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RAFAEL DE ESPAÑA:
Badajoz:
Departamento de Publicaciones de la Diputación Provincial,
2002.
Rafael de España es un médico,
al que su pasión por el cine ha llevado a doctorarse en
Historia en la Universidad de Barcelona. Es también un
prolífico historiador, que acaba de publicar: El cine de
Goebbels (2000) y Breve historia del Western mediterráneo
- La recreación europea de un mito norteamericano (2002).
Las sombras del encuentro es
una versión elaborada de su tesis doctoral. Los capítulos
presentan una revisión de casi todo texto fílmico
español, iberoamericano, hollywoodense y europeo existentes
sobre Cristóbal Colón, la Conquista, la Colonia y la
Independencia, precedida por una introducción en la que se
exponen ideas centrales para comprender las relaciones entre la
imagen de la historia y las circunstancias en que las películas
fueron producidas, y seguida de conclusiones muy sintéticas
con relación a la amplitud del trabajo.
El autor especifica las condiciones
sociales nacionales que influyeron en los productos finalmente
proyectados en las salas de cine. Así describe cómo la
filmografía histórica colonial del período
franquista ignora, salvo contados textos, la época de
expansión y crecimiento exaltada por la historiografía
y el aparato educativo, que va de los Reyes Católicos a Felipe
II. El cine histórico español parece concentrarse en
las épocas menos gloriosas y desdeñar figuras
históricas centrales, fenómeno que atribuye al
desmoronamiento de las ilusiones imperiales del régimen
franquista cuando Estados Unidos entró a combatir en la
Segunda Guerra Mundial y, luego, durante la posguerra. El interés
de contrarrestar influencias anglosajonas en América Latina
exigía evitar resabios neoimperialistas; las autoridades
comprendían lo difícil que era reconstruir el pasado
común con las antiguas colonias sin despertar rencores
históricamente arraigados (pp. 21-22).
El cine español de la
Democracia enfocó mayormente sobre el pasado cercano,
reaccionando contra los valores que el franquismo había
consagrado: el ejército, la religión, el capital. La
historia de América no había sido un tema importante en
el cine fomentado y controlado por el régimen, por lo tanto no
exacerbaba los ánimos de los cineastas opositores y no
alentaba su trato fílmico ante la carestía de
presupuestos. La paradoja quedó en claro ante el apoyo
financiero a producciones extranjeras sobre el viaje de Colón
con vistas al quinto centenario, mientras casi ninguna película
española trató el asunto (p. 29).
El cine histórico
latinoamericano enfocó principalmente en la Conquista y la
Independencia, destacándose el primer tema en el cine de
Méjico, donde el mestizaje es un aspecto fundamental de la
identidad, mientras que el cine de Argentina, donde la vida colonial
no fue esplendorosa ni la mezcla racial efectiva, prefirió
concentrarse en el segundo tema (p. 31). Los contenidos ideológicos
fueron evolucionando. El pasado colonial fue pintado en los años
treinta según esquemas narrativos románticos copiados
de Hollywood. La Independencia tomó preponderancia en la
década de los cuarenta, siempre en perspectiva conservadora,
que resaltó las biografías de los héroes. Los
conflictos sociales y económicos quedaron ocultos tras "un
vistoso escaparate de discursos y batallas" (pp. 34-35).
Paradójicamente, estas cintas evitan la crítica a la
antigua metrópoli, fenómeno atribuido a la presencia de
exilados republicanos en las industrias cinematográficas
latinoamericanas y al casi siempre frustrado intento de distribuir
las películas en el mercado español (p. 35).
Los filmes de los sesenta presentan
un giro atribuido a la Revolución Cubana y a la influencia del
Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, creado
poco tiempo después de la entrada de Fidel Castro al palacio
presidencial. Las películas históricas cubanas se
centraron en las luchas por la libertad iniciadas en 1868 y la
reivindicación del aporte afroamericano a la cultura y la
identidad cubanas. El énfasis sobre 1868 expresa el repudio de
la ideología oficial a la intervención imperialista
yanqui en 1898.
Durante los setenta se hicieron en
Perú, Colombia y Nicaragua películas financiadas por el
ICAIC. La influencia cubana y la intervención estatal en la
economía durante el sexenio del presidente Luis Echeverría
(1971-1976) produjeron un ciclo histórico virado hacia el
nacionalismo progresista en el cine mejicano, abruptamente liquidado
por su sucesor. En cambio, el cine argentino de los setenta demostró
una visión tradicional centrada en lo biográfico. En
años posteriores, la producción latinoamericana se ha
decantado hacia versiones más contestatarias de la historia
(pp. 37-38).
El cine norteamericano y europeo
demuestra generalmente cierto desprecio e ignorancia por las
historias de los pueblos iberoamericanos, cuyas imágenes
fueron adaptadas a lo que las industrias del cine consideran de
interés para sus conciudadanos y preferentemente basadas en
obras literarias de prestigio. El enfoque refleja frecuentemente los
residuos de la "leyenda negra" sobre las características
de la conquista ibérica, sentimiento anti-español de
cuya aparición el régimen de Franco no fue el único
responsable, pero que sí contribuyó a preservar.
Las conclusiones explican que la
producción que refleja la historia de las relaciones
hispano-americanas se limita a unas 200 películas, escasez que
el autor atribuye al dominio de las empresas de Hollywood sobre el
mercado mundial de la exhibición y a la visión
prejuiciosa y despectiva de la cultura norteamericana sobre sus
vecinos del sur. Los elementos históricos en las películas
reflejan la evolución de mentalidades sociales y son una útil
herramienta pedagógica.
Cada capítulo presenta
análisis de numerosos filmes, relacionados en forma somera al
contexto histórico de la producción y la exhibición,
limitándose a una descripción narrativa y algunas
apreciaciones estéticas generales y personales. Difícil
exigir más de una obra que cubre cientos de películas y
casi cien años de historia. La concepción del libro es
enciclopedista, proveyendo sobre cada película mencionada
datos técnicos y la historia de su producción, a veces
más interesantes que el filme mismo.
Las sombras del encuentro
constituye una base útil para futuros estudios en el dinámico
campo interdisciplinario del Cine-Historia. Los lectores no
encontrarán en el libro profundas elaboraciones teóricas.
La perspectiva es ecléctica y no explícita, lo que no
oscurece la idea central que considera al filme como un testimonio de
los discursos sociales y los conflictos políticos del tiempo
de su producción.
Algunas deficiencias que resaltan son
posiblemente atribuibles a no ser producto de una editorial
académica, otras a decisiones conceptuales, como el "olvido"
de la filmografía política de los sesenta-setenta, que
si bien no presenta películas completas sobre el tema central
del libro, contiene abundantes alusiones al pasado colonial en su
crítica de la situación neo-colonial. La perspectiva
histórica sobre la evolución del significado ideológico
de los filmes no es aplicada en forma profunda y pareja,
probablemente por el interés de abarcar tanto en un único
libro. El texto está viciado por la emisión esporádica
de juicios personales polémicos, que no aportan argumentos
sólidos ni refuerzan su solvencia, como por ejemplo atribuir a
los filmes de Carlos Saura una concepción de España
forjada por una francofilia que ve en el franquismo un chivo
expiatorio ideal (p. 167). Falta un índice de temas y títulos
de películas que ayude a ubicar en forma precisa y rápida
referencias exactas a lo largo de sus 617 páginas.
El autor advierte en el prólogo
la perspectiva crítica y la inexorable subjetividad, de modo
que una lectura ecuánime y paciente logrará obtener
resultados productivos de este ameno libro.
Tzvi Tal Universidad de Tel Aviv
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