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La Asociación Rural del Uruguay (1870–1914)
Daniela Bouret Vespa CSIC
Alcides Beretta Curi Universidad de la República
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La vitivinicultura
cumplió un papel relevante en los procesos de modernización
que vivieron los países australes latinoamericanos en el
último cuarto del siglo XIX y primeras décadas del XX,
tal como lo asigna la documentación de la época, los
testimonios de los protagonistas, la creación y evolución
del propio sector en ese período. El
estudio introduce una reflexión a partir de la actividad
desarrollada por una élite de empresarios con fuertes vínculos
en los elencos políticos y sólidamente implantada en
diversas organizaciones corporativas. No deja de llamar la atención
cómo una apuesta que se impulsó igualmente con fuerza
desde varios Estados de la región plasmara, finalmente, en
resultados tan diferentes: la temprana potencialidad exportadora de
la vitivinicultura en Chile o Mendoza contrasta con el éxito
endogámico del caso uruguayo o los más modestos de
Salta, San Juan, Jujuy y San Luis, en el interior argentino.
Antecedentes y procesos de
modernización
En el último
cuarto del siglo XIX se asiste a una redefinición de los
espacios y mercados en el Plata. Las crisis de las economías
tradicionales, en el marco de la creciente incorporación de la
región al mercado mundial, generaron diversas respuestas.
Uruguay sufrió las consecuencias del declive y crisis del
"comercio de tránsito"que operaba desde
Montevideo sobre un ampliohinterlandregional. Es cierto
que, al igual que Mendoza, enfrentó la crisis de su economía
tradicional ganadera, pero no desarrolló un proceso de
especialización vitivinícola y quedó,
finalmente, circunscrito a un mercado delimitado por las fronteras
nacionales. Para Uruguay, por lo tanto, los cambios operados en la
región implicaron la "confiscación" de un
espacio geográfico–mercado que, en definitiva, no le
pertenecía. Paulatinamente, las fronteras se
"densificaron"y se definieron como límites
más o menos eficientes de sus respectivos mercados internos.
El río Uruguay fue perdiendo su rol comunicador y los vínculos
con el litoral argentino, hasta entonces amplios y relativamente
fuertes, se debilitaron. Las estrategias implementadas por los
empresarios desde Uruguay para crear un mercado de vinos [1]
en el litoral argentino –concretamente en Entre Ríos–
reconocen una etapa experimental que resultó, finalmente,
fallida. [2]
No es menor la
percepción por los contemporáneos del fenómeno
de la"crisis"de la economía tradicional
y las reflexiones que generó en torno a proyectos alternativos
y el destino de estas sociedades. La conjugación de la crisis
de mercados para la ganadería tradicional y el tasajo con la
decadencia del "comercio de tránsito", avivó
una polémica interna muy fuerte: la disyuntiva entre país
productor primario pero modernizado (ganadería asociada con
agricultura, mestización ganadera, agricultura diversificada)
o la industrialización (sustentada en la creciente importancia
del mercado interno). [3]
En este contexto, la élite visualizó la vitivinicultura
como una herramienta eficaz en la construcción de un nuevo
modelo de país:
1) Era un factor diversificador de la
economía tradicional sustentada en la ganadería
extensiva. En cuanto factor de diversificación, se presentaba
como un instrumento más para enfrentar las crisis que
conmovían el país criollo o tradicional;
2) Se la potenciaba como un elemento
clave en la consolidación de la agricultura, actividad
tradicionalmente débil en el Uruguay;
3) Presentaba
buenos retornoscomo inversión (Jules Guyot [4]
–lectura de cabecera para los fundadores de la vitivinicultura–
señalaba una rentabilidad segura del 10% sobre la inversión
de capital para los países vitivinícolas y
particularmente el caso francés. En
Uruguay y hacia 1912, el Ing. Julio Frommel estimaba esa rentabilidad
para Uruguay en un 13%); [5]
4) La
vitivinicultura era intensiva en el uso de la mano de obra y requería
conocimientos y habilidades que concurrían a la
"domesticación"del peón de
estancia y creaba hábitos de orden y trabajo; por lo tanto, se
presentaba como un factor de estabilidad política, al
debilitar los bolsones sociales de marginales y peones estacionales,
sobre los que se sustentaban las guerras civiles. [6]
El país
protagonizó en esas décadas un crecimiento que,
teniendo en cuenta el débil desarrollo agrícola, no
dejó de ser impactante. Entre 1874
–registro estadístico del primer viñedo–
y 1930, el número de establecimientos evolucionó de 1 a
4.964 (a razón del 16,4% anual) y las hectáreas en
explotación de 35 a 12.484 (4,2% anual). [7]
La relación entre el área agrícola y el viñedo
exhibe, sin embargo, resultados muy modestos: en 1900 era el 0,87%, y
en 1930 rebasaba escasamente el 1% del área agrícola. [8]
El viñedo uruguayo presentó,
en su fase inicial, rendimientos más bajos respecto a España,
pero a partir de principios del siglo XX ya superaba la productividad
promedio de aquel país europeo y hacia la década del
treinta se aproximaba a los niveles de algunas de sus principales
zonas vitícolas. [9]
De todas formas, resulta evidente que en
las primeras décadas del XX se había consolidado un
desnivel de tal magnitud que, asociado a otros factores, denunciaba
las dificultades uruguayas para exportar y la imprescindible
protección de su mercado frente a la producción de
origen europeo y, fundamentalmente, mendocina. [10]
De esto resultaron, necesariamente, singulares comportamientos
empresariales y diferentes estrategias implementadas por la élite.
Por otra parte, una línea de estudio –en el marco del
proyecto– sobre consumo, salud y alcoholismo [11]
estaría advirtiendo sobre una escasa cultura vinícola
en el país y un muy bajo consumo de vinos y otras bebidas
alcohólicas, en contraste con Chile o la propia Argentina, por
citar dos países de la región. Esta realidad –en
la que al tema precios se añadiría, probablemente, una
cierta desventaja en calidad de los vinos uruguayos frente a los
mendocinos– [12]
condicionó la apuesta de la élite y devaluó,
finalmente, el proyecto vitivinícola. Es estimable –no
contamos con certezas al respecto– que los vinos comunes
uruguayos de mejor calidad fueron exportados en pequeñas
partidas a la región, de modo que si no se establecía
un régimen de protección, la concurrencia extranjera
sería devastadora sobre la producción uruguaya, por sus
mayores costos de producción e inferior calidad.
Finalmente, la relación entre
producción y consumo da cuenta de serias limitantes en la
construcción del mercado interno. Referir a las
comunicaciones, permite reparar en una acción del Estado con
cierta relevancia a partir de 1905, [13]
en tanto el trazado ferroviario sufrió numerosos bloqueos en
su desarrollo. El ferrocarril se construyó lentamente y su
trazado radial convergente en Montevideo explicitaría las
preocupaciones del "alto comercio" [14]
y los inversores británicos en canalizar de manera más
rápida y eficiente el tráfico con la región, en
tanto que también sirvió a los fines centralistas y
autoritarios del Estado uruguayo. Sin embargo, la progresiva
extensión de las vías férreas fue acompañada
del declive de ese comercio al que pretendió servir, en tanto
tampoco cumplió el papel integrador al que muchos aspiraron.
Se entiende, entonces, que aun siendo un país pequeño,
el Uruguay no funcionó como un mercado integrado. Aún a
comienzos del XX, los fletes eran altos, de modo que durante largo
tiempo continuaron los troperos conduciendo el ganado a la tablada o
los campos de engorde del entorno capitalino, en tanto productores
agrícolas –y concretamente los viticultores– así
como los bodegueros, recurrieron con limitada frecuencia a este
servicio. Por otra parte, la extensión mayor del viñedo
uruguayo se encontraba en el área rural, en torno a la
capital–puerto: en 1916 era poco más del 50% (3.115 de
las 6.170 has en explotación), y en las bodegas de este
departamento se elaboraba el 61,5% del vino nacional (12:656.881
litros sobre un total de 20:576.64). La producción de vino se
colocaba en los departamentos del sur del país, por otra parte
los mejor comunicados por caminos y donde a comienzos del siglo XX se
densificaba la mayor parte de las carreteras construidas por el
Estado. Así, Montevideo conservó indiscutiblemente el
rol de principal mercado nacional. [15]
Consiguientemente, el ferrocarril no incidió en propiciar el
desarrollo de otros espacios vitícolas ni fue esencial al
sector, tal como se constituyó geográficamente, ni en
su fase mercantil. Las críticas contra el ferrocarril se
multiplicaron desde fines del XIX, y a comienzos del 900 algunos
miembros de la élite insistieron en los efectos negativos de
este servicio respecto a poblar la campaña, estimular la
actividad económica y el intercambio. [16]
La constitución de la élite
y su proyecto
Diferenciándose
un tanto de las élites de la región, la uruguaya
presenta una constitución más compleja y reconoce
diferentes vertientes, ya que la integraron hombres procedentes de
diversas actividades: agro, comercio, industria. Su acción
renovadora se hizo sentir en sus esferas respectivas, muy
particularmente en el sector industrial, siendo la vitivinicultura un
espacio convocante y diversificador de sus negocios. Ciertamente
figuran allí hombres nacidos en el seno del viejo patriciado,
pero es muy nítido y relevante el liderazgo de hombres nuevos,
procedentes de la inmigración, se trate de extranjeros o de
sus hijos nacidos en el país. [17]
Algunos de sus
miembros integraron el elenco de los partidos políticos
–fundamentalmente del Partido Colorado– y se desempeñaron
como legisladores, ministros y hasta un Presidente de la República.
Otros tejieron sólidos vínculos de camaradería y
amistad con legisladores y políticos. Tampoco estuvieron
ausentes los lazos creados por negocios. Es necesario tener en cuenta
que el viejo patriciado perdió poder económico y se
refugió en la carrera política, conservando cierto
nivel de autonomía respecto al poder económico; por
tanto, a veces es menos evidente la relación entre la élite
empresarial y el elenco político. Al menos, esta ha sido una
visión tradicional en la historiografía uruguaya. [18]
Sin embargo, esos fuertes vínculos con los partidos políticos
y el Estado no fueron suficientes para enfrentar exitosamente el
poder de los estancieros en el parlamento. La élite se
constituyó con una fuerte presencia de extranjeros: radicados
en el país como inmigrantes, devinieron empresarios y
gravitaron en los espacios de su acción particular (el mundo
de la empresa, la actividad corporativa, la política).
La élite impulsora de la
vitivinicultura en el Uruguay
|
NOMBRE
|
NACIONALIDAD
|
ACTIVIDAD
|
LOCALIDAD DEL VIÑEDO
|
|
Pablo
Varzi
|
hijo
de italianos
|
Tallerista,
político
|
Montevideo
|
|
Diego
Pons
|
hijo
de catalanes
|
Importador,
político
|
Canelones
|
|
Francisco
Vidiella
|
catalán
|
Importador,
lotería
|
Montevideo
|
|
Francisco
Piria
|
hijo
de italianos
|
Rematador,
balneario
|
Maldonado
|
|
Andrés
Faraut
|
francés
|
Agro
|
Montevideo
|
|
Buonaventura
Caviglia
|
italiano
|
Industrial,
banquero
|
Soriano
|
|
Hnos.
Peirano
|
italianos
|
Industriales
|
Montevideo
|
|
José
Campomar
|
español
|
Industrial
|
Montevideo
|
|
Luis
de la Torre
|
uruguayo
|
Agri
|
|
|
Adolfo
Artagaveytía
|
uruguayo
|
Comercio,
agro
|
Canelones
|
|
Buxareo
Oribe
|
hijo
catalán
|
Comercio,
agro
|
Montevideo
|
|
Carlos
Augusto Fein
|
alemán
|
Comercio,
agro
|
Colonia
|
|
Antonio
Raffo
|
italiano
|
Industria
|
Montevideo
|
|
Ramón
Arocena
|
uruguayo
|
Agro
|
Florida
|
|
Domingo
Basso
|
italiano
|
Agro
|
Montevideo
|
|
Alfredo
Margat
|
hijo
de francés
|
Agro
|
Montevideo
|
|
Matías
Alonso Criado
|
español
|
Diplomático,
agro
|
Canelones
|
|
Francisco
Lecoq
|
hijo
de español
|
Político,
agro
|
Canelones
|
|
Juan
Campisteguy
|
hijo
de francés
|
Político
|
Canelones
|
|
Máximo
Tajes
|
uruguayo
|
Militar,
político
|
Montevideo
|
Fuente:
Base de datos de los autores
Quizás
porque el escenario de su múltiple acción fue
Montevideo –ciudad mercantil, abierta a las diversas corrientes
ideológicas europeas y americanistas–, esta élite
nació de un tejido social más abierto y liberal por su
matriz ideológica. [19]
En su composición se advierte la temprana presencia de
empresarios diversificados [20]
pero el núcleo rector no presenta, necesariamente, ese
carácter. Es igualmente temprano el interés de hombres
que, desde diversas ramas de la industria, [21]
derivaron hacia la vitivinicultura. [22]
Un primer reconocimiento en el registro de vitivinicultores de 1916
los identifica con explotaciones que totalizaban unas 691 has
destinadas a viñedos. La cifra no es insignificante: si se
tiene en cuenta que, entonces, el viñedo nacional registraba
6.170 has, significa que estos industriales controlaban el 11,20% de
su superficie. De todos modos, resulta evidente que la élite
uruguaya no se comprometió activamente con la vitivinicultura.
El éxito en su propagación y
consolidación fue obra del sector más dinámico
que la impulsó, generando un clima "contagioso"
entre hombres de empresa de muy diversa procedencia. Ciertamente, la
vitivinicultura fue una "pieza"$$ en el proceso de
modernización que alentó un modelo de país que
asoció innovación y colonización en el agro e
industrialización.
A partir del
registro de productores vitícolas de 1916 de la Asociación
Rural del Uruguay y de la Unión Industrial
Uruguaya,es posible identificar a unos 40 individuos como
miembros relevantes de la élite. Presentan como
características comunes, además de su involucramiento
en la viticultura –algunos con bodega–, varios desempeños
políticos, participación en actividades diversificadas
e integración a diversas organizaciones corporativas como
resultado de esa diversificación. Por su origen, 18 eran
extranjeros, 12 hijos de extranjeros y 10 uruguayos. De ello resulta
claro que estos hombres carecían de
antecedentes familiares que los vincularan a los círculos
oligárquicos.
Respecto a la
acción de esta élite para fomentar la vitivinicultura,
resulta evidente, en primer lugar, que su
discurso y la acción resultante no se sustentaron en sólidos
conocimientos y prácticas previas. A la vista estaba la labor
experimental –deudora de los "manuales" europeos–
llevada a cabo por los "pioneros" [Francisco
Vidiella, Pascual Harriague, Pablo Varzi, Domingo Portal, Luis de la
Torre]. También las prácticas introducidas por los
agricultores inmigrados al Uruguay. Sin negar la posibilidad de
algunas experiencias aún hoy poco documentadas, [23]
hasta donde la investigación en curso alcanza, revela que era
una actividad poco conocida en el país. Consiguientemente, las
notas aparecidas en diarios y revistas sobre el tema y los
asesoramientos a productores o posibles productores brindaban
información general sin priorizar –al menos en las
primeras décadas– la calidad del cepaje y de los
vinos. [24]
Diversos aspectos de carácter agronómico y climático
no fueron un impedimento para los ensayos que se realizaron; en lo
referente a suelos existía un desconocimiento significativo y,
si bien algunos indicadores –suelos excesivamente húmedos–
pudieron ser un reparo inicial, se apostó a la aclimatación
del viñedo. Los estudios científicos sobre el tema son
posteriores a la creación de la Facultad de Agronomía,
hacia 1910.
Un aspecto que
entronca con el anterior refiere a los modelos de referencia. En el
caso uruguayo, pareciera no existir modelo o, seguramente, los
modelos fueron varios. La fuerte presencia de la inmigración
de origen italiano –lamentablemente aún no ha sido
posible identificar la procedencia de la misma por regiones–
debe remitir a prácticas muy diferentes en el propio país
de origen. También tuvo su aporte la inmigración
española, donde destacaron los canarios y el núcleo
pequeño pero influyente de los catalanes. Por otra parte, los
manuales y textos sobre vitivinicultura –ampliamente
incorporados a las bibliotecas de la élite y de la propia ARU–
remiten a los conocimientos y prácticas del viñedo de
origen español, francés e italiano. Otros tantos
referentes en materia enológica. No obstante, no se reconoce
desde la prédica de la élite la postulación
clara de un modelo.
No menos relevante
resulta identificar los niveles de recepción de conocimientos
y las prácticas experimentales, así como los carriles
por los que transitó la difusión de saberes entre los
pequeños productores. En este espacio, el del conocimiento, se
advierte la importancia que, en Uruguay, alcanzó el
autodidactismo, el uso de manuales y una bibliografía
relativamente amplia en manos de los "pioneros"
y de los hombres que iniciaron sus inversiones en el sector en la
fase inicial de su construcción. [25]
En cuanto a la
acción del Estado en la materia, estuvo limitada por la
concepción liberal que alentó a los elencos de
legisladores y por los escasos recursos con que contaron los
gobiernos para encarar y financiar proyectos. Respecto al primer
aspecto se fueron procesando, sin embargo, algunas iniciativas que
dieron cuenta –desde el último tramo del XIX– de
cierta ingerencia estatal en espacios que, hasta entonces, se le
consideraban vedados. Contrastando con las fuertes inversiones que se
movilizaron desde el Estado nacional hacia Mendoza, por referir a una
experiencia de la región, los recursos asignados en Uruguay
fueron muy modestos. Debe señalarse,
además, que la acción legislativa tuvo en Uruguay
alcance limitado pero efectivo:
- La política proteccionista
benefició al sector en el marco de las leyes generales que
afectaron el tránsito aduanero. [26]
- Las leyes de estímulo al
sector fueron de carácter puntual y dejaron de "estar
vigentes" muy pronto. [27]
- Por último, el Estado
uruguayo no aplicó leyes particulares para el sector, salvo la
de 1903 –reformulada posteriormente en dos oportunidades–
que, con una marcada voluntad fiscalista, regulaba la producción
de vinos naturales y perseguía la elaboración de vinos
artificiales. La vitivinicultura no contó –como tampoco
el resto de la naciente industria nacional– con una política
crediticia por parte de las instituciones bancarias estatales. [28]
El recurso a los circuitos de crédito
privado fue el mecanismo dominante junto a la inversión y
sociedades de capital en el sector. Posteriormente y de modo muy
lento aparecieron algunas líneas habilitadas por el Banco de
la República y el Banco Hipotecario, que facilitó
inversiones en viñedos, instalaciones de bodegas,
reequipamientos, etc. [29]
En materia de formación de técnicos, la creación
de Escuelas Agrarias figuró en la prédica de la ARU
durante varios años, siendo igualmente muy pobres los
resultados alcanzados.
La acción de la élite
desde la Asociación Rural del Uruguay$$
En la implantación, desarrollo
y consolidación de la vitivinicultura en el Uruguay, cumplió
un papel muy importante la Asociación Rural del Uruguay
[ARU]. Fundada en 1871, y apoyada en el poder militar que aceleró
el proceso modernizador en el país, nucleó a una élite
de productores agrarios identificados con la moderna ganadería.
Desde ese espacio aportaron al debate y la reflexión sobre un
modelo de país que asociaba la ganadería moderna a la
agricultura y cierto nivel de industrialización. En esa
perspectiva, la ARU visualizó la vitivinicultura como un
elemento innovador en el campo y como una de las palancas
generadoras de una clase de pequeños y medianos
productores rurales. Además de un factor modernizador del
agro, concurriría a pacificar la campaña,
asentar al hombre en la tierra, generar nuevos recursos para el
mercado interno y para la propia ganadería, en suma, un
elemento de diversificación de la producción agraria
tradicional.
La exploración del archivo de
la Asociación Rural del Uruguay permite calibrar la
importancia que esta élite concedió a la
vitivinicultura. Desde la visualización de la corporación
como una entidad nucleadora de productores ganaderos, el interés
por la vitivinicultura podía ser apreciado como un instrumento
al servicio de sus fines generales prioritarios. Sin embargo, reparar
en algunos aspectos puntuales de los hombres que asumieron la
dirección gremial, el contenido de sus publicaciones
oficiales, la atención privilegiada a la constitución
de una biblioteca central y otras a cargo de las Comisiones
Auxiliares constituidas en algunos departamentos del país,
así como la lectura de los libros de actas de la Junta
Directiva, revelan que la institución tuvo un compromiso más
profundo y efectivo con este emprendimiento.
La ARU ha sido visualizada como una
corporación que concentró a la clase ganadera
progresista. La extensa y fecunda obra de los historiadores José
Pedro Barrán y Benjamín Nahum estudia a esta
corporación como expresión de una élite que
reconoce como camino para el desarrollo uruguayo una ganadería
mestizada y asociada a la agricultura. Sin negar esta perspectiva a
más largo plazo, al menos durante unas tres décadas la
dirección gremial asumió un compromiso muy fuerte con
la agricultura y más concretamente con la viticultura. Entre
la fundación (1871) y la realización del I Congreso de
Viticultura (1903) pueden distinguirse tres momentos: una primera
etapa que corresponde a la década y media inicial, en que los
artículos y la correspondencia atienden la temática con
entusiasmo y dedicación; una segunda en que el tema se
debilita, en correspondencia con la extensión de las
enfermedades del viñedo –particularmente de la filoxera–
y la práctica creciente del arranquío; un tercer
momento que coincide con los esfuerzos de repoblamiento del viñedo.
La composición
de las sucesivas Juntas Directivas es elocuente respecto a la
representación que en ella tuvieron los viticultores y los
hombres "sensibles"a esta temática.
Esa representación se refleja en las actas de sesiones de la
Junta, donde el tema cobra, en oportunidades, una relevancia que
opaca el tratamiento de los asuntos estrictamente ganaderos. Durante
esas tres décadas [1871/1903] la presencia de viticultores –se
dedicaran exclusivamente a esa producción, bien se tratara de
una actividad exploratoria o una diversificación de
inversiones– varió de una Junta Directiva a otra,
alcanzando en oportunidades a representar entre el 65% y el 75% de
sus componentes. Si bien en algunos ejercicios intermedios su
presencia fue inferior, dominó una corriente manifiestamente
proclive al tema. En la última década del XIX
–repercusiones de la crisis de 1890 sobre las actividades
productivas, expansión de la filoxera– se debilita la
presencia de los hombres de la vitivinicultura en la Junta Directiva.
Superada la crisis, a partir de 1895, nuevamente crece su
participación en la Junta Directiva. Desde esta investigación,
es posible visualizar el Congreso de 1903 como un hito clausurante
del compromiso de la ARU con el sector naciente. Posiblemente, la
sanción de la ley de vinos de ese año generó
grandes expectativas entre los productores, en la medida que
completaba la legislación proteccionista vigente con medidas
concretas contra los vinos artificiales. Por otra parte, la derrota
de caudillos y huestes rurales en la guerra civil de 1904 –alejando,
definitivamente, todo peligro de algo parecido a una "revolución
social" en el campo– también concurrió
a debilitar el forzado interés de muchos dirigentes rurales
por los asuntos agrícolas: el país tomaba,
definitivamente, el sendero de la ganadería. A partir de la
fecha, si bien el tema no fue "descartado" del interés
de la gremial, no fue ya una apuesta y, definitivamente, la ARU se
identificaba con el destino ganadero del Uruguay.
El interés
de la corporación por la agricultura en general y,
específicamente, la vitivinicultura, se refleja también
en la constitución de su Biblioteca. La compulsa de los libros
de actas de la ARU da cuenta de una frecuente recepción de
materiales con destino a este servicio y de algunas compras iniciales
de libros con destino a su sede central o a las Comisiones
Auxiliares constituidas en algunos departamentos del país.
Parte del fondo bibliográfico se obtuvo por canje con la
revista que la gremial editaba. Sorprende la avidez por enriquecer
esta sección de la ARU con textos relativos a la agricultura
en general, su enseñanza, así como a ramas específicas
(fruticultura, viticultura, etc). El inventario de los libros de la
Biblioteca de la ARU, confeccionado con motivo del centenario de la
gremial en 1971, [30]
daba cuenta de la existencia de 2.137 volúmenes, de los cuales
la Biblioteca había incorporado 1.330 al cierre del período
aquí abordado. No obstante, de ese fondo, son los 867
volúmenes correspondientes a ediciones del siglo XIX los que
fueron adquiridos en plena fiebre "pro–agrícola"
de sus dirigentes, y cuyo contenido se aprecia en el cuadro
siguiente:
Fondo bibliográfico de la
ARU correspondiente a ediciones del siglo XIX
|
agronómico–agropecuarios
|
99
(11%)
|
|
agricultura e industrias derivadas
|
384
(45%)
|
|
granja
y actividades derivadas
|
69
(8%)
|
|
Forestación
|
27
(3%)
|
|
veterinaria,
ganadería y derivados
|
288
(33%)
|
Fuente:
Archivo ARU: "Biblioteca de la ARU. Índice alfabético
por temas"
El conjunto de temas abordados en
este repertorio bibliográfico institucional –editado en
el siglo XIX– fue reagrupado en referencias que dieran cuenta
de los principales contenidos. Lo primero que asombra es el interés
por actividades nuevas o de escaso desarrollo en el Uruguay, pero que
eran percibidas como elementos modernizadores del país.
Descontando lo genérico del rubro agronómico–agropecuario,
el 67% de la biblioteca de la ARU refería a la moderna
agricultura, actividades de granja y forestación frente a un
repertorio más modesto –presente con el 33%– de
veterinaria y ganadería. No se pretende extraer resultados
concluyentes y tan sólo es indicativo de ciertos intereses y
prioridades que la élite empresaria impulsaba con entusiasmo.
Una exploración a los contenidos del rubro agricultura e
industrias derivadas presenta estos resultados:
Temática de la bibliografía
agrícola
|
agricultura
general
|
233 (66%)
|
|
enseñanza
agrícola
|
47 (13%)
|
|
maquinaria
agrícola
|
9 (2%)
|
| cultivos industriales
|
20 (5%)
|
| jardines y flores
|
7 (2%)
|
| fruticultura
|
9 (2%)
|
| vitivinicultura
|
39 (11%)
|
Fuente: Archivo ARU: "Biblioteca
de la ARU. Índice alfabético por temas"
Los datos precedentes exhiben, sin
dudas, una preocupación real y activa en pro de la agricultura
en general, pero con un énfasis muy marcado en la
vitivinicultura.
La Revista de la Asociación
Rural del Uruguayy la vitivinicultura
El seguimiento de
la Revista de la Asociación Rural del Uruguay
muestra desplazamientos y continuidades en los núcleos de
interés, tangibles en sus artículos a lo largo del
período en cuestión (1875 –1930).
En los primeros
años, la preocupación imperante fue la divulgación
de los problemas que la phylloxera [31]
estaba provocando en Europa. Eran abundantes las notas sobre las más
diversas recetas para combatir la plaga y estrategias para evitar su
propagación y las acciones adoptadas en otras regiones, aunque
no obstante, no pudieron evitar importantes pérdidas. De todas
formas, estas recetas fueron combinadas con otros "levantes"
de artículos europeos referidos a las formas de mejorar la
calidad del vino, la difusión de las "novedades"
europeas y de nuevos ensayos. Entre estos últimos, se
destinaron espacios considerables en las páginas de la revista
no sólo a promover productos nuevos como los vinos de arroz,
vinos de pasas y vinos antiguos, sino también interesantes y
variados informes sobre los métodos concretos de elaboración
y mejoramiento de la calidad, la transcripción de artículos
de estimable interés para los lectores, observaciones
meteorológicas sobre las variaciones climáticas y
volúmenes de lluvias, noticias sobre exposiciones europeas,
conferencias y polémicas en torno a precios y adulteraciones
de vinos, problemas sociales del alcoholismo y beneficios del vino,
consejos que "operaban" como recomendaciones y
asesoramientos a los productores y que, indudablemente, atraían
una multiplicidad de lectores. Los vitivinicultores otorgaron a esta
revista un peculiar reconocimiento, ya que la publicación
operó como un espacio para consultas sobre prácticas
dudosas, compartir las primeras experiencias exitosas, ofrecimiento
de sarmientos, registros de información estadística de
consumos de bebidas alcohólicas, especialmente vinos, en
Uruguay y otros países. Las páginas muestran también
frecuentes llamados a los productores y autoridades a extremar las
precauciones por proteger la agricultura en general y fundar escuelas
agrarias, intentando mostrar las ventajas conexas que este tipo de
actividades aparejaba al progreso del país y de su población.
Es en 1880 cuando la revista comienza
una nueva modalidad publicitaria de este tema. La propuesta consistía
en la visita a un establecimiento vitivinícola, como pretexto
para sugerir la reflexión sobre la nueva "mina" que
significaba esta industria, a la vez que se promocionaba el
establecimiento visitado dando cuenta de las actividades realizadas
en el mismo y una relación a veces bastante detallada de
plantíos, personal ocupado y el producto de la tierra: el
vino. Las Memorias de la Asociación Rural
publicadas en la revista manifiestan la importancia creciente que fue
adquiriendo la vitivinicultura, y no sólo como actividad de
algunos de sus integrantes sino como una importante industria
nacional. La estrategia de promoción estuvo combinada también
con la difusión de concursos, premios y, fundamentalmente, por
los análisis de muestras de laboratorio. Este desarrollo
estaba estrechamente relacionado con la preocupación por
desprestigiar la producción de vinos artificiales y
adulterados, [32]
a la vez que destacar los beneficios del consumo de los vinos
naturales. [33]
Es necesario destacar que, con la industrialización del vino,
comienza un período de crecimiento que si bien responde a
diversidad de factores, se vio estimulado por el crecimiento
demográfico registrado en el país. Este crecimiento fue
acelerado por el ingreso de inmigrantes –en su mayoría
hombres de la Europa mediterránea– para quienes el vino
era parte importante de su dieta alimenticia. Esto supuso, entre
otras cosas, una demanda interna asegurada y mecanismos de difusión
de las distintas variedades por las bodegas.
Los inicios de la vitivinicultura en
el país están asociados también a los días
de festejos. La vendimia es calendarizada a partir del primer
registro público –en febrero de 1883– cuando Don
Francisco Vidiella celebró la Primera Vendimia en su Granja de
Colón. A lo largo del período, las anotaciones de estas
"delicias" en las páginas de la revista se articulan
con preocupaciones más difíciles de resolver como los
posibles planes de estudio para la escuela agraria, las enfermedades
en el viñedo o los vinos adulterados. La institución
participó de la "fiebre del progreso",
que se expresó por la necesidad de "cuantificar" y
"medir"; consiguientemente, la publicación exhibe en
sus páginas diversidad de cuadros comparativos sobre consumos
de bebidas en el país, la región y Europa; rendimientos
por hectáreas; listado de premios, etc. Todo esto, además,
explica el interés creciente por saber más sobre
quienes se estaban dedicando a esta actividad y así, por
ejemplo, la ARU dio curso –en 1888– a un formulario que
intentaba construir un registro de productores.
A fines de 1898, las páginas
de la revista se enriquecen con las reflexiones y contribuciones de
agrónomos como el Ing. Julio Frommel, cuya prédica
alentaba fundamentalmente a recorrer las enseñanzas europeas
pero sin trasladarlas mecánicamente, reformulándolas al
medio local. En esta línea, pueden situarse además las
valiosas indicaciones del Ing. Teodoro Álvarez Montero,
preocupado por elevar el conocimiento sobre los procesos de
vinificación entre los productores. Los debates más
interesantes en este período refieren a las incorporaciones
sobre las técnicas de refrigeración y levaduras y la
posibilidad de contratar expertos extranjeros para potenciar las
plantaciones vernáculas. [34]
Este período es fermental también para la planificación
del congreso de vitivinicultores, previsto para el 900. [35]
Las preocupaciones luego del Congreso fueron la promulgación
de la ley de vinos, la divulgación de las últimas
técnicas de vinificación, la publicidad, el
conocimiento sobre consumo y los problemas sociales del alcoholismo,
la generación de hábitos de trabajo en mujeres, hombres
y niños rurales, la higiene del hogar. En cuanto a la
publicidad, pueden destacarse dos vías nuevas: avisos con
grabados incorporados sobre maquinaria, pulverizadores y
establecimientos; y, por otro lado, el reconocimiento a quienes
constituyeron el núcleo impulsor de esta actividad, como fue
la preocupación por la erección de un monumento a
Vidiella (1927) luego de su fallecimiento.
De todas formas, avanzada la primera
década del siglo XX, los espacios dedicados a los temas
agrícolas comienzan un lento declive a favor de la
preocupación ganadera, que va llenando las páginas con
fotografías de concursos de bovinos, ovinos, exposiciones de
caballares y temas afines. La traslación del eje de interés
es un indicador verosímil del cambio de preocupación de
los productores y del propio Estado hacia la explotación
ganadera.
Estímulo a la difusión
de la vitivinicultura
Acercándonos un poco más
en detalle a los textos concretos publicados, observamos que el rasgo
más distintivo de este impulso está constituido por la
intención de contagiar su entusiasmo en el desarrollo de esta
rama de la producción y de la industrialización
nacional.
Avanzada la década de 1870, no
eran pocas las voces que apostaban a la vitivinicultura con la
convicción de que se trataba de la promesa de una industria
pujante, y se la visualizaba desde estas páginas como una
salida productiva frente a las opciones fáciles imperantes de
carácter especulativo. "Entre los varios ramos de
agricultura, es indudable que la viña ha merecido de algunos
años a esta parte particular atención y si los
esfuerzos aislados de algunos individuos hubiesen encontrado un
centro común, donde pudiesen comunicarse sus descubrimientos y
comparar sus productos, es probable que a esta hora nos sorprendería
el progreso realizado. [36]
Juan C. Corta, autor de estas reflexiones, veía el fin de
la crisis que estaba atravesando el país y pregonaba la
necesidad de apostar capitales a la vitivinicultura, que sería
fuente de riqueza económica y de empleo, esquivando así
la especulación en la Bolsa.
En esta línea podemos destacar
la promoción de opiniones de distintos visitantes, entre otros
el enólogo italiano Vittorio Scalabrini, que dejó
impresas también sus esperanzas al respecto: "Aunque
este país me sea casi completamente desconocido por haber
llegado de Europa pocos días hace, sin embargo en tiempos como
el presente en que tanto se agita la cuestión de la
cultivación de la vid, me permito expresar mi débil
opinión al respecto. Por cuanto pude examinar, puedo afirmar
que la viticultura tendrá un porvenir brillante en esta
República, porque en un país felizmente dotado por la
naturaleza de las condiciones más preciosas que pueda apetecer
la agricultura en general, la vid ha de encontrar las más
favorables circunstancias para responder exuberantemente a las
esperanzas del cultivador. (...) Llegó tiempo ya que este país
se emancipe de la onerosa importación de los vinos y conserve
en el interior los ingentes capitales que actualmente envía al
exterior; y esto podrá conseguirse en breves años si la
cultivación de la vid no se detendrá en los confines en
que se halla presentemente limitada. (...) Montevideo, 14 de abril de
1887". [37]
El intercambio de conocimientos, las
consultas epistolares y la promoción de plantas a bajos
precios fueron otra estrategia para promover la industria.
"Deseosos de que esta tan productiva planta industrial se
propague convenientemente en el país, hemos obtenido de varios
plantadores que poseen cepas de buena calidad, procedentes de Italia,
Francia y España, que pongan a disposición del público
los plantones que poseen, expendiéndolos a precios reducidos
con el solo interés de hacer que se divulguen con profusión
aquellas clases que son más aparentes para la fabricación
del vino. Sabido es, que el país se presta admirablemente para
el cultivo de la viña, como ha quedado comprobado por los
distintos ensayos hechos; falta sólo la elección de la
clase de uva aparente, sin la que, sean cuales fueren las condiciones
del terreno, no se conseguirá nunca formar un tipo de vino
regular..." [38]
Una modalidad indirecta pero muy
efectiva para acentuar el "aire de progreso" fue, como
adelantáramos, la descripción de granjas vitícolas,
donde el cronista narraba desde su llegada a la misma, el paisaje,
los colores y los aromas, hasta la recepción por la familia y
los empleados. Esta presentación iba generalmente continuada
por una detallada reseña de las virtudes de sus vinos, de la
cantidad de plantas, de las extensiones de tierras y los cuidados.
También encontramos en estas secciones, cartas y hasta
"desafíos" como el siguiente, donde un reconocido
vitivinicultor invitaba a probar los "frutos de la tierra";
nos referimos a algunas de las estrategias empleadas para el
conocimiento de sus productos, de nada menos que de Francisco
Vidiella. "El arte más útil y más
antiguo del mundo es la agricultura, rústica primero y
científica y perfeccionada después; puesto que su cuna
y sus primeros adelantos fueron el paraíso, y su vida y actual
existencia, es la compañera inseparable del hombre condenado
siempre, para llenar sus imperiosas necesidades, a cavar la tierra y
regarla con el sudor de su frente. (...) Apasionado de todo lo útil
que puede desarrollar la riqueza del país, emprendí el
cultivo de la viña y del olivo, que, a mi juicio, es grande
porvenir para el Estado Oriental. La viña y el olivo se
producen admirablemente en la mayor parte del suelo, y todo consiste
en la elección de las plantas que deben desarrollarse y aunque
haya quien diga que es absolutamente imposible el producir buen vino
en este suelo, yo invito a quien quiera beberlo para disipar sus
dudas. Nuestro vino cosechado en Colón, ha producido un
riquísimo mosto de 15º alcohol. Con esa clase de
productos pueden elaborarse los mejores vinos de Europa". [39]
Vino, salud y alcoholismo
Un resultado no deseado del consumo
de vinos reparaba en sus efectos nocivos sobre la salud. El
crecimiento de esta industria fue parte del proceso "modernizador"
que vivió el Uruguay en esas décadas y se proyectó
en la sociedad modificando las pautas de consumo y los hábitos.
Pero, a su vez, en el plano de los comportamientos, de la
conformación social de lo que las diferencias de clase, etnia,
género y edad consideraban como "bueno", emergió
en ese Novecientos un culto a la salud y a la higiene que se
constituyó como un paradigma imperante en los sectores medios
y altos de la sociedad, en una suerte de bisagra entre
"moralización de la medicina" y
"medicalización de la moral". [40]
Resulta entonces significativo el desarrollo de una industria
cuyo producto estaba directamente relacionado con lo que esta moral
esgrimía como "demonios" sociales. El debate estaba
centrado, por el lado de los higienistas, en los efectos producidos
por el consumo de alcohol (en este caso, específicamente del
vino) en el organismo humano; y por el lado de los vitivinicultores,
la promoción de lo que se entendió como la capacidad
energética que tenía su producto, sumado a la denuncia
de lo que llamaron intereses creados por desprestigiar el consumo de
vino en beneficio a otras bebidas.
Este debate, que tuvo resonancias
mayores y que supuso intentos disciplinadores cuando se amplificó
su radio de acción desde la higiene a la moral, fue sin duda
también un elemento utilizado para la promoción de los
vinos naturales como tónicos importantes en la
salud, y ambos utilizaron a la ciencia médica para respaldar
sus posiciones. [41]
El sector vitivinícola
recurrió frecuentemente como ejemplo a las modalidades
desarrolladas por los países europeos, donde se solía
citar que los países productores de vino tenían menos
índices de alcoholismo que quienes consumían otras
bebidas alcohólicas. Al respecto, para José Del Pozo,
los viñateros chilenos no difirieron mucho en su estrategia,
poniendo como ejemplo a Europa y propiciando como estrategia el
fomento de una educación que integrara al vino a la
alimentación, a la vez que el aumento de los grados represivos
para el ebrio y el fabricante de vinos adulterados. [42]
El tema del alcoholismo, es decir,
los efectos negativos en el organismo humano y en el "cuerpo"
social fueron largamente debatidos, incluso al interior mismo de la
Asociación Rural. Por ejemplo, en los siguientes
artículos, se promueve el consumo del vino, recalcando la
moderación y las propiedades tónicas, diferenciándolo
a su vez de otras bebidas alcohólicas:
La higiene es la ciencia que
trata de la conservación de la salud, es al cuerpo lo que la
moral es al alma. Es la higiene siguiendo sus principios que la
robustece y dá fuerza al cuerpo, dá salud porque enseña
el aseo, la sobriedad, los remedios e sanear las habitaciones,
escoger los alimentos, vestidos etc.
(...) Lo que se
dice de las comidas puede decirse de las bebidas. El
consejo es siempre útil. Las bebidas
en el estío son más usuales y necesarias sobre todo
para los trabajadores expuestos a los rigores y rayos de un sol
abrasador, ocupados en trabajos fuertes que producen una traspiración
abundante. El agua fría no conviene,
debilita el estómago. El vino, las bebidas alcohólicas
como lo son la caña, el coñac, la ginebra son el
vehículo que mezclados con agua acostumbran tomar durante los
trabajos los hombres del campo. Tomados
esos líquidos en pequeñas cantidades no pueden hacer
mal, aunque no son los más apropiados, pero como la sed es
mucha y en algunos hay el vicio, suceden descomposturas de cabeza,
del estómago y sudores copiosos. A.L.C. [43]
Las condiciones sanitarias del país
condicionaban el acceso al agua potable, y las insuficiencias
alimenticias eran una preocupación también de los
empresarios que veían en la ingesta vinícola, con los
cuidados necesarios, un complemento importante. El ejercicio de poder
adquiere visibilidad en la medida que regula los excesos, disciplina
los cuerpos, intenta establecer normas de conducta que parezcan
naturales y como tales se introyecten en los trabajadores sin
perjudicar el trabajo.
Los poderes
tónicos fueron legitimados por la tradición más
antigua como complemento alimenticio y medicina carísima
contra las temibles fiebres. "El vino es un tónico,
un estimulante y un verdadero alimento dotado de bastante sustancia
alible con relación a su pureza y su peso. El
vino favorece la transpiración, ayuda a todas las funciones
del cuerpo y fortifica, tomado con moderación, el estómago
y todas las vísceras abdominales. Además de alimento,
el vino es también un agente terapéutico y aunque con
alguna concisión, indicaremos algunas de las enfermedades que
se curan con ese licor que extraído de una paradisíaca
ha prestado y presta grandes e inolvidables servicios a la humanidad
y constituye la riqueza de algunas naciones". Pero el artículo no deja de transitar por lo que se
constituyó en un lugar común: los inconvenientes del
exceso de beber vino. Y cita desde Plutarco a Licurgo, sosteniendo
que "El alcoholismo ha hecho su gran camino entre nosotros
y numerosos son los que día a día sucumben a los
efectos de la bebida y muchos más desde que las diversas
bebidas aguardientes se disfrazan con nombres más o menos
atractivos para la curación de tal o cual enfermedad. (...)
Creemos que el vicio de la bebida
hará gran camino en la campaña, porque los medios de
llegar hasta las bebidas son todavía muy fáciles, dada
la facilidad misma con que se fían y venden y de los medios de
trabajo que no faltan y que siempre alcanzan para arreglar cuentas
con la esquina. El tiempo dirá –como dicen que dijo el
señor Rivadavia; el tiempo dirá si hay o no
conveniencia social en exponer a la vergüenza pública la
vergüenza de la borrachera". D. Ordoñana [44]
Las notas de
colaboradores intentaron combatir la campaña antialcohólica
a través de estadísticas de producción mundial,
a la vez que demostrar la extensión del consumo de vinos en
las clases "ricas de todos los países",
alertando sobre cambios necesarios a efectuar para su optimación.
Al respecto, el artículo firmado por P. Viala expresaba
que "en la actualidad, la producción del mundo
entero parece ser de 160 a 170 millones de hectolitros (...). No
obstante la ardiente campaña de las ligas que se han formado
para luchar contra el alcohol y que, bajo pretexto de alcoholismo han
englobado el vino con otras bebidas fermentadas, en todas partes
aumenta el consumo del vino. Se creía que la campaña
antialcohólica ejercería influencia desde el punto de
vista del consumo del vino; se ha creído especialmente que,
generalizando la proscripción, se llegaría a la
disminución progresiva del alcoholismo, pero su acción
ha sido insignificante, pues no sólo no ha ejercido efecto
desde el punto de vista del alcohol mismo, sino que, afortunadamente
para la higiene general, no ha dado resultado alguno real para la
proscripción del vino, que se quería confundir con
brebajes alcohólicos poco recomendables. El consumo del vino
aumenta, pues, no sólo entre las clases pobres, sino también
entre las clases ricas de la sociedad de todos los países". [45]
El seguimiento del
debate presentado muestra un escenario complejo, con intereses
diversos en su interna, que fueron además denunciados por
todos los involucrados. No sólo el cuerpo médico
presentó diferencias epistemológicas en torno al
consumo del vino y el problema del alcohol; también la clase
rural dirigente mostró públicos conflictos de
intereses, tal como surgen en algunos artículos de la
Revista de la Asociación Rural. En éstos se
destacó un claro interés de clase manifiesto en la
alerta de "salvar" a los trabajadores rurales del peligro
alcohólico, incluyendo el consumo de vinos, estrategia adversa
totalmente a la utilizada corrientemente por el sector vitivinícola:
"El doctor Lefebre, de la universidad de Louvain, ha dicho
que avanza más cada día una nueva barbarie, la barbarie
alcohólica. (...) Y el consumo aumenta en todas partes de una
manera alarmante. (...) Se ha calculado que en París cada
individuo bebe anualmente, por término medio, 205 litros de
vino, 57 litros de aguardiente, 60 litros de sidra y 11 de cerveza.
Hemos transcripto el precedente artículo para enseñanza
de la campaña, donde el alcohol hace no pocas víctimas.
Combatir tan grave mal es obra de elevado patriotismo". [46]
Algunos otros dan
cuenta de la prioridad en mantener el orden, en promover el trabajo,
y no repararon en proteger el difícil equilibrio que estaba
persiguiendo el sector vitivinícola en separar al consumidor
de vinos de otras bebidas destiladas; por ejemplo: "El niño
es perezoso, porque el trabajo de su desarrollo camina en primera
línea y necesita reposar con el sueño y distraerse con
el juego. En los viejos sucede otra cosa: la pereza es hija del
estado general de su organismo, gastado y sin fuerzas por trabajos
anteriores. (...) El que no trabaja tiene que sufrir infaliblemente
las consecuencias del vicio en general, por ser éste hijo
legítimo de la ociosidad. Estirpar (sic) la vagancia del
cuerpo social es cuestión dificilísima que muchos
gobiernos han intentado inútilmente. Algo se ha hecho, sin
embargo, para destruir la mendicidad; pocas son ya las poblaciones
cultas que permiten en sus calles este escarnio de su pobreza. El
juego y la bebida han encontrado también una ley represiva en
los códigos de casi todos los países. Más no se
ha tenido en cuenta que la mendicidad, la bebida, el juego y las
otras carcomas existentes en la sociedad, son casi siempre efectos y
no más que efectos de la haraganería". L.
Rodríguez [47]
La dificultad en encontrar discursos
alternativos que legitimaran el consumo de vinos fue resuelta con el
"levante" de notas desde otras latitudes, así como
citas a "expertos médicos extranjeros" que
reflexionaban sobre las propiedades y beneficios de su consumo
moderado. Por ejemplo, entre las "noticias varias",
aparecían los siguientes recuadros:
De nuestro apreciable colega el
Journal d´Hygiene tomamos el siguiente cuadro de la longevidad
comparada de los bebedores y de los que no lo son:
Probabilidad de vida para los
bebedores: a los veinte años, 15,6; a los treinta, 13,0; a los
cuarenta, 11,6; a los cincuenta, 10,8 y a los sesenta, 8,9.
Probabilidades de vida de los no
bebedores: a los veinte años, 44,2; a los treinta, 36,5; a los
cuarenta, 28,8; a los cincuenta, 21,25 y a los sesenta,
15,25. [48]
La Revista de la Asociación
Rural se sumó a la campaña que denunciaba los
males por el exceso del alcohol; si bien en el siguiente caso la
responsabilidad era atribuida al aguardiente, se advierte una
respuesta directa a los intereses de una clase que necesitaba mano de
obra eficiente:
"El
alcoholismo. Aforismos de higiene y de moral para nuestra campaña
- El alcohol no es un aperitivo.
- El alcohol no es un alimento.
- El alcohol es un veneno.
- El alcoholismo es el
envenenamiento crónico que resulta del uso permanente de las
bebidas espirituosas, aun cuando éstas no produzcan la
embriaguez.
- El "aperitivo" es la
portada del alcoholismo crónico.
- El uso de las bebidas
espirituosas debe proscribirse de las costumbres, en beneficio del
porvenir de la raza.
- La costumbre
de beber alcohol, conduce al desafecto de la familia, al olvido de
los deberes sociales, al disgusto por el trabajo, a la miseria, al
robo, al asesinato, al suicidio.
- El alcoholismo es causa de
muchas enfermedades: tuberculosis, parálisis, locura,
hidropesía; enfermedades del estómago, del hígado,
de los riñones, y agrava todas las enfermedades agudas: tifus,
paludismo, disentería, pulmonía, etcétera.
- El alcohol no aumenta la fuerza
muscular; al contrario, pasada la excitación artificial que
determina, viene la depresión nerviosa y la debilidad.
- Los hijos de los alcohólicos,
si no mueren niños, son más tarde escrofulosos,
epilépticos, idiotas, maniáticos, locos, criminales.
- El
alcoholismo es el cáncer social de nuestra época; sus
efectos se transmiten de generación en generación.
- De cada cien tuberculosos,
setenta y cinco son alcohólicos.
- El bebedor de aguardiente es
un suicida inconsciente y estúpido que se degrada y se
envilece antes de morir.
- El alcohólico es un ser
despreciable ante los ojos de la mujer, que ama en el hombre el
talento, la virtud, el valor y el poder, los grandes atributos que
hermosean el alma humana, no los vicios que la afean y la degradan.
- El alcohol es el enemigo
mortal del amor: el hombre alcoholizado es incapaz de amar.
- El alcoholismo es el más
degradante de los vicios y el más funesto.
- Ningún vicio coloca al
hombre en una situación de mayor inferioridad social que el
alcoholismo.
- El hombre ebrio, no es digno
de conmiseración ni de piedad: es un ser profundamente
despreciable por innoble.
- El bebedor de oficio se
convierte en un ente repugnante, por asqueroso y vil.
- El hombre ebrio es capaz de
todos los crímenes, porque la acción lenta del veneno
sobre su sistema nervioso central, lo embrutece hasta el punto de
perder toda noción de dignidad personal, de decoro social, de
respeto a sus semejantes, de honor y de virtud.
- Todos los buenos ciudadanos
deben luchar contra la propagación del vicio del alcohol, en
nombre de la salud del individuo, de la existencia de la familia y
del porvenir de la nación.
- La lucha antialcohólica
es obra de filantropía, de patriotismo y de suprema caridad.
- Es necesario interponernos
entre nuestro noble, honrado y laborioso pueblo y la botella de
aguardiente, que le ofrece un placer momentáneo, en cambio del
envilecimiento de su alma y de la pérdida fatal de su salud y
de su vida y de la de sus hijos.
- El alcohol no es necesario a
nadie.
- El alcohol es perjudicial a
todos.
- Es posible
vivir sano sin alcohol.
- Es
imposible vivir sano con alcohol.
- El abuso
del alcohol enferma el cuerpo y envilece el alma.
- La industria del alcohol
enriquece a muchos; pero el alcoholismo conduce al pueblo a la
degradación, a la miseria, a la enfermedad y a la muerte.
L. Razetti [49]
De todas formas, fue una construcción
compleja donde alternaron las preocupaciones de una clase que
manifestaba propiciar el trabajo, la virtud y el ahorro
por todos los medios con la publicación de notas que
utilizaban del saber médico en beneficio del consumo de vinos.
El núcleo central a resolver no fue cuestionar los peligros
sociales del alcoholismo, sino encontrar lo que se consideraba "la
justa medida" y su contrapartida: el exceso. El debate continuó
haciendo públicos los conflictos generados por los peligros
sociales del alcoholismo frente a los descubrimientos médicos
acerca de las propiedades tónicas de los vinos, propiciando
así modificaciones en los hábitos de algunos sectores
sociales a lo largo del período. Estos procesos fueron sin
duda influenciados por el desarrollo de las investigaciones
científicas, por una búsqueda de calidad en el producto
final como resultado de ensayos y adopción de técnicas
y tecnologías, por una creciente inserción del producto
en el mercado y por un cambio en la percepción de calidad del
mismo por los consumidores. Indudablemente, el tema vitivinícola
aparecía atravesado por las contradicciones de diversos
argumentos y temores que, en definitiva, concurrieron también
a debilitar el interés por el tema desde la revista de la
Asociación Rural del Uruguay.
Conclusiones
Independientemente de la evolución
que sufrió el tratamiento del tema vitivinícola por
parte de la Asociación Rural del Uruguay, es
innegable que ella cumplió un rol relevante en su fase de
implantación y difusión. El compromiso con esta
actividad desnuda la acción de una élite, entre cuyos
miembros destacaron hombres de origen inmigrante que alcanzaron
puestos de responsabilidad gremial o bien, como productores y
estudiosos, encontraron en la corporación un espacio para la
difusión de sus prácticas y logros. La obra de esta
dirigencia expresó el programa más avanzado de una
fracción de la élite que apostó a un modelo que
asociaba la modernización del agro –diversificación
productiva, mestización ganadera, agricultura, granja– y
la industrialización para el mercado interno.
Desde el Uruguay de las guerras
civiles y la década de pax pretoriana
de los
gobiernos militares (1875/1886), la Asociación Rural del
Uruguayvisualizó la agricultura y,
concretamente, la vitivinicultura, como una herramienta civilizadora
y afincamiento del hombre a la tierra. Si el planteo no interpretaba
el sentir de la élite en pleno, tampoco era una bandera
demagógica en la medida que buena parte de sus directivos y
muchos de los productores afiliados practicaron la viticultura y la
impulsaron con entusiasmo. El fin de las guerras civiles a partir de
1904 marca un progresivo decaimiento del tema en el programa
impulsado por la Rural y da cuenta, también, de la
recomposición y recambio operado a la interna de la élite
que la conducía. Cuando la crisis del 29 llegó al
Uruguay, el sector vitivinícola ya estaba definitivamente
consolidado y no era posible quitarle a la Asociación el
mérito de su obra.
NOTAS
Este
artículo se enmarca en el proyecto multidisciplinario
"Historia de la vitivinicultura uruguaya en el contexto
regional y sus raíces europeas (1870/2000)",
parcialmente financiado por la Comisión Sectorial de
Investigación Científica (CSIC) de la Universidad de la
República.
El
relevamiento del archivo de la Barraca del Pontón permite
seguir la evolución y posterior declive de los envíos
de esta importante casa comercial a distintos particulares
[productores agrarios, clientes urbanos] y firmas comerciales de
Entre Ríos. 
Archivo
Julio Caviglia. "Relación de los bienes inmuebles de las
sucesiones Buonaventura Caviglia y Blanca Bellini de Caviglia,
practicada en el inventario de esta última, en el año
1931, y a cuya época se refieren los valores establecidos",
hoja 8. Buonaventura Caviglia adquirió en Mercedes
(departamento de Soriano), un establecimiento rural –la
estancia "Santa Blanca"–, en el que instaló
varias agroindustrias. La estancia, con unas 3.600 has, contaba con
77 has de viñedo. Durante la primera década y media del
siglo XX, este empresario de origen italiano y su consuegro –el
vasco Teodoro Larrauri– constituyeron una sociedad comercial
para el envío de vinos al litoral argentino. Esta iniciativa
formó parte de un operativo más amplio en el que
también participó el escocés John Chaplin
(estanciero, comerciante de ganados finos, gerente de la sucursal del
Banco Inglés en Paysandú y luego del Banco Italiano en
esa misma ciudad). Chaplin y Caviglia integraron el staff
del Banco Italiano, donde trabaron amistad y financiaron los
operativos comerciales hacia la Argentina. 
José
Pedro Barrán y Benjamín Nahum, Historia rural del
Uruguay moderno. II: 1886/1894, Montevideo, 1971; José
Pedro Barrán y Benjamín Nahum, Historia rural del
Uruguay moderno. III: Recuperación y dependencia, 1895/1904,
Montevideo, 1973. 
Jules
Guyot, Culture de la vigne et vinification, Paris, 1861. 
Reginald
Lloyd, Impresiones de la República Oriental del Uruguay
en el siglo Veinte, Londres, 1912. 
Los
historiadores José Pedro Barrán y Benjamín Nahum
estiman que el "desempleo tecnológico" –resultado
de las transformaciones operadas en el medio rural, particularmente
el cercamiento de los campos, convirtió en excedentario parte
de los trabajadores. Alrededor de 40.000 personas (10%) de la
población rural fue expulsada de las estancias y constreñida
en los llamados "pueblos de ratas", que proveían de
brazos para las zafras ganaderas y, más tarde, agrícolas
[ver J. P. Barrán y B. Nahum Historia rural del Uruguay
moderno. Historia social de las revoluciones de 1897 y 1904,
Montevideo, 1971]. 
Belén
Baptista, "La temprana vitivinicultura en el Uruguay
(1875/1930): algunos indicadores de su desarrollo", ponencia
presentada al I Congreso de Historia de la Vitivinicultura Uruguaya
en el contexto regional (1870/1930), Montevideo, Septiembre 6/7 de
2001. 
Magdalena
Bertino, La agricultura en el Uruguay, 1911/1930,
Montevideo, 2000. 
Baptista,
"La temprana". 
Diversos
testimonios de los archivos de bodegas, así como la prensa,
reflejan la preocupación por la competencia irresistible de
los vinos mendocinos a los uruguayos. Así resulta de los
registros de correspondencia de Pablo Varzi y de Buonaventura
Caviglia, dos destacados empresarios del sector. 
Daniela
Bouret, "El vino en el 900: ¿salud o alcoholismo?
Estrategias para promover su consumo", ponencia presentada al I
Congreso de Historia de la Vitivinicultura Uruguaya en el contexto
regional (1870/1930), Montevideo, septiembre 6/7 de 2001. 
No es
fácil determinar el nivel de calidad de los vinos producidos
en Uruguay. Contrasta la nómina de premiaciones de varias
bodegas en las Exposiciones Internacionales del último cuarto
del XIX y primeras décadas del XX con los testimonios de la
prensa, las denuncias sobre adulteración de vinos y algunos
señalamientos realizados por A. N. Galanti. 
Esther
Ruiz, "Ingenieros y Estado: una relación imprescindible
en la formación del Uruguay moderno" [inédito]. 
Expresión
acuñada por los historiadores José Pedro Barrán
y Benjamín Nahum para designar al núcleo de
comerciantes que controlaban el comercio exterior. 
Población
de Montevideo y total del Uruguay 
|
AÑO
|
MONTEVIDEO
|
TODO
EL PAÍS
|
% CAPITAL
SOBRE
TOTAL
|
|
1882
|
164.000
|
505.000
|
32
|
| 1908
|
312.000
|
1:058.000
|
29
|
|
1930
|
655.000
|
1:903.000
|
34
|
Ver
Francisco Piria Las impresiones de un viajero en un país
de llorenes por Henry Patrick. Publicado por Francisco Piria por
orden de la empresa particular La Industrial, Montevideo,
Imprenta á vapor de El Ferrocarril, 1880. 
En este
último caso, es necesario enfatizar que por su formación,
ideas, experiencias, mentalidades, espíritu de empresa,
participaban de la matriz mediterránea de sus padres. 
Por
cierto que el estudio de algunas actividades "nuevas" como
la industria y la vitivinicultura desnudan vínculos y
negocios, cuestionando esa posible autonomía del Estado
uruguayo. 
El
seguimiento de algunos hombres de esta élite en diversos
desempeños corporativos y empresariales revela un pasado
liberal y, a veces, revolucionario que los obligó a emigrar de
las represiones desatadas en sus países de origen. Llegados al
Plata, se integraron a nucleamientos políticos de similar
tonalidad ideológica antes de devenir empresarios y participar
en organizaciones corporativas. De todas formas, en la mayoría
de los casos, su "nueva filosofía" conservadora
admitía ciertos matices de un pensamiento más abierto y
liberal. 
Un caso
claramente representativo es el de Buonaventura Caviglia: propietario
de una de las más importantes fábricas de muebles del
país, era importador de bienes suntuarios para el alhajamiento
de las residencias privadas; invirtió en fincas urbanas y
diversos negocios inmobiliarios; integró el elenco rector del
Banco Italiano dell'Uruguay desde su fundación; invirtió
en una estancia (unas 3.600 has), donde dedicó más de
70 has a viñedo. 
Alcides
Beretta Curi, "El desarrollo de la temprana vitivinicultura en
el Uruguay: un atractivo camino para la diversificación
empresarial (1870/1930)", en Alcides Beretta Curi (ed.), De
hombres y de vinos, Montevideo [en prensa]. 
Presencia
de industriales en el viñedo uruguayo 
|
NOMBRE
|
LOCALIDAD
|
EXTENSIÓN
(has)
|
ACTIVIDAD
|
|
Aquiles
Ferriolo
|
Colón
|
13
|
Tabacalero
|
|
José
Salgueiro
|
Rincón
del Cerro
|
5
|
Tabacalero
(*)
|
|
José
Campomar
|
Cuchilla
Pereira
|
52
|
Industria
textil (*)
|
|
Angel
Salvo
|
Pantanoso
|
23
|
Industria
textil (*)
|
|
Francisco
Ameglio
|
Cuchilla
Piñeirúa
|
6
|
Fábrica
de bebidas (*)
|
|
Buonaventura
Caviglia
|
Mercedes
|
77
|
Fábrica
de muebles (*) |
|
Luigi
Podestá
|
Canelones
|
25
(¿?)
|
Molinero
(*)
|
|
Antonio
Raffo
|
Pando
|
15
|
Molinero
(*)
|
|
Hnos.
Periano
|
Melilla
y Paso Molino
|
84
|
Molinero
(*)
|
|
Antonio
Barreiro y Ramos
|
Pantanoso
|
9
|
Imprenta
|
|
Gustavo
Herten
|
Las
Piedras
|
48
|
Imprenta
|
|
Francisco
Piria
|
Maldonado
|
250
|
Rematador
(*)
|
|
Pablo
Varzi
|
Colón
|
30
|
Contratista
del Estado, taller de uniformes militares
|
(*)
Empresarios diversificados
FUENTE:
Archivo y base de datos de los autores
La
investigación que desarrolla el Lic. Daniele Bonfanti, en el
marco de este proyecto, revela la práctica de la
vitivinicultura durante la colonia y primeros años de
independencia en el departamento de Canelones, de forma limitada. 
Alcides
Beretta Curi y Elena Beyhaut, "Pioneros, conocimientos y
experiencias en los inicios del sector vitivinícola uruguayo
(1870/1890): un abordaje interdisciplinario a propósito de Dn
Francisco Vidiella", ponencia presentada al I Congreso de
Historia de la Vitivinicultura Uruguaya en el contexto regional
(1870/1930)", Montevideo, septiembre 6/7 de 2001. 
Alcides
Beretta Curi y Elena Beyhaut, "Pioneros". 
La ley de
aduanas de agosto de 1875 contempló la situación de los
vinos, gravando con un 10% –además de los impuestos
ordinarios y adicionales– su importación general y con
un 20% los embotellados o en cascos menores de una bordalesa [Matías
Alonso Criado Colección legislativa de la República
Oriental del Uruguay, Montevideo, 1878, Tomo IV, 303-308]. No
deja de llamar la atención lo temprano de la medida, cuando la
vitivinicultura estaba aún en su fase experimental, por lo que
debemos interpretarla en el espíritu que animó su
sanción: una urgida preocupación fiscalista por parte
de un Estado, asfixiado por obligaciones en el contexto de la crisis
de 1873, que se presentó localmente en su fase más
dramática en 1875, el llamado "año terrible".
En 1885 se creó una Oficina de Análisis, dependiente de
la Dirección de Aduanas, que prohibió la fabricación
de vinos artificiales [Raúl Jacob, Breve historia de la
industria en el Uruguay, Montevideo, 1981, 49]. Luego de un
breve retorno liberal en materia de comercio exterior, el 13 de julio
de 1886 fue sancionada una nueva ley que gravó la importación
de vinos con un arancel del 47% [Matías Alonso Criado, ob.
cit., Montevideo, 1886, Tomo X, 226-230]. Importa señalar
que en la sanción de esta ley, el Informe de la Comisión
de Hacienda de la Cámara de Representantes elaboró una
fundamentación proteccionista entre cuyos firmantes se
encontraban Domingo Lamas –especializado en temas de economía
y asesor económico y financiero de varios ministros de
hacienda de Argentina y Uruguay [Raúl Jacob, ob. cit.,
50]– y los legisladores Turenne y Varzi, con antecedentes como
industriales y de significativa presencia en la fase inicial de la
vitivinicultura uruguaya. Una nueva ley, del 4 de enero de 1888,
acentuó las medidas proteccionistas, fijando un arancel común
del 31% para todas las importaciones, estableciendo valores mayores,
menores y exenciones en función de la competencia o de los
requerimientos de insumos por parte de las industrias nacionales y el
agro. En particular, los vinos fueron gravados con un derecho de $
0,05 los comunes españoles y de $ 0,23 los vinos finos. Las
leyes posteriores, de las que la más importante por su alcance
general fue la sancionada el 23 de marzo de 1912, acentuaron las
medidas protectoras a la industria nacional, entre ellas las
vinculadas a la elaboración de vinos. La ley de 1888 generó
un espacio favorable a los vinos nacionales y después de la
crisis de 1890 se avanzó rápidamente en el proceso de
sustitución de importaciones [Julio Millot y Magdalena
Bertino, ob. cit., Tomo 2, 265-266]. La producción
nacional creció de 2,7 millones de litros en 1892 a 10,5 en
1904 y a 17 millones en 1910. En 1916, la elaboración de vino
nacional registraba 20,5 millones de litros. La década de 1920
advertiría la saturación del mercado y la denuncia por
los productores de un stock acumulado sin salida:
efectivamente, en 1925 la producción superaba los 32 millones
de litros con una acumulación de 10 millones sin salida
[Bodega de la Sociedad Cooperativa Regional de Viticultores, Vino
regional, Montevideo, s/f]. 
Estela de
Frutos y Alcides Beretta, ob. cit., 209. 
Raúl
Jacob, Banca e industria, un puente inconcluso,
Montevideo, 1981. 
Raúl
Jacob, Breve historia de la industria en el Uruguay,
Montevideo, 1981. 
ARU,
Biblioteca de la Asociación Rural del Uruguay. Indice
alfabético por temas, Montevideo, 1972. 
Plaga
producida por un insecto que significó la destrucción
de los viñedos en gran parte de Europa y América, y en
Uruguay fue reconocida oficialmente como tal en 1893, aunque las
correspondencias y artículos den cuenta de que el proceso fue
un tanto anterior y se extendió hasta la década de
1910. La solución empleada llegó a mediados de la
década de 1890, cuando la reconversión de viñedos
fue realizada a través del método de injerto de pie
americano. 
A lo
largo del período se transcriben diversos proyectos de ley
contra estos vinos, que tendrán luz pública en la Ley
del 17 de julio de 1903. 
Esto, a
su vez, supone un debate sobre los peligros sociales del alcoholismo,
los límites del consumo y los hábitos culturales
(discursos médicos, pedagógicos y legislativos),
tratados en otro artículo. 
Debate
sobre el proyecto de Diego Pons, fundamentalmente a cargo de Teodoro
Álvarez. Ver R..A..R.., 15 de junio de 1899, 11. 
El primer
Congreso de Viticultura fue realizado el 20 de abril de 1900. La
presidencia fue ejercida por Luis Lerena Lenguas y los
vicepresidentes fueron Pablo Varzi y Manuel Lessa. 
R..A.R..,
15 de septiembre de 1875. 
R..A.R..,
16 de mayo de 1887, 183. 
R..A.R..,
1 de julio de 1876, 237. 
R..A.R..,
30 de julio de 1880, Art. De Francisco Vidiella, 358. 
J. P.
Barran, "Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos",
T. 3, 'La invención del cuerpo', Montevideo, 1999, 18. 
Al
respecto ver publicaciones como El Lazo Blanco de la Liga
Nacional contra el Alcoholismo, la revista Higiene y Salud
dirigida por Antonio Valeta, así como diversas publicaciones
médicas y naturistas de la época. 
El
ejemplo de Europa fue también una constante que José
Del Pozo descalifica como argumento. Para este autor, Francia también
tenía los mismos problemas de alcoholismo, evidenciado en la
misma época en denuncias, campañas nacionales y ligas
contra el alcoholismo que en 1912 reunía a 100.000 personas.
Gilbert Garrier, Histoire sociale et culturelle du vin,
Paris, 1995, 185–290; José Del Pozo, en "Historia
del vino chileno", op. cit., 173. 
R..A.R..,
15 de diciembre de 1876, 408. 
R..A.R..,
15 de julio de 1882, 398. 
R..A.R..,
15 de marzo de 1903, 117. [No se encontró la continuación
de esta nota en los números siguientes de la revista.] 
R..A.R..,
1 de enero de 1908, 33. 
R..A.R..,
31 de marzo de 1882, 168. 
R..A.R..,
30 de junio de 1885, 378. 
R..A.R..,
1 de agosto de 1908, 441. 
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