RICARDO CICERCHIA: Buenos Aires: Editorial Troquel, 2001.
Lejos ha quedado el Antiguo Régimen, un lento proceso de secularización ha transformado el estado y la sociedad se define ahora como romántica y burguesa. El silencio (aquella virtud femenina) quebrantado por la apelación a la justicia en reclamo de buenos tratos ha dado paso, en el tomo II de Historia de la vida privada en la Argentina. Desde la Constitución de 1853 hasta la crisis de 1930, de Ricardo Cicerchia, al bullicio de los espectadores. El tranvía y el ferrocarril han transformado los tiempos y espacios citadinos. El género chico despliega problemas y lenguaje propios de la ciudad. Los encuentros sociales en la plaza, la estación y el café señalan una marca indeleble: "la emergencia y consolidación del individualismo". Se ha producido la transición "del Antiguo Régimen a la República".
En 1998, el tomo I de la Vida privada aparecía como un pionero en el estudio de la historia cotidiana en la Argentina. Desde entonces se han editado otros trabajos acerca de esta temática. Los seis capítulos que integran este libro se articulan alrededor de un tema central e indagan las formas de sociabilidad de una sociedad que se va definiendo como burguesa. "El hábito, como receptáculo de las prescripciones sociales, lugar de conformación de las identidades y de negociación cultural de la realidad, es el verdadero foco de esta indagatoria".
En la introducción, el autor propone una periodización. La Constitución de 1853 define, sobre papel, un programa liberal. A partir de 1862, la modernización jurídica comienza a llevarse a la práctica. La instalación del Poder Judicial, la aprobación de los códigos de comercio y civil, actualizaron la legislación privada y penal. "Luego de tres décadas de ensayo y error, sobre todo en el mundo de la política, 1880 marcó una divisoria de aguas". La conquista del territorio indígena y la presidencia de Roca señalan "el triunfo del Estado central. La Argentina se convertía al fin en nación". Es en este momento cuando lo privado comenzó a necesitar reglas de conductas definidas.
El libro comienza con un "ocaso", los últimos episodios que muestran la decadencia de un "código de muerte" y de una "cultura del honor". Son rasgos de una sociedad que se termina y sobre la cual se cimienta una nueva.
Los capítulos II y III destacan el surgimiento de novedades. Las grandes tiendas y la publicidad hacen su aparición, para vender a un público que observa, elige y consume. Los intercambios epistolares, la correspondencia postal y el correo, junto a la expansión de la fotografía y el cine, aparecen como formas de expresión de una sociedad burguesa: "Existe un camino inevitable al que lleva la combinatoria entre el primer plano y el movimiento, la fijación por progreso individual, esa idea descarnada de la burguesía en ascenso".
Los conocimientos de una vasta literatura de viaje y de historias de viajeros, que en el siglo XIX se internaron en los territorios americanos, permiten a Ricardo Cicerchia insinuar algunos significados. Un relato de viaje en tramway, cifras que especifican la magnitud de la red tranviaria ,combinados con detalles cotidianos, llevan al autor a concluir que "en la segunda mitad del siglo se llevó a cabo una revolución en las maneras de viajar. Se procesó un nuevo tipo de experiencia llamada a tener una importancia extraordinaria en la mirada y los sueños de la vida privada de las personas. El viaje comenzaba a ser parte de un imaginario casi cotidiano".
El capítulo "La habitación familiar" señala contrastes propios de esta sociedad. Las grandes construcciones monumentales junto a la habitación de inquilinato popular; las casas de la gente "acomodada" se transformaron en conventillos. También se describe el nacimiento de los barrios. El remate de lotes y la posibilidad de la "casita" propia transformaron los suburbios en espacios de sociabilidad "que extendía[n] la intimidad de lo privado a este primer entorno social". Además, el conventillo y el suburbio se convirtieron en "integradores sociales", concluye el autor. A diferencia de la ciudad, los colonos y peones del campo se dispersaron por la extensiva pampa húmeda. El capítulo comienza con un aviso publicitario de la empresa de muebles 'La Inglaterra' y contrasta con las sillas de cráneo de vaca de los chacareros, en el final del texto.
En este libro, los sonidos han cobrado disimuladamente su protagonismo en la historia. Se puede oír el tranvía que avisa su paso; las funciones de cine mudo al son del acompañamiento de pianistas y el público que comenta los pormenores del relato cinematográfico; los reclamos a los malos espectáculos teatrales; el mercado, la calle y el conventillo, espacios de encuentro donde la gente expresa sus sentimientos, opiniones, puntos de vista y necesidades. También las imágenes ocupan un lugar destacado; sin embargo, el texto las interpreta poco. Queda pendiente al lector la tarea de detenerse en la cuidadosa selección de fotografías, dibujos, caricaturas, propaganda y portadas de libros y revistas que formaron parte del universo de circulación entre los individuos.
| Inés Yujnovsky |
Universidad de Buenos Aires |
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