entrevistó con el presidente de Estados Unidos llegando finalmente a la conclusión de que un TLC entre ambos países constituiría el mejor medio para logar una ampliación del comercio e inversión bilateral que propiciara el crecimento de ambas economías. [11] En un comunicado conjunto, los presidentes de México y Estados Unidos dieron las instrucciones a sus respectivos gobiernos para que se iniciaran los preparativos de un TLC. Unos días después de visitar Estados Unidos, Salinas se dirigió a Japón para realizar una visita oficial.

La política de México hacia Japón tuvo originariamente tres objetivos principales. En primer lugar, aumentar las inversiones japonesas. Aunque varias empresas japonesas ya se encontraban operando en México, su proporción era pequeña en comparación al número y monto de inversión de las empresas estadounidenses. En un segundo lugar, incrementar las exportaciones mexicanas en el mercado japonés. En tercer lugar, fomentar una mayor cooperación bilateral en diversas áreas, como la ciencia, la tecnología, la educación y el medio ambiente. [12]

Con el fin de incentivar la inversión japonesa en México, Salinas hizo contactos con los representantes del sector empresarial y financiero de Japón, explicando personalmente la liberalización y apertura económica que estaba realizando su gobierno. Salinas insistió, al mismo tiempo, que la deuda externa, la inflación y la balanza fiscal eran aspectos que ya estaban controlados. En otras palabras, Salinas trató de enfatizar lo atractivo que sería invertir y expandir los negocios en México. A pesar del optimismo y el esfuerzo del gobierno, el sector privado japonés no demostró un interés inmediato en incrementar sus inversiones en México. El problema de la deuda externa todavía persistía en la mente de las empresas y bancos japoneses, siendo ésta la principal causa de su relativo desinterés por invertir y hacer negocios en México. No obstante, la posibilidad de la creación de un TLC entre México y Estados Unidos hizo que las empresas japonesas, especialmente las maquiladoras, vieran a México desde una perspectiva diferente.

Después de anunciarse la posibilidad de un TLC entre México y Estados Unidos, el sector privado japonés comenzó a percibir una alta vulnerabilidad basada en la suposición de que este tratado podría propiciar la formación de un bloque comercial proteccionista o discriminatorio. Según esta lógica, un TLC entre Estados Unidos y México daría, en el peor de los casos, un trato injusto a las empresas japonesas en una región norteamericana que incluyera a México. Visto desde la perspectiva del sector privado japonés, existía el peligro de que un gran número de maquiladoras y otras empresas niponas pudieran perder su nivel competitivo en la misma región.

Los orígenes de una supuesta vulnerabilidad de Japón frente a un TLC mexicano-estadounidense no provenían del lado mexicano sino del estadounidense. Tal como en los años ochenta, después de entrar a los noventa las fricciones económicas entre Japón y Estados Unidos continuaban sin signos de mejora.

Japón también tuvo que prestar atención al rumbo que la política comercial estadounidense pudo tomar antes de firmarse algún TLC con México. Estados Unidos podía elegir el rumbo de su política de comercio exterior entre dos alternativas básicas. La primera era tomar una medida proteccionista frente a las importaciones provenientes del Este Asiático con una zona de libre comercio en Norteamérica o alguna sanción unilateral a terceros países. Como segunda alternativa, Estados Unidos pudo propulsar una intensa liberación económica a nivel regional con otros estados anglo-americanos. [13] Japón, que se había convertido en el competidor económico más fuerte de Estados Unidos, se encontró en una situación diferente. Ante estas circunstancias, una política proteccionista no pudo ser tomada alternativamente por el gobierno japonés, ya que tenía fricciones económicas y un récord mundial de superávit comercial con Estados Unidos. [14] Una intensa liberalización económica con sus vecinos del Asia tampoco fue parte de la agenda del gobierno japonés en ese entonces. Otro factor que puso a Japón en una posición desfavorable fue el hecho de que dentro de Estados Unidos surgieron críticas que reclamaban una revisión de la política exterior económica hacia Japón. Dentro del gobierno estadounidense, muchos consideraban que el desbalance comercial de Japón era una amenaza para el multilaterismo y las relaciones bilaterales. En este sentido, desde la perspectiva estadounidense, Japón no podría solucionar el problema por su propia cuenta. [15]

Visto a través del marco analítico de este artículo, las relaciones económicas entre Japón y Estados Unidos se caracterizan por el alto grado de vulnerabilidad del primero, y el alto grado de sensibilidad del segundo. Según un politólogo japonés, las empresas japonesas tienen una mayor competitividad dentro de un marco de libre comercio. Esto hace que la sensibilidad de Estados Unidos sea mayor que la de Japón. Sin embargo, al ocurrir algún "desorden" (como las fricciones económicas) entre ambos países, el precio que Japón debe pagar es alto porque no sólo puede perder en parte su acceso al mercado estadounidense, sino que debe buscar mercados alternativos para sus exportaciones y asegurar el abastecimiento de materias primas y productos agrícolas. Debido a estas razones, Estados Unidos puede reducir su sensiblidad cambiando su política comercial de libre comercio a una de tipo proteccionista. Para Japón, esto ocasiona un aumento de su vulnerabilidad hacia Estados Unidos. [16]

El alto grado de interdependencia de la primera y segunda potencia económica mundial y sus incesables fricciones económicas hicieron prácticamente imposible que Japón pudiera disminuir una supuesta vulnerabilidad frente a un futuro TLC entre México y Estados Unidos con sólo negociar o dialogar directamente con el gobierno estadounidense. En consecuencia, para disminuir su vulnerabilidad, Japón buscó acercarse más a México, la otra parte que sería firmante del tratado.

Un primer paso para acercarse más a México no fue difícil, ya que dentro del gobierno japonés se estimaban las reformas económicas del gobierno de Salinas. Por citar un ejemplo, según el Ministerio de Relaciones Exteriores (MOFA), Salinas se encontraba impulsando "una política sólida y valiente en los planos de política interior y económica". [17] Con el fin de fomentar una nueva relación entre Japón y México, durante la visita oficial de Salinas a Japón en 1990, ambos gobiernos tuvieron la iniciativa de crear un nuevo mecanismo institucional llamado "Comisión México-Japón Siglo XXI". Dos meses después, las autoridades comerciales de México y Estados Unidos, en un comunicado conjunto, recomendaron a sus respectivos presidentes que se iniciaran las negociaciones formales con miras a un TLC. Poco después, Canadá demostró interés por participar en esas negociaciones, que serían el punto de partida hacia un TLC entre Estados Unidos, México y Canadá, conocido después como el TLCAN.

La "Comisión México-Japón Siglo XXI"

Después de una reunión preparatoria en diciembre de 1990, entre mayo de 1991 y marzo de 1992, la "Comisión México-Japón Siglo XXI" (en adelante, la Comisión) auspiciada por sus respectivas cancillerías reunió a un grupo de funcionarios públicos, empresarios y académicos de ambos países. [18] Al cabo de tres reuniones plenarias, la Comisión presentó un informe sobre recomendaciones dirigidas en su mayoría al sector privado, pero también dirigidas en parte a ambos gobiernos. No obstante, al tener un carácter político no oficial, las recomendaciones dadas por la Comisión desde un comienzo "de ninguna manera comprometen a las instituciones públicas o privadas de México o Japón". [19]

Al tratar de acercarce más a México, Japón se encontró en el tradicional dilema de tener que guardar una cierta distancia de América Latina para no agravar sus relaciones con Estados Unidos. A comienzos de los años noventa, si bien se observaban ciertos cambios en la postura de Japón al tratar de adoptar una posición un poco más independiente incluso dentro la esfera de influencia norteamericana, esta actividad se realizaba sólo dentro de un margen que no arriesgase sus relaciones con Estados Unidos. [20] Al parecer, ésta fue la causa principal por la cual la Comisión tuvo un carácter político no oficial. Según las declaraciones de un alto funcionario de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México (SRE), "no se realizó un diálogo oficial directo ya que Japón pidió comprensión por la situación de sus relaciones con Estados Unidos". [21] Aunque la Comisión en sí no tuvo un carácter político oficial, durante sus reuniones plenarias, como veremos después, se discutió una agenda de alto grado político.

Otro punto que le dio un carácter político a la Comisión fue la activa participación de altos funcionarios gubernamentales. La delegación mexicana, conformada por quince miembros, tuvo como coordinador a Julio Rodolfo Moctezuma, ex Secretario de Hacienda y Crédito Público. Además, mientras que cinco miembros pertenecientes al sector privado eran miembros de la delegación como "participantes", adicionalmente existía dentro de la misma delegación el grupo de los llamados "otros participantes activos", conformado por nueve miembros cuya mayoría eran altos funcionarios de varias instituciones gubernamentales. Por otro lado, la delegación japonesa tenía diez miembros, de los cuales cinco pertenecían al grupo de los "otros participantes activos". Este último grupo, a diferencia de la delegación mexicana, estaba formado sólo por altos funcionarios relacionados con México o América Latina dentro del MOFA. El mismo coordinador de la delegación japonesa, Nobuo Matsunaga, en ese entonces asesor del MOFA, había sido embajador de Japón en México y Estados Unidos. [22] Resulta interesante el hecho de que en ambas delegaciones participaran altos funcionarios gubernamentales, no como "participantes" o simples "observadores", sino como "participantes activos".

A través de la Comisión se construyó un nuevo mecanismo institucional entre México y Japón. Las reuniones periódicas y la ampliación de los contactos diplomáticos propiciados por éstas dieron a Japón muchas ventajas. Tal como lo menciona un funcionario de la SRE, "Japón tuvo la oportunidad de obtener una amplia información sobre las negociaciones del tratado que eran difíciles de encontrar sólo con una diplomacia tradicional a puertas cerradas que no tratara de llamar la atención del gobierno estadounidense". [23]

Un México "norteamericano" frente a Japón

Las negociaciones del TLCAN y las relaciones México-Japón
La Comisión tuvo su primera reunión plenaria en mayo de 1991. Esta reunión se realizó en Tokio y tuvo como agenda la relación entre las economías de América del Norte y Japón. En esta reunión la delegación japonesa expresó su "preocupación porque el TLC(AN) pudiera ser discriminatorio para terceros países mediante la aplicación de las reglas de origen". [24] Aunque la parte mexicana señaló que el TLC no tendría un carácter discriminatorio frente a terceros países, esta respuesta no consiguió calmar totalmente las preocupaciones del grupo japonés, ya que las negociaciones oficiales sobre el TLC entre los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y México recién se iniciarían unos días después de finalizada esta reunión.

Las preocupaciones de la delegación japonesa frente a la posibilidad de un proteccionismo o discriminación económica en la región norteamericana fueron manifestadas también durante los diálogos de la segunda reunión plenaria de la Comisión, en el otoño de 1991. Dentro de esta reunión realizada en México, gran parte de las discusiones enfocaron el papel de Japón en las economías asiáticas y la relación de México con la región Asia-Pacífico. Aquí Japón volvió a reiterar su preocupación, señalando además que el TLCAN "podría afectar las exportaciones japonesas y asiáticas hacia Estados Unidos al atraer inversiones que, de otro modo, se hubieran dirigido hacia el Pacífico asiático". [25] Frente a esto, la delegación mexicana enfatizó que el TLCAN "no está orientado a la conformación de un bloque comercial cerrado puesto que será compatible con las reglas del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), lo que hará un instrumento que facilite, no que obstaculice el comercio". [26] Estas palabras tuvieron un significado importante para Japón, ya que a cinco meses de haberse iniciado las negociaciones formales del TLCAN, se pudo saber hasta cierto punto la posición que, por lo menos oficialmente, tomaría el gobierno mexicano frente al mismo tratado.

Con respecto a los procesos de integración regional como el TLCAN o la Unión Europea, la posición del gobierno japonés, a comienzos de los noventa, era que "cualquier integración regional debería concordar con los principios del GATT y la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) buscando una colaboración abierta que no conduzca a la formación de un bloque económico exclusivo." [27] Esto significaba, al mismo tiempo, que Japón no tenía interés en participar en ningún tipo de proceso de integración.

La Comisión dio a Japón la oportunidad de acercarse más a México para obtener información directa de lo que ocurría en las negociaciones del TLCAN, al mismo tiempo que se fomentó un mayor acercamiento intergubernamental. Por otro lado, México tuvo la oportunidad de transmitir sus realidades y metas políticas. El gobierno mexicano buscaba una ampliación de sus relaciones económicas con Japón y la región Asia Pacífico. Como parte de la estrategia en esta región, México aspiraba a convertirse en miembro del mecanismo de Cooperación Económica del Pacífico Asiático (APEC). Para alcanzar este objetivo, no estaba de más contar con el apoyo político de Japón, ya que aunque Estados Unidos también apoyaba el ingreso de México, dentro del Sudeste Asiático había países que no deseaban darle la bienvenida. [28]

Los contactos entre México y Japón a través de la Comisión continuaron en una tercera y última reunión plenaria. En marzo de 1992 se revisó en Tokio el borrador del informe final de la Comisión, preparado por un grupo de trabajo bilateral. Finalmente se acordó entregar el texto definitivo del informe a los jefes de gobierno de ambos países y también hacerlo público. [29] Esta tercera reunión fue oportuna para Japón, pues a través de la Comisión ésta era la última oportunidad de conocer lo que estaba ocurriendo en la fase final del proceso formal de negociación del TLCAN, que finalizaría en agosto del mismo año.

Dos meses depués de finalizada la última reunión plenaria de la Comisión, el informe final de la misma fue presentado en México por su propio canciller, manifestándose que la Comisión contituyó "un medio para sentar las bases de un nuevo entendimiento" entre México y Japón. [30]

El informe final de la Comisión fue un documento que constó de una parte analítica y otra de recomendaciones. Dentro de la primera parte, se analizaron temas como las perspectivas de la economía mexicana y japonesa, la posición de ambos gobiernos frente a las zonas de libre comercio y las implicaciones del TLCAN. En esta parte se reflejó cierta consideración a las preocupaciones de Japón. El informe de la Comisión estipuló que "el crecimiento sostenido de la economía mundial requiere mercados abiertos. Ello implica la consolidación de un sistema comercial global acorde con las reglas del GATT...Tanto México como Japón consideran que los acuerdos regionales serán benéficos en la medida en que constituyan instrumentos para la liberalización del comercio mundial". [31] Dentro de este contexto, se dio a entender que por lo menos México no formaría parte de un bloque económico cerrado en la región norteamericana y que el TLCAN, desde la posición mexicana, sería compatible con las reglas del GATT.

Además, fueron 32 las recomendaciones propuestas en el informe final, ordenadas en las áreas de comercio; inversiones y finanzas; ciencia, tecnología y medio ambiente; cultura, educación y política. Sin embargo, tal como se mencionó anteriormente, estas recomendaciones no comprometían oficialmente de manera alguna a las instituciones públicas o privadas de ninguno de los dos países. Al no tener ninguna fuerza restrictiva, gran parte de las recomendaciones eran en sí muy ambiguas, ya que no decían qué tipo de instituciones, ni cómo y cuándo serían convenientes si se llevasen a la práctica. No obstante, cabe resaltar que varias de estas recomendaciones fueron posteriormente llevadas a la práctica. Por ejemplo, lo que figuró como "Recomendación 24" sólo decía en tres líneas del texto que "sería deseable que México y Japón asignaran recursos al desarrollo de proyectos conjuntos para el mejoramiento de los sistemas de agua potable y drenaje en las principales ciudades mexicanas". [32] De hecho, después de darse esta recomendación, se iniciaron los mencionados proyectos de agua potable y drenaje. Al tener como evidencia el hecho de que se llevaron a la práctica varias de las recomendaciones sugeridas por la Comisión, podemos comprobar que éstas también tuvieron un impacto directo en las relaciones México-Japón.

Con respecto a la relación bilateral que sería recomendable entre México y Japón, el informe final finalizaba mencionando que: "(el TLCAN) tendrá un impacto importante en las relaciones mexicano-japonesas. La liberalización del movimiento de productos, capitales y servicios en la región de América del Norte hará necesario que México y Japón tomen en cuenta las influencias directas e indirectas que sus respectivos vínculos con Estados Unidos y Canadá habrán de ejercer, tanto sobre sus propias economías como sobre su relación bilateral…La estrategia de México para relacionarse con sus vecinos del norte deberá considerar las relaciones entre Japón y el conjunto de la región norteamericana". [33] Al parecer, no hubo inconvenientes para que este tipo de relación bilateral recomendado pudiera ser aceptado por ambos gobiernos.

Desde el punto de vista político, un mayor acercamiento entre México y Japón fue beneficioso para ambas partes. Japón buscó moderadamente establecer un punto de contacto que le permitiera reducir su vulnerabilidad frente a la región económica norteamericana. Para México, un fortalecimiento de sus relaciones con Japón era una de las prioridades de su política de diversificación, que podría fomentar una amplia relación económica con este país y, por consiguiente, con la región del Asia-Pacífico. El papel jugado por Japón dentro del APEC para la incorporación de México dio sus frutos cuando esta nación se convirtió en el primer país latinoamericano que se hizo miembro del mismo mecanismo en 1994.

La reacción del sector privado japonés

Aunque el diálogo entre México y Japón se institucionaliza consiguiendo un mayor acercamiento entre ambas naciones, los esfuerzos del gobierno mexicano y sus sucesivos contactos diplomáticos no consiguieron barrer con la incertidumbre de las empresas japonesas. Para el sector privado de Japón, una cosa era la retórica del nuevo marco político de las relaciones bilaterales y otra cosa era la realidad en sus negocios.

A fines de 1992, la Federación Japonesa de Organizaciones Económicas (Keidanren) [34] hizo una solicitud al gobierno japonés para que los futuros países miembros del TLCAN recibieran una revisión del GATT. Al mes siguiente de tomar esta medida, al sector privado japonés sólo le quedó esperar que un cambio de gobierno en Estados Unidos no afectara enormemente la ratificación del TLC. Para las empresas japonesas fue motivo de preocupación el "carácter discriminatorio" que, según ellos, se manifestaba en la preferencia dada a determinados productos y países dentro del calendario de reducción de barreras arancelarias, reglas de origen que exigían el aumento del contenido local en el sector automotriz, entre otras razones.

Flujo de inversión japonesa en México

Luego de la entrada en vigor del TLCAN, al principio el sector privado japonés desechó en parte su incertidumbre y comenzó a demostrar interés por las inversiones en México. [35] Para el año fiscal 1994, la Inversión Extranjera Directa (IED) de Japón en México, según cifras del Ministerio de Finanzas de Japón, registró una suma de 613 millones de dólares, representando esto once veces más que la cifra registrada el año anterior (véase gráfico 1). Según las cifras de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial de México (SECOFI), la IED japonesa en 1994 representó el 6% del total registrado en México. Por un momento, el gobierno de Salinas pudo pensar que estos resultados eran fruto de una política que había esperado pacientemente un considerable incremento de las inversiones japonesas. Sin embargo, al año siguiente, la agravación de los problemas políticos internos y la inestabilidad económica representada por la crisis del peso se convirtieron en las principales causas que condujeron al sector privado japonés a tomar una conducta prudente.

 

Cuadro 1 - Inversión extranjera directa de Japón en México, 1990-1999
(en millones de dólares, año fiscal)

Fuente: The White Paper on Foreign Direct Investment, varios años y estadísticas del Ministerio de Finanzas, Japón.

Después de que Ernesto Zedillo Ponce de León asumió la presidencia en diciembre de 1994, el sucesor de Salinas también buscó propulsar una activa política de diversificación. Con respecto a la política hacia Japón, el gobierno de Zedillo trató de seguir llamando la atención de los empresarios japoneses para que invirtieran en México. A pesar de estos esfuerzos, la IED de Japón en México disminuyó considerablemente durante los años 1995 y 1996. Con el propósito de frenar esta tendencia, Zedillo realizó una visita oficial a Japón en marzo de 1997 y se reunió con diversos grupos empresariales, a quienes destacó las oportunidades que ofrecía México. En un discurso durante dicha visita, Zedillo enfatizó que "México por sí solo constituye un mercado atractivo para los inversionistas, con 92 millones de consumidores potenciales, además de ser la principal puerta de acceso a los mercados de Canadá, Estados Unidos y Latinoamérica, y registrar un índice elevado de productividad anual en el sector industrial". [36]

 

Una encuesta realizada en 1997 por el Japan Institute for Overseas Investment (JOI) reveló las principales causas que hacían difícil incrementar la inversión japonesa. [37] En primer lugar se mencionaba el riesgo político y económico que se había experimentado con cada cambio de gobierno. En segundo lugar se señaló la dificultad de competir con las multinacionales occidentales.

Aunque el costo de mano de obra era comparativamente bajo, las empresas japonesas tenían que considerar otros factores: asegurar el puesto de los ejecutivos mexicanos de nivel medio, el envío de personal japonés para la instrucción técnica, la cooperación entre patronos y obreros, así como la seguridad interna y problemas ambientales. En tercer lugar figuraba el estado de la infraestructura y el mercado laboral de las principales ciudades (México D.F., Tijuana, entre otras) donde las empresas japonesas tendían a instalarse. Sin embargo, a pesar de las mencionadas dificultades, muchas de las empresas japonesas invirtieron en México, principalmente por su esperanza en el desarrollo del mercado interno, el bajo costo mano de obra y la presencia del mercado del TLCAN.

Después de dos años de baja consecutiva, en 1997 la IED de Japón en México se recupera con un monto sólo por debajo del registrado en 1994. Aunque en 1998 se experimentó nuevamente una brusca baja, en 1999 la IED de Japón en México registró una cifra récord que sobrepasó el total acumulado en el período 1994-1998. Esto ubicó a Japón, en 1999, como el tercer inversionista después de Estados Unidos y la Unión Europea. Al comparar el total acumulado de IED entre enero de 1994 y abril de 2000, las empresas con capital japonés han realizado inversiones equivalentes al 4,7% de la IED total materializada en ese lapso, mientras que Estados Unidos posee el 60,6% y la UE el 21,2% de la misma (según datos de la SECOFI). [38] Durante este período, la inversión japonesa se concentró en el sector manufacturero, y especialmente en el área automotriz y de auto-partes.

Cabe destacar que las anteriores cifras sobre la IED de Japón en México no reflejan un indicador exacto de la inversión japonesa, debido a que no se incluye la "inversión indirecta" realizada a través de subsidiarias japonesas que operan en Estados Unidos. Existen diversas estimaciones sobre la inversión japonesa desde Estados Unidos, con versiones que oscilan entre el 25 y 50% del total real de inversiones hechas en México por las empresas japonesas. No obstante, aun estimando que la inversión japonesa real en México fuese el doble de las cifras oficiales de la IED de Japón en este país, esta cifra todavía estaría por debajo de Estados Unidos y la Unión Europea.

Relaciones comerciales entre México y Japón

Desde 1991, el monto de las importaciones japonesas en México sobrepasó continuamente el monto de las exportaciones mexicanas hacia Japón. El déficit comercial para México llegó a 5.548 millones de dólares, mientras que las exportaciones mexicanas hacia Japón llegaron a 931,5 millones de dólares en el año 2000. Este último monto de las exportaciones mexicanas hacia Japón fue relativamente pequeño al compararse con la Unión Europea (6 veces mayor) y Estados Unidos (158 veces mayor). [39]

Llaman la atención los cambios en la composición de las exportaciones mexicanas en Japón durante los años noventa. A comienzos de la década, alrededor del 80% del total de las exportaciones mexicanas hacia Japón se concentró en el petróleo. Durante los noventa, la caída del precio del petróleo se convirtió en uno de los principales factores que hicieron reducir la proporción de este producto. Después de una recuperación de precio a fines de los noventa, en 1999 la participación del combustible fue de una tercera parte del total de las exportaciones mexicanas hacia Japón. Por otra parte, se incrementaron otros productos primarios que también han sido tradicionalmente exportados a Japón, tales como frutas, pescados y vegetales. Asimismo, a fines de la década, la carne de cerdo y el limón se convirtieron en productos de gran acogida en el mercado japonés.

Durante los años noventa cabe también destacar el aumento de las exportaciones hacia Japón de productos manufacturados del sector de maquinaria eléctrica y electrónica, tales como circuitos integrados, equipos receptores y telefónicos, transmisores, entre otros. Las exportaciones de estos productos manufacturados a Japón ascendieron del 3,82% (1996) al 22,8% (1999) del total de las exportaciones mexicanas. Por otro lado, más de la mitad de las importaciones japonesas a México provino de la industria eléctrica, electrónica y de maquinaria en general a fines de la década.

En síntesis, la reacción del sector privado japonés no fue inmediata después de entrar en vigencia el TLCAN. Con respecto a la IED de Japón en México, se observó una fluctuación brusca durante los años noventa y se registró un considerable incremento récord a fines de la misma década. Durante estos años Japón se ubicó como el tercer país inversionista después de Estados Unidos y la Unión Europea. Por otro lado, aunque la relación comercial bilateral presentó cambios en la composición de las exportaciones mexicanas hacia Japón, este país sólo absorbió el 0,56% del total de las exportaciones de México en 2000.

La política de México hacia Japón ha buscado un incremento de las inversiones japonesas y las exportaciones mexicanas en Japón. Esto requiere una participación activa del sector privado japonés en México. Visto desde la perspectiva mexicana, Japón ha tenido un papel preponderante en el desarrollo de los mercados emergentes de Asia y por ello tiene el potencial de aumentar sus inversiones en México e importar más productos mexicanos. Si el sector privado japonés tuviera una participación más activa en el mercado mexicano, Japón podría convertirse en un polo disminuidor de la dependencia económica de México con respecto a Estados Unidos. No obstante, alcanzar este objetivo no es tarea fácil, aun después de generarse una mayor iniciativa e interés dentro del sector privado japonés.

La cooperación bilateral en la era del TLCAN

A fines de los años ochenta, la Asistencia Oficial para el Desarrollo [40] (ODA) de Japón ocupaba ya un primer lugar en el total de la ayuda financiera y técnica a nivel bilateral recibida por México. Esta tendencia continuó hasta que el monto de la ayuda bilateral comenzó a aumentar considerablemente en 1994.

En 1994 México apareció por primera vez en la lista de los países que reciben más ODA por parte del gobierno japonés, ocupando el sexto lugar con 183 millones de dólares, un monto dos veces mayor que el año anterior [41] (véase gráfico 2). En 1995 México ocupó el séptimo lugar de la misma lista, recibiendo 288 millones de dólares. Este último monto representó el 79% de la ayuda bilateral que México recibió en 1995 y fue diez veces mayor que el de Francia, segundo país suministrador de ODA en México durante ese año. Asimismo, la ODA japonesa en México de este año equivalía a la cuarta parte del total de la misma en la región de América Latina y el Caribe. Una tendencia similar continuó en 1996, cuando la ODA de Japón hacia México fue ocho veces mayor que la de Estados Unidos, el segundo país donante a México en ese año.

Cuadro 2 - Asistencia ODA de Japón en México, 1990-1997
(En base al desembolso neto, millones de dólares)


Fuente: Elaboración del autor con base en las cifras del Ministerio de Relaciones Exteriores, Japan's Overseas Development Assistance Annual Report, varios años, Tokio: Economic Cooperation Bureau.

Cabe destacar que los considerables incrementos en los montos de la ODA japonesa hacia México reflejaron en gran parte las recomendaciones propuestas por la "Comisión México-Japón Siglo XXI" unos años antes. Por ejemplo, como parte de la ODA fue concedido un préstamo para mejorar los sistemas de agua y drenaje de ciertas ciudades mexicanas, tal como se estipulara en la "Recomendación 24" del informe final de la Comisión. La misma tendencia se observó en la ayuda para la protección del medio ambiente. [42]

Aparte de la cooperación financiera y técnica a través del marco de la ODA, en 1996 el Banco de Exportación e Importación de Japón (EXIMBANK) reabrió sus créditos hacia México, después de una paralización ocasionada por la crisis del peso en 1995, para la explotación de yacimientos de petróleo e instalaciones industriales, entre otras áreas.

Desde 1997 se observa un cambio estructural de la ODA de Japón en México. Mientras la colaboración técnica a través de los fondos de la ODA mantuvo casi un mismo nivel, los préstamos del gobierno japonés hacia México se redujeron hasta fines de la década. Sin embargo, a fines de los noventa México siguió ocupando uno de los diez primeros puestos entre los países que reciben mayor asistencia técnica japonesa, destacándose las áreas donde existen proyectos comunes, tales como minería, transportes, medio ambiente, educación, prevención de desastres, salud pública y agricultura.

Durante el proceso de crecimiento del monto de la ayuda financiera y técnica de Japón en México, la postura política japonesa se contrastó con la de los demás países donantes. Según la política del MOFA, las dos condiciones necesarias para el otorgamiento de asistencia a los países latinoamericanos son representadas con la llamada "Doble D": la democracia y el desarrollo económico. Esta política ha sido considerada, desde comienzos de los noventa, como "la piedra angular en la diplomacia hacia América Latina". [43] No obstante, cuando en Estados Unidos y en la Unión Europea se criticó el sistema político mexicano por una supuesta falta de consolidación de la democracia y abuso de los derechos humanos, no existe evidencia de que Japón dialogara directamente sobre estos temas políticos en su agenda con México.

Tanto en los momentos altos como en los bajos del monto de la ODA hacia México, el gobierno japonés ha manifestado que uno de los puntos de importancia que se ha considerado para la concesión de la ayuda bilateral ha sido "el importante papel político y económico que juega México en América Latina". Aunque el gobierno japonés no ha especifícado detalladamente cuál es dicho papel, a través de nuestro análisis hemos podido observar la importancia que tuvo México para reducir en parte la vulnerabilidad de Japón hacia Estados Unidos.

En síntesis, la asistencia financiera del gobierno japonés hacia México experimentó un incremento considerable durante los primeros años del TLCAN y hasta fines de los noventa se registra un alto nivel en la cooperación técnica. No obstante, esto no significa necesariamente que Japón haya tenido una reacción política relacionada con el mencionado tratado. Lo que sí queda claro es que un alto nivel de ayuda financiera y técnica de Japón facilita el mantenimiento de una buena relación política con México cuando este último busca diversificar más sus relaciones económicas y políticas.

Conclusiones

La política exterior de México buscó fortalecer su relación política y económica con Japón más tempranamente, pero esto fue posible solamente después de que Japón tomara una acción concreta en los años noventa. Para México, la reacción de Japón ha manifestado características asimétricas entre el sector gubernamental y empresarial. El apoyo que el gobierno japonés dio a México para su ingreso al APEC brindó la oportunidad de ampliar el campo de acción de la diplomacia mexicana en la región Asia Pacífico. Asimismo, un incremento considerable de la ayuda económica hizo posible un mayor acercamiento de Japón a México cuando este último requería recursos financieros. Sin embargo, al observar los flujos de inversión extranjera en México y las exportaciones mexicanas en el exterior, Japón se ha ubicado por debajo de Estados Unidos y la Unión Europea. En consecuencia, a fines de 1998 el gobierno mexicano propuso a Japón un TLC.

Por otro lado, México y Japón acordaron reeditar la "Comisión México-Japón Siglo XXI" para dialogar sobre el futuro de la relación bilateral. En julio de 1999, una nueva comisión dio inicio a sus reuniones teniendo, una vez más, una agenda con una temática principalmente económica. Al parecer, la vulnerabilidad de Japón frente al TLCAN se ha reducido relativamente, pero no ha desaparecido del todo debido a que las posibilidades de un proteccionismo en la región, desde la perspectiva japonesa, no han sido reducidas a cero. [44]

Los otros esquemas de integración y libre comercio en el continente americano, como el MERCUSUR y el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), también han llamado la atención de Japón. Desde mediados de los años noventa, la diplomacia japonesa hacia América Latina ha buscado un mayor acercamiento a la región para tener una "participación activa y temprana" en los diversos procesos de integración que se desarrollan dentro de las Américas. [45] Sin olvidarse de la presencia de Estados Unidos, para Japón la posición económica y política de México en la región seguirá siendo de importancia, ya que México no sólo es miembro del TLCAN, sino que es uno de los países que ha suscrito más acuerdos de libre comercio con países del continente americano.

¿Qué posiblidades de realización tendría un TLC entre México y Japón? En primer lugar, cabe mencionar que la presencia de Estados Unidos no sería una barrera entre México y Japón, siempre y cuando este TLC fuera compatible con las bases del TLCAN. La evidencia nos demuestra que un TLC de México con Chile, la Unión Europea y con otros países del hemisferio occidental han recibido aceptación por parte de Estados Unidos. Según su Departamento de Estado, las negociaciones que ha realizado México en los últimos años han servido de base para "introducir y defender las consideraciones clave que son consistentes con el TLCAN, y en hacerlas aceptables". [46]

En segundo lugar, México probablemente tendría que aceptar un TLC que no incluyera al sector agrícola y pesquero en su totalidad. El primer TLC que Japón firmó, a comienzos de 2002, el JSEPA (Japan-Singapore Economic Agreement for a New Age Partnership), excluyó totalmente la eliminación de tarifas arancelarias y no-arancelarias del sector agrícola y pesquero. [47] Tomando como modelo este primer TLC, dentro de la región asiática Japón estudia las posibilidades de un TLC con Corea y busca un acuerdo similar con ASEAN. Frente a estas circunstancias, México podría tener un mayor poder de negociación con Japón si consiguiese un temprano acuerdo con los países de Asia.

En tercer lugar, cabe destacar un contraste en la postura del sector privado de ambos países y su posible repercusión en la política comercial de sus respectivos gobiernos. El sector industrial japonés ha manifestado unánimemente su esperanza por la firma de un TCL con México dentro de las reuniones de la nueva "Comisión México-Japón Siglo XXI" y a través de solicitudes hechas al gobierno japonés por parte de las organizaciones empresariales como la Keidanren. Por otro lado, dentro del sector industrial mexicano la opinión no es completamente unánime. Por ejemplo, la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (CONCAMIN) ha manifestado que antes de iniciar nuevas negociaciones con otras regiones, es necesario consolidar el TLCAN y otros tratados firmados anteriormente. [48]

Si en un futuro cercano pudiera conseguirse un consenso interno en Japón y si, por consiguiente, la nueva comisión bilateral recomendase un TLC, políticamente sería posible iniciar las negociaciones oficiales del tratado. Según fuentes del gobierno mexicano, el gobierno japonés ha manifestado su compromiso de aplicar las recomendaciones que emitirá la nueva comisión. [49] Un TLC entre ambos países podría originar un nuevo tipo de interdependencia en el siglo XXI y un acceso más amplio e institucionalizado en la Cuenca del Pacífico y América Latina para México y Japón, respectivamente.

 

 

NOTAS

    Andrés Rozental, La política exterior de México en la era de la modernidad (México: Fondo de Cultura Económica, 1993), p. 56.
    Riordan Roett, "Las Alternativas Estratégicas de México en un Cambiante Sistema Mundial: Cuatro Opciones, Cuatro Ironías", en Riordan Roett (compilador), Relaciones Exteriores de México en la Década de los Noventa (México: Siglo Veintiuno Editores, 1991), pp. 17-41.
    Guadalupe González y Jorge Chabat, "Mexico's Hemispheric Options in the Post-Cold War Era", en Gordon Mace y Jean-Philippe Thérien (editores), Foreign Policy and Regionalism in the Americas (Boulder and London: L. Rienner Publishers, 1996), p. 47.
    Gabriel Székely, "La estrategia internacional de México: con la mirada hacia el Este y hacia el Norte", en Barbara Stallings y Gabriel Székely (compiladores), Japón, los Estados Unidos y la América Latina. ¿Hacia una relación trilateral en el hemisferio occidental? (México: Fondo de Cultura Económica, 1994), p. 177. Véase también Luis Rubio, "Japan in Mexico: A Changing Pattern", en Susan Kaufman Purcell y Robert M. Immerman (compiladores), Japan and Latin America in the New Global Order (Boulder, CO: Lynne Rienner Publishers, 1992).
    Robert O. Keohane and Joseph S. Nye, Power and Interdependence (Boston: Little, Brown, 1977), Capítulo 1.
    José Ángel Gurría, La Política de la Deuda Externa(México: Fondo de Cultura Económica, 1993), p. 137.
    En octubre de 1999, el EXIMBANK se integra institucionalmente con el Overseas Economic Cooperation Fund (OECF) para formar el Japan Bank for International Cooperation(JBIC).
    José Ángel Gurría, op. cit., p. 137.
    Barbara Stallings, "The Reluctant Giant: Japan and the Latin America Debt Crisis", Journal of Latin American Studies, February 1990, p. 4.
    Robert M. Orr, Jr., The Emergence of Japan's Foreign Aid Power(New York: Columbia University Press, 1990), pp. 97-98.
    Herminio Blanco Mendoza, Las Negociaciones Comerciales de México con el Mundo (México: Fondo de Cultura Económica, 1994), pp. 161-163.
    Carlos Salinas de Gortari, "Entre Naciones es indispensable la cooperación", discurso pronunciado por el presidente en el salón de conferencias del Club Nacional de Prensa, Tokio, 19 de junio de 1990.
    Mike M. Mochizuki, Japan: Domestic Change and Foreign Policy(Santa Monica, CA: RAND, 1995), p. 86.
    Sobre una reseña de las fricciones económicas entre Japón y Estados Unidos hasta mediados de la década de los noventa, véase, por ejemplo, Stephen D. Cohen, Joel R. Paul and Robert A. Blecker, Fundamentals of U.S. Foreign Trade Policy: Economics, Politics, Law and Issues (Boulder and Oxford: Westview Press, 1996), pp. 175-195.
    Glen S. Fukushima, Nichibei Keizai Masatsu no Seijigaku [La política de la fricción económica entre Estados Unidos y Japón] (Tokio: Asahi Shimbunsha, 1992).
    Hideo Sato, "Keizai Masatsu to Keizai Kyocho [Fricción Económica y Cooperación Económica]", en Akio Watanabe (ed.), Gendai Nihon no Kokusai Seisaku [Política internacional del Japón contemporáneo] (Tokio: Yuhikaku, 1997), pp. 112-131.
    MOFA, Gaiko Seisho 1990 [Blue Book Año 1990] (Tokio: Okurasho Insatsu-kyoku,1990), p. 253.
    Las relaciones bilaterales de México con otros países eran también evaluadas y propuestas a través de las "comisiones bilaterales". A mediados de los noventa existían "comisiones bilaterales" con Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y algunos países de América Latina y Europa. A diferencia de la tradicional "comisión bilateral", la "Comisión México-Japón Siglo XXI" fue novedosa al incorporar actores del sector público y privado. Este último modelo fue el que se introdujo también en el marco de las relaciones México-Alemania.
    SRE, Comisión México-Japón Siglo XXI – Informe Final (México: 1992), p. 21.
    Hiroshi Matsushita, "La diplomacia japonesa en América Latina después de la Segunda Guerra Mundial", en Barbara Stallings y Gabriel Székely (compiladores), op. cit.
    Entrevista con un alto funcionario de la SRE en marzo de 1997, Tokio, Japón.
    SRE, op. cit., pp. 15-17.
    Entrevista con un alto funcionario de la SRE en marzo de 1997, Tokio, Japón.
    SRE, op. cit., p. 22.
    Ibíd., pp. 23-24.
    Ibíd., p. 24.
    MOFA, Gaiko Seisho 1992 [Blue Book Año 1992] (Tokio: Okurasho Insatsu-kyoku,1992), p. 97.
    Véase Keiichi Tsunekawa, "El lugar de América Latina en la cooperación Asia-Pacífico", Aportes Vol. 6, n. 10; Keiichi Tsunekawa, "Latin America's place in Asia-Pacific Cooperation", Japan Review of International Affairs, Vol. 9, 1995.
    SRE, op. cit., p. 25.
    Fernando Solana, Cinco años de política exterior(México: Editorial Porrúa, 1994), p. 273.
    SRE, op. cit., pp. 32-33.
    Ibíd., p. 55.
    Ibíd., p. 59.
    KEIDAREN es la mayor federación empresarial de Japón, que congrega a las grandes empresas. Actúa también como locutor ante el gobierno en materias de política económica, incluyendo la política económica exterior.
    Sobre un estudio del impacto económico del TLCAN en Japón a comienzos de su entrada en vigencia, véase, por ejemplo, Keiichi Tsunekawa, "NAFTA's Impacts on Japan", Occasional Paper No. 58, Asia Program, The Woodrow Wilson Center, 1994.
    Presidencia de la República, Comunicado n. 191, Tokio, Japón, marzo 11, 1997.
    "Feature: Investment Climate of Mexico", Highlights of JOI Review, No. 34 (Japan Institute for Overseas Investment, JOI), July 1997, pp.2-19.
    SECOFI, Subsecretaría de Negociaciones Comerciales, Dirección General de Inversión Extranjera, "Inversión de Japón en México", "Inversión de Estados Unidos en México", "Inversión de la Unión Europea en México", marzo de 2000.
    Basado en las estadísticas de la Secretaría de Economía con datos del Banco de México.
    La Asistencia ODA comprende tres áreas: 1) cooperación técnica, 2) asistencia de préstamos y 3) cooperación financiera no reembolsable. Esta tercera, en el caso de México, representa sólo una minúscula proporción en comparación con las otras dos áreas, debido a que se ofrece principalmente a países con menor nivel económico.
    MOFA, ODA Hakusho [Libro blanco sobre la Asistencia Oficial de Desarrollo] (Tokio: Kokusai Kyoryku Suishin Kyokai, años 1985-2000).
    En la primera mitad de los noventa, gran parte de la ODA japonesa hacia México eran préstamos destinados al área del medio ambiente. En este mismo período, dentro de la asistencia japonesa relacionada con el medio ambiente en la región de América Latina y el Caribe, México ocupa el primer lugar con más de 102.000 billones de yenes, seguido por Brasil (99.045 billones de yenes). Véase Ministerio de Relaciones Exteriores, Japón, "Cooperación Económica del Japón con los Países de América Latina y del Caribe" (Tokio: 1996).
    Terusuke Terada, "Diplomacia de Japón hacia América Latina", Iberoamericana, vol. XV, n. 2 (Segundo semestre 1993).
    Véase Hajime Naganuma, "Nihon-Mekisiko Kankei wo Kangaeru – Shin Nichiboku 21 Seiki Iinnkai Dai Ikkaigo" [Pensando en las relaciones Japón-México: La primera reunión de la nueva Comisión Japón-México Siglo XXI]", Raten Amerika Jiho [Boletín sobre América Latina], septiembre de 1999, pp. 7-9.
    Véase Shunichi Sato, "Resultados de la visita del Primer Ministro Hashimoto a cinco países latinoamericanos", Sekai Keizai Hyoron 1996/11(en japonés).
    U.S. Department of State, FY2000 Country Commercial Guide: Mexico, p. 10.
    Véase Shigeru Kochi, "Perspectivas de los Acuerdos de Libre Comercio entre Japón y América Latina: Un enfoque desde la diplomacia económica japonesa", en José Briceño Ruiz y Marleny Bustamante (compiladores), La integración latinoamericana: entre el regionalismo abierto y la globalización$ (Mérida, Venezuela: Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes, de próxima publicación).
    CONCAMIN, Política Industrial 2000-2006 (México, D.F.: 2000), pp. 196-205.
    SRE, Comunicados de Prensa NUM.045/00, Tokio, 21 de febrero de 2000
 
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